Esta nota no es de última hora sino que me acompaña siempre. O sea, desde hace aproximadamente dos años, desde el 7 de octubre, aunque cada tanto se le agregan elementos, a medida que una va recabando nuevos testimonios del horror.
Y como estos últimos días estuve con los diputados uruguayos que en su visita a Israel conocieron entre otros sitios lo que fue el escenario de la masacre en el festival de música Nova, el tema me reflotó. En el alma. En el corazón.
Todos sabemos desde hace mucho que Nova fue uno de los peores escenarios del horror. Que aproximadamente 400 jóvenes fueron asesinados allí y en la fiesta aledaña Psydach. Que numerosos fueron secuestrados y algunos volvieron muertos.
Pero yo no puedo evitar pensar en caras concretas, en historias puntuales que conocí no por los diarios sino por entrevistas a los padres o hijos…o a algún sobreviviente.
Cuando conversé el jueves último con Elianne Castro, diputada del Partido Colorado que fue miembro de la delegación, ella me transmitió con energía y alegría la afinidad que sintió con Mazal, una joven israelí sobreviviente de Nova, con la que logró conversar en español. Es que tanto Mazal como Elianne adoraban las telenovelas de Natalia Oreiro, Cris Morena, el programa de Rebelde Way y tantos más que llegaron de Argentina y que hicieron furor tanto en Israel como en Uruguay. Y sintió la cercanía, después de haber quedado congelada escuchando su relato.
Y yo quedé congelada también, meses atrás, cuando me encontré con Gal, un joven que sobrevivió…pero yo pensé que no está claro si lo que hace ahora es vivir. No logré nunca publicar la entrevista. Es que él hablaba con tanto detalle, y yo casi sentía que tenía que correr con él para esconderme. Y estaba claro que no quedó bien de esa vivencia indescriptible.
¿Cómo va a quedar bien si allí fueron asesinadas dos de sus primas hermanas, Roya y Norelle, con Amit Cohen, el novio de Norelle, que era un gran amigo de Gal? Baleados en la estructura protectora aledaña a Nova, o asesinados con una granada. Y él se salvó por milagro.
Tiempo antes de conocer a Gal, conocí a su tía Sigal Manzuri. Era la mamá de Roya y Norelle. Fue en una caminata de la comunidad de Nova-así se llaman quienes unidos por el dolor se convirtieron en una especie de familia en duelo-desde la explanada del teatro Habima hasta la plaza Dizengoff. Llegué temprano para entrevistar, filmar, tomar fotos. Y de repente veo una mujer que avanza con un cartel grande con fotos de tres jóvenes. Me horrorizó el solo pensar cómo se vive al perder tres hijos. Eran dos hijas y el novio, que ya tenía el plan de convertirse en el esposo de Norelle, padre de sus futuros hijos, que nunca nacerán.
Sigal aceptó hablar, contar, lo precisaba. Y al pasar, dijo que un sobrino se salvó pero no quedó bien.
Ese sobrino es Gal.
Hace poco volví a ver a Sigal, junto con otros periodistas, en una serie de encuentros organizados por Media Central de cara al segundo aniversario del 7 de octubre. Me confirmó que Gal no mejora.
Mazal, afortunadamente, pudo cantar con Elianne Castro en español. Hoy, justamente, en el coche, en un viaje a Jerusalem, escuché la canción de Natalia Oreiro “Cambio dolor”. Cambio dolor por libertad, dice …no sé si esa fue una de las canciones que cantaron. Pero desde Nova y tantos otros escenarios de crueldad del 7 de octubre, son incontables los israelíes que también quieren cambiar el dolor por la libertad de vivir sin terrorismo y sin estar rodeados de enemigos que odian.
Evidentemente, no depende solamente de ellos. Hay cosas al parecer más fuertes que la voluntad.
Pero junto al dolor que nunca desaparecerá , está la esperanza y la convicción de tantos israelíes que seguir adelante es la única opción.
Como el kibutz Beeri, donde fueron asesinados 102 de sus miembros y numerosos fueron secuestrados, que días atrás decidió por mayoría-no por unanimidad- destruir todas las casas dañadas por los terroristas, menos una que quedará como monumento recordatorio.

Destruir, para construir y empezar de nuevo. Sin olvidar lo ocurrido, pero sin vivir a su sombra.





