Mundo Judío

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Eliezer, el Emisario Supremo - Destino Judío - Cómo Llegar - La Circuncisión

 

 

 

 

 

                                      

 

 

 

 

 

 

 

 

No. 333

Horario de velas  en Montevideo 

14 de noviembre  18.43

Jaie Sara

                                                                                        

ELIEZER, EL EMISARIO SUPREMO

Por Menachem Feldman

En todo el Génesis, ¿con qué personaje nos identificamos más? No es ninguno de nuestros tres Patriarcas ni cuatro Matriarcas, ni ninguno de sus hijos o parientes. Ese personaje, en quien vemos reflejada nuestra propia historia, no es otro que el héroe de la porción de la Torá de esta semana: Eliezer, el siervo de Abraham.

Los Patriarcas y Matriarcas son más que los fundadores de nuestro pueblo. Según las enseñanzas cabalísticas, el alma de cada judío comprende las cualidades y atributos que ellos encarnan.

Sin embargo, a menudo nos resulta difícil identificarnos con nuestros Patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob. El Midrash nos enseña que “los Patriarcas son verdaderamente una carroza [divina]”; así como una carroza no tiene voluntad propia y es solo un vehículo para el conductor, así también los Patriarcas sirvieron como vehículo únicamente para la voluntad divina.

Si bien nuestra alma posee amor, atributo de Abraham; disciplina, atributo de Isaac; y compasión, atributo de Jacob, también nos aferramos a nuestras propias aspiraciones. Navegamos por la vida y queremos saber “qué gano yo con esto”. No siempre nos identificamos con la “carroza” de nuestra historia, con aquellos hombres y mujeres que se veían a sí mismos exclusivamente como vehículos de la voluntad divina.

Aquí entra Eliezer.

Eliezer era el siervo de Abraham, enviado a una tierra lejana para encontrar una esposa para Isaac. A Eliezer se le encomendó facilitar el matrimonio que daría origen al pueblo judío. Su trabajo consistía en propiciar la unión del cielo y la tierra.

El mismo Eliezer tenía sentimientos encontrados respecto a su misión. Por un lado, comprendía la importancia de cumplir la petición de Abraham de encontrar una esposa para Isaac de entre su familia, pero por otro, sentía cierta resistencia psicológica al éxito de la misión. Según el Midrash, Eliezer esperaba que su propia hija fuera quien se casara con Isaac; por lo tanto, el éxito de su misión significaba el fin de su aspiración personal.

Antes de emprender su misión, Eliezer le dijo a Abraham: “¿Quizás la mujer no me siga?”. Rashi señala que había un significado más profundo en esta pregunta aparentemente inocente:

“¿Quizás la mujer no me siga?”: La palabra ulai (quizás) está escrita [sin vav y puede leerse] elai (para mí). Eliezer tenía una hija y buscaba un pretexto para que Abraham le dijera que se diriga a su hija (para casarse con Isaac). (Rashi sobre Bereshit 24:39)

Eliezer no era un hijo capaz de someterse por completo a sus padres. Era una persona independiente, un emisario, un individuo con personalidad, perspectiva y objetivos propios. Sin embargo, fue precisamente Eliezer, a pesar de sus dudas sobre la misión, quien logró concertar el matrimonio. Fue él quien, confiando en su propia iniciativa, creatividad y criterio, resultó fundamental para la unión que perpetuaría el legado de Abraham para todas las generaciones futuras.

Si el propósito de la creación es unir el espíritu y la materia, entonces ese propósito debe ser llevado a cabo por personas como tú y como yo, que, al igual que Eliezer, poseemos ambos opuestos en nuestro interior. Al combinar nuestra propia identidad y perspectiva con la voluntad divina, podemos usar nuestros dones, talentos y singularidad para realizar la visión del Creador. Solo cuando las dos partes diametralmente opuestas de nosotros mismos, la voz de Abraham y la voz de nuestra propia individualidad, colaboran para lograr un objetivo común, somos capaces de unir nuestro “cielo” y “tierra” internos, cumpliendo así el propósito de la creación.

DESTINO JUDÍO

[Abraham le dijo a los Hititas] “Permítanme [comprar] un lugar de entierro entre ustedes” (Bereshit 23:4)

La Cueva de Majpelá es el lugar donde están enterrados Adán y Eva, los primeros seres humanos; y como tal, originalmente le pertenecía a toda la humanidad. Al comprarla, Abraham expresó la intención de Di-s que la misión dada originalmente a la humanidad como un todo ahora pasara al pueblo judío.

Al aceptar esta tarea, esencialmente el pueblo judío se estaba separando del resto de la humanidad y asumiendo el rol de sus guías espirituales. Es nuestro desafío reconocer este destino también hoy.

Likutei Sijot, vol. 15, págs. 145-154; vol. 5, págs. 338-344; Sefer HaSijot 5748, vol. 1, págs. 85-89.

Génesis (Bereshit) 23:1 – 25:18

El nombre de la quinta sección del libro de Génesis se toma de sus primeras palabras, “La Vida de Sara” (Jaiei Sara en Hebreo), y comienza con la muerte y entierro de Sara. Luego seguimos al sirviente de Abraham, Eliezer, cuando compromete en matrimonio a la sobrina nieta de Abraham, Rebeca, para el hijo de Abraham, Isaac. Este relato es seguido por el matrimonio de Isaac y Rebeca y las últimas etapas de la vida de Abraham: su nuevo casamiento con Hagar, su muerte, y el alejamiento de su hijo Ismael de su familia y su misión Divina.

CÓMO LLEGAR

Por Yanki Tauber

Un día, un visitante llegó a la casa del rabino DovBer, el Maggid de Mezritch. El visitante era un viejo amigo del rabino DovBer, con quien había estudiado en su juventud. Observó con gran interés el comportamiento de su antiguo compañero de estudios, quien se había convertido en seguidor del fundador del jasidismo, el rabino Israel Baal Shem Tov, y había asumido el liderazgo de la comunidad jasídica tras el fallecimiento de éste.

Al visitante le impresionó especialmente la cantidad de tiempo que el maestro jasídico dedicaba a sus oraciones. Él mismo conocía bien la oración reflexiva: cuando él y el rabino DovBer habían estudiado juntos, habían profundizado en las enseñanzas místicas de los cabalistas y oraban con las meditaciones prescritas, o kavanot, descritas en los escritos de la Cábala. Pero nunca antes había dedicado tantas horas a la oración.

- “No lo entiendo”, le dijo al rabino DovBer. “Yo también rezo con todas las kavanot de los místicos. Aun así, mis oraciones no me llevan ni de lejos tanto tiempo como las tuyas.”

El visitante del rabino DovBer era un erudito entregado. Su esposa dirigía el negocio familiar para que él pudiera dedicarse por completo al estudio de la Torá. Solo una vez al año se veía obligado a interrumpir sus estudios durante unas semanas: su esposa le daba una lista de la mercancía que necesitaba y él viajaba a la feria de Leipzig para negociar.

- “Escucha”, dijo el rabino DovBer a su visitante, “tengo una idea. ¿Por qué desperdiciar semanas tan valiosas de estudio cada año? Este año, quédate en casa. Visualiza el viaje a Leipzig: imagina cada estación, cada cruce de caminos, cada posada. Luego, imagina que estás en la feria, recorriendo los puestos. Recuerda a los comerciantes con los que tratas, recrea el regateo habitual. Ahora, carga tus compras imaginarias en tu carreta imaginaria y emprende el viaje de regreso. Toda la operación no debería llevarte más de un par de horas, ¡y luego podrás volver a tus queridos libros!”

- “Eso está muy bien”, respondió el amigo del rabino DovBer, “pero queda un pequeño problema: necesito la mercancía.”

- “Lo mismo ocurre con la oración y sus kavanot”, dijo el rabino DovBer. “Visualizar un atributo particular de D-os en la sección prescrita de las oraciones, o referirse a un cierto matiz de emoción en tu corazón en un pasaje particular, está muy bien. Pero verás, yo necesito la mercancía…”

LA CIRCUNCISIÓN

El judío está comprometido por un pacto que tiene grabado muy por debajo de su ser consciente, e incluso, en su carne misma: un lazo eterno que D-os estableció con su padre Abraham. Mucho antes de que el judío tuviera conciencia de sí, sus padres lo hicieron entrar a este pacto cuando se le practicó la circuncisión.

El brit (pacto de la circuncisión) debe ser llevado a cabo por un mohel experto y observante de la Torá. Varios días después del nacimiento, el mohel inspecciona al recién nacido para verificar su estado de salud. Si todo está bien, el brit debe llevarse a cabo el octavo día de vida del bebé, durante cualquiera de las horas diurnas, y cuanto antes, mejor. De otro modo, el brit debe ser pospuesto.

• Recuerda que la fecha judía se inicia y culmina al anochecer. Consulta con un rabino si el niño nació entre la puesta del sol y el anochecer.

• El brit se lleva a cabo incluso en Shabat, festividades y ayunos, a menos que el brit haya sido pospuesto o si el niño nació por cesárea.

• ¿A ti no te practicaron la circuncisión en la infancia? Nunca es demasiado tarde. Hay moheles especialmente entrenados para circuncidar a adultos (con anestesia).

La Ceremonia

El brit es un acontecimiento festivo. Se acostumbra no invitar a la gente, sino informarles el lugar y la hora en que se realizará la ceremonia. Se trae al bebé y se lo coloca en la “silla del profeta Elías”, quien, según la tradición, asiste a cada brit.

El mohel recita la bendición y le practica la circuncisión al bebé, que está acostado en el regazo del sandak (que se considera un honor de gran prestigio). Entonces el padre recita su propia bendición, agradeciéndole a D-os por esta mitzvá tan especial. A continuación, se recita una plegaria en la que se anuncia el nombre judío del bebé. Y finalmente, a la mejor usanza judía, todos los presentes participan de una comida.

Más información:

• La noche del viernes después del nacimiento del bebé, se realiza una celebración especial denominada shalom zajar.

• Existe la tradición de que el padre del bebé se quede despierto toda la noche anterior al brit, estudiando la Torá y recitando pasajes selectos del Zohar.

• La ciencia médica ha demostrado que la circuncisión es sumamente eficaz para la prevención de muchas enfermedades.

VIVIENDO MASHIAJ

Por Lazer Gurkow y Aharon Loschak

BAR / BAT MITZVÁ

Cuando un niño judío llega a la edad de bar o bat mitzvá, el o ella queda obligado a cumplir todas las mitzvot. Sin embargo en el exilio sólo podemos cumplir 270 de las 613 mitzvot. Es más, una mitzvá, la mitzvá final de arei miklat (ciudad de refugio), nunca fue cumplida, y sólo será observada por primera vez cuando venga Mashiaj. Esto significa que el máximo bar o bat mitzvá de cada judío ocurrirá cuando venga Mashiaj.

La próxima vez que asistas a un bar o bat mitzvá, imagínalo como una degustación de la gran celebración de bar/bat mitzvá que nos espera cuando llegue la Redención.

 

 

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