Mundo Judío

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Sigue Riendo - El Uso del Engaño - Palabras Sabias que Salvaron una Vida - Pidión Haben

 

 

 

 

 

                                      

 

 

 

 

 

 

 

 

No. 334

Horario de velas  en Montevideo 

21de noviembre  19.16

Parashá: Toldot

                                                                                        

SIGUE RIENDO

Por Menachem Feldman

Es un nombre extraño para un niño. El hijo de Abraham y Sara, el primer niño nacido en una familia judía, se llamaba Yitzjak, o Isaac, que significa “risa”. ¿Por qué Abraham y Sara elegirían el nombre “risa” para su hijo, destinado a ser una persona profundamente espiritual y un patriarca del pueblo judío?

El nombre Isaac resulta aún más irónico si consideramos que la naturaleza y el carácter de Isaac parecen ser la antítesis de la risa y la alegría. Mientras que Abraham era un extrovertido sociable, Isaac era reservado; mientras que Abraham es caracterizado en la Torá como un amante de D-os, Isaac es caracterizado por su reverencia hacia Él. Mientras que Abraham representa la bondad y la generosidad, Isaac encarna la fuerza y ​​la disciplina. El nombre Isaac parece incongruente con su identidad y su camino espiritual.

Pero, ¿de dónde proviene la risa? Una persona puede sentirse feliz por alguna buena noticia en su vida, pero para que la felicidad rebose de su corazón y se exprese en risa, debe experimentar una alegría mayor de la esperada. La felicidad se convierte en risa cuando el acontecimiento gozoso supera todas las expectativas, cuando uno se enfrenta a lo impredecible.

La Torá describe la reacción de Sara al nacimiento de su hijo: "Y Sara dijo: 'D-os me ha hecho feliz; todo el que lo oiga se alegrará por mí'. Y añadió: '¿Quién le habría dicho a Abraham que Sara amamantaría hijos? ¡Pues he dado a luz un hijo hasta su vejez!'" (Bereshit 21:6-7)

El nacimiento de un hijo en la vejez de Sara fue más que un simple acontecimiento feliz; fue un acontecimiento que desafió todas las expectativas. Cada vez que Sara sostenía a su hijo en brazos, la inundaba una alegría desbordante; de ​​ahí el nombre Isaac, que significa “risa”.

Sara sabía que, así como su nacimiento fue inesperado, Isaac engendraría un pueblo cuyo destino desafiaría predicciones y expectativas. Su mera supervivencia sería un milagro. Sara comprendía que, si bien Isaac quizá no fuera el patriarca más carismático, poseería la capacidad de generar una transformación impredecible al encontrar bondad en los lugares más insospechados.

De hecho, este fue un tema central en la vida de Isaac. Si bien la Torá nos dice muy poco sobre su vida, sí profundiza en su éxito como cavador de pozos. Los cabalistas explican que los pozos de Isaac representan una ruptura con el enfoque de su padre Abraham. Abraham influía en la gente “llevándoles el agua”. Abraham era un maestro excepcional y un comunicador carismático. Colmaba de amor a sus oyentes y, con la fuerza de su carácter, los impulsaba a dejarse influir por su mensaje de D-os y moralidad. Isaac, por el contrario, no les llevaba agua. En cambio, les ayudaba a encontrar la fuente de la divinidad en su interior. Abraham enseñaba compartiendo e iluminando; Isaac, en cambio, demostraba disciplina. Empoderaba al estudiante para que creyera en su propia capacidad de indagar en su interior, de superar las barreras psicológicas y descubrir la verdad por sí mismo.

Por eso Isaac amaba a Esaú. Esaú era el niño que parecía completamente desinteresado en las ideas de su padre y su abuelo. Amaba la emoción de la caza más que el entusiasmo por las ideas. Aparentemente, se encontraba en un desierto espiritual. Sin embargo, Isaac comprendía que toda criatura posee una chispa interior, que cada niño tiene un depósito de agua pura en su interior. La labor del padre y del educador es cavar el pozo, remover la suciedad y descubrir el agua.

Así, Isaac personificaba la alegría. Isaac dominaba el arte de ver lo bueno en lugares inesperados. Tenía la capacidad de extraer la santidad que yacía en el corazón de cada persona y en el alma de cada actividad.

Como hijos de nuestros Patriarcas y Matriarcas, somos herederos de las cualidades y características que ellos encarnaron. De Isaac heredamos la capacidad de sentir alegría ante grandes desafíos. De Isaac aprendemos a esperar lo inesperado, a creer en nosotros mismos y en quienes nos rodean. De Isaac heredamos el poder de generar risa, de descubrir la verdad más profunda de la realidad, esa que no siempre es evidente a simple vista. De Isaac aprendemos a indagar más allá de la superficie y encontrar la santidad en cada persona y la bondad en cada experiencia.

EL USO DEL ENGAÑO

[Isaac le dijo a Esaú] “Tu hermano vino con astucia y tomó tu bendición.” (Bereshit 27:35)

Las bendiciones que Isaac le otorgó a Jacob eran para prosperidad material. El hecho que Jacob obtuvo esas bendiciones a través de la astucia nos enseña cómo debemos ocuparnos de nuestras propias actividades materiales. Cuando comemos o hacemos negocios, por ejemplo, podemos parecer como que estamos sirviendo a nuestras propias necesidades físicas, en forma similar a Esaú el materialista. Pero detrás de esta fachada, debemos en realidad pensar como Jacob: nuestros verdaderos propósitos deben ser espirituales: Debemos comer para tener la fortaleza para hacer buenas acciones, estudiar la Torá, y cumplir con los mandamientos. Debemos ganarnos nuestro sustento para tener los medios financieros con los cuales hacer todas esas cosas, y así sucesivamente. Este es el tipo de “duplicidad” que debemos emplear en nuestras interacciones con el mundo material.

Likutei Sijot, vol. 3, pág. 796.

 

Génesis (Bereshit) 25:19 – 28:9

La sexta sección del libro de Génesis describe la historia (Toldot, en Hebreo) de Isaac y sus hijos, el justo Jacob y el malvado Esaú. Comienza relatando sus nacimientos, que vaticinan su futuro conflicto. Esaú, el primogénito, le vende su primogenitura a Jacob. La narrativa luego sigue a Isaac en Filistea, enfocándose en el proyecto de cavar pozos. Luego vemos a Esaú casarse. Poco después, Rebeca toma la iniciativa de engañar a Isaac para que le conceda a Jacob sus bendiciones. Luego de darse cuenta que Rebeca estaba en lo correcto, Isaac envía a Jacob a Aram para que se case con la hija de uno de sus parientes.

SABIAS PALABRAS QUE SALVARON UNA VIDA

Por Mendy Wineberg

El rabino Moshe Sofer (Schreiber), conocido como el Jatam Sofer, fue uno de los rabinos más influyentes de los últimos tres siglos.

De joven, mientras estudiaba en la ciudad de Maguncia, conoció a un príncipe. Los dos brillantes eruditos pasaban mucho tiempo conversando, y el joven aristócrata disfrutaba especialmente escuchando las ingeniosas reflexiones de su amigo sobre la Torá.

Pasaron los años y el rabino Sofer fue elegido rabino jefe de la populosa ciudad de Pressburg (hoy Bratislava, Eslovaquia). El príncipe, mientras tanto, había alcanzado un alto rango en el ejército francés.

Francia estaba inmersa en una dura guerra con sus vecinos, y el ejército buscaba constantemente a traidores que revelaran secretos franceses o ayudaran al enemigo de alguna otra manera.

Casualmente, un judío francés inocente fue sospechoso de suministrar municiones al enemigo y fue condenado a muerte. En un intento por salvar al hombre inocente de su injusto destino, el rabino Sofer se dispuso a interceder ante su viejo amigo.

Aunque el general se alegró de ver a su amigo de juventud, la petición del rabino no lo conmovió. 

- “Estamos en guerra”, argumentó el general, “y se están perdiendo tantas vidas. ¿Por qué debería invertir mi energía en salvar la vida de un individuo, que de hecho podría ser un traidor?”

Recordando el profundo interés del general por la Torá, el rabino Sofer pidió permiso para hablar. Compartió con el general un pasaje enigmático donde, al tratar los protocolos de la guerra, la Torá interrumpe la narración con la mitzvá de eglah arufah. La ley de eglah arufah establece que si una persona es hallada muerta fuera de una ciudad, los líderes de la ciudad deben realizar un ritual para expiar su posible falta al no brindarle la atención adecuada, causando así su muerte. “¿Qué relación hay entre este desafortunado suceso y la guerra?”, preguntó el rabino.

Al ver que el problema había intrigado al general, el rabino Sofer continuó: 

- “La Torá coloca la mitzvá de eglah arufah en medio de la discusión sobre la guerra para enseñarnos que, incluso en tiempos caóticos como los de una guerra, la vida de cada individuo es preciosa y debe ser cuidada”.

Las palabras del rabino Sofer conmovieron al general, quien prometió intervenir. Gracias a sus esfuerzos, la verdad salió a la luz y, finalmente, se retiraron los cargos.

PIDIÓN HABEN

Originariamente, los primogénitos judíos eran la clase sacerdotal santificada, que fueron reclutados para el servicio de D-os cuando se salvaron de la Plaga de los Primogénitos que atacó a Egipto. Sin embargo, cuando los judíos, incluidos los primogénitos, sirvieron al Becerro de Oro, los primogénitos perdieron su estatus y entonces el sacerdocio les fue transferido a la única tribu que no participó de los festejos del Becerro de Oro, o sea, los levitas, y en especial, los hijos de Aarón.

A partir de ese momento, todos los primogénitos varones de los israelitas deben ser redimidos en una ceremonia de pidión haben a cargo de un descendiente de Aarón, alias “un kohen”.

Quién:

Todo varón que sea primogénito de su madre. Excepciones:

1. Si alguno de los padres es hijo de un kohen o un levita.

2. Los bebés que nacen por cesárea.

3. Si la madre sufrió un aborto antes del nacimiento de este hijo, consulta a un rabino.

Si los padres no redimen a su hijo, entonces, cuando este se vuelve adulto, debe redimirse a sí mismo.

Cuándo:

El 31º día de vida del niño. ¿Ya pasó? Entonces cuanto antes.

Los judíos sefaradíes celebran la ceremonia la víspera del 31º día. Los ashkenazíes, el 31º día a la tarde.

¿Qué pasa si ese día cae en Shabat o en una festividad judía? Entonces la ceremonia se realiza la noche siguiente o el día siguiente.

Cómo:

La Torá establece el precio de cinco shekalim, aproximadamente 100 gramos de plata.

Tradicionalmente, la mitzvá se realiza durante una “comida de mitzvá” a la que asiste la familia y algunos amigos. Una vez iniciada la comida, se trae al bebé en una elegante bandeja de plata, adornado con joyas.

“Mi mujer israelita me ha dado este primogénito”, le dice el padre al kohen designado.

Entonces el padre y el kohen mantienen un diálogo preparado de antemano y al finalizarlo, el padre le da al kohen el dinero de la redención, recitando una bendición especial. Entonces el kohen recita una bendición por la copa de vino.

Nuestros Sabios afirman que participar de una comida de pidión haben ofrece el mismo beneficio espiritual que ayunar 84 días (¡!). Es por eso que se acostumbra servir paquetitos de azúcar y ajo, que son alimentos que tienen muchos usos y duran mucho tiempo.

VIVIENDO MASHIAJ

Por Lazer Gurkow y Aharon Loschak

GRADUACIÓN

Las graduaciones son celebraciones de maduración educacional, durante la cual los estudiantes pasan de un nivel inferior a uno superior de estudio. Mashiaj representa la graduación máxima, dado que revelará todo un nuevo entendimiento de la Torá. Sus enseñanzas serán tanto más profundas de nuestra comprensión actual, que parecerá que está enseñando una Torá totalmente nueva.

La próxima vez que asistas a una ceremonia de graduación, imagínate sentado en la ceremonia máxima en la que nos graduaremos de nuestra comprensión actual de la Torá y entremos en la academia del Mashiaj.

 

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Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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