Cultura

7 velas más

Por Friedrich Perschak

Cuando toca, toca. Y hoy me tocó a mí.

Hace calor. En la  playa hay más gente de lo normal. En la arena la gente disfruta. En el mar el reflejo del sol al atardecer. Todos están sentados en el parque haciendo picnic o rezando. “Es una fiesta judía” dijeron. Trajeron un candelabro enorme. Esos de nueve brazos. Pero solo tiene una vela encendida.

Hay música. Hay risas. Hay un murmullo de gente contenta. El sol brilla aún y casi no hay viento. Un día perfecto.

Antes de volver a casa, desde la frutería, me encontré con un amigo. Fuimos a un bar. Pedí un refresco. Nunca tomo alcohol. Tal vez si hubiera tomado cerveza también, no me hubiera animado a hacer lo que hice.

Fueron solo unos minutos. Muy poco tiempo para pensar. Solo hacer lo que el instinto dice que  hay que hacer.

Eran dos. Disparaban desde la vereda hacia la playa. Parecía que estaban jugando. Pero estaban de caza. Como si fuera un safari buscando bestias salvajes. Era el reino del revés, los animales cazando humanos. A judíos.

Gritos. Todos corrían por sus vidas, mientras yo del otro lado de la calle le gritaba que tirara el arma al piso. Que no valía la pena hacer lo que estaban haciendo. Nadie me escuchó.

Se movían con tranquilidad. Disparaban y con movimientos medidos y mecánicos cambiaban de arma y seguían apuntando, a quien, a cualquiera que se estuviera moviendo para salvarse del desastre.  ¿Esos dos conocían a alguna de esas personas? Seguro que no. ¿Sabían quiénes eran? ¿Qué hacían de su vida? Imposible. Esos dos solo pensaban una cosa: en su salvación eterna con siete vírgenes. Esa promesa que solo ellos dos se pueden creer.

Fue cuando al más joven, al hijo le vi la cara, cuando lo reconocí, fue que deje de ver. De pensar. Crucé, corrí y no lo dudé. No escuche los tiros. Los disparos eran para los de la playa, no para los que estábamos en la calle. Lo tomé de sorpresa, ni siquiera él pensó que alguien lo podría detener. Tan seguro estaba de su odio.

Crucé entre dos autos estacionados. Vestía un pantalón blanco y una camisa negra. Lo abracé desde atrás. Sin casi esfuerzo le hice tirar el rifle al piso. Fue tan fácil. Parecía que estaba esperando que alguien lo detuviera. Fui yo el que agarró el arma y le apunté. Yo temblaba. Él me miraba con miedo.  El cazador, cazado. Corrió como un animal espantado unos metros. Le tiré una piedra.  Dio un grito agudo, esa clase de grito que solo puede hacer una hiena rabiosa y arrebatada. Un grito histérico de derrota.

Cuando su padre desde el puente se dio cuenta comenzó a disparar para donde su hijo estaba aullando y hacia mí. Dos disparos me dieron en el brazo.  Hubo silencio y oscuridad. Empecé a darle patadas a ese que chillaba en el piso, mientras su padre seguía disparando  hacia donde estaba su hijo. Estaba furioso. Ciego y sangrante.

Escuché una sirena. Luego otra y un disparo final. Habían matado al padre. El hijo en el piso herido por su propio padre. Yo ahora en el hospital con balas en el brazo.

16 muertos. Un rabino. Judíos y muchos que nunca podrán olvidar lo que les pasó ese día de calor y sol. Un festejo de luces apagado de golpe por un padre y su hijo. Una promesa fallida…

7 velas más por prender. La luz nunca se va a apagar.

Ultimas Noticias Ver más

Egipto y los palestinos: la verdad en el terreno entre Gaza y El Cairo
Noticias

Egipto y los palestinos: la verdad en el terreno entre Gaza y El Cairo

19 Julio 2026


(Por el comentarista de deportes y temas sociales Ninad Vengurlekar, de India)

Egipto y los palestinos: la verdad, muy distinta de la bandera del DT
Noticias

Egipto y los palestinos: la verdad, muy distinta de la bandera del DT

19 Julio 2026


Por Peleg Lewi, Embajador de Israel en Chile (X)

Esta página fue generada en 0.1477699 segundos (1231)
2026-07-21T01:28:12-03:00