¡No Escriba el Obituario! - Verdadera Alegría - Una Pequeña Vela - La Tzedaká I

No. 340
Horario de velas 2 de enero en Montevideo 19.44
en Punta del Este 19.39
Parashá:Vaieji
¡NO ESCRIBA EL OBITUARIO!
Por Yossy Goldman
Había un hombre cuyo ritual matutino consistía en leer el periódico mientras se tomaba un vaso de jugo de naranja frío y recién exprimido. Un día, al hojear la sección de obituarios, se sorprendió al ver su propio nombre en la lista de fallecidos. Supuso que se trataba de otra persona con su mismo nombre, pero al examinarlo más detenidamente, toda la información coincidía a la perfección.
Furioso, llamó a la redacción del periódico y exigió que lo comunicaran con el editor. Insistió en una disculpa y una retractación. El editor se mostró bastante indiferente y se negó categóricamente a disculparse.
- "Señor, el periódico no comete errores".
- "¡Pero estoy vivo! ¡Le estoy hablando por teléfono!"
- "Señor, el periódico no comete errores. Por lo tanto, no podemos corregir ni disculparnos. Sin embargo, si insiste, podemos incluir su nombre mañana en la columna de nacimientos".
Hace apenas 85 años, el obituario del pueblo judío ya estaba escrito. Estábamos en la ruina, con un tercio de nuestra población diezmada, y el Museo de la Raza Judía Extinta de Hitler ya se estaba planeando.
Gracias a D-os, resurgimos en la "columna de nacimientos", ya que los sobrevivientes emergieron de Europa y se asentaron en Israel y en todo el mundo, haciendo todo lo posible por criar a la siguiente generación de nuestra nación.
En la parashá Vaiejí, leemos sobre el fallecimiento de nuestro patriarca Jacob. Sorprendentemente, el rabino Yojanán del Talmud afirmó que "nuestro padre Jacob nunca murió". Cuando sus colegas cuestionaron la veracidad de su asombrosa afirmación, explicó: "Así como sus descendientes están vivos, él está vivo".
La obra de Jacob continuó perpetuamente. Fue descrito como el "elegido de los antepasados". ¿Por qué? Porque si bien Abraham engendró a Isaac, también engendró a Ismael. E Isaac engendró a Jacob, pero también a Esaú. Sin embargo, Jacob engendró doce hijos que se convirtieron en las 12 Tribus de Israel, quienes permanecieron fieles a su forma de vida y a través de los cuales Am Israel, la nación judía, se estableció firmemente.
Ya sea para el judío individual o para el pueblo judío, se aplica la misma regla. Tenemos un papel que desempeñar, una misión que cumplir: cada uno en su vida personal y todos colectivamente. No podemos renunciar a ello. Somos tan buenos como la suma de todas nuestras partes.
Y la trayectoria misma de la historia también depende de nosotros. Nuestras acciones pueden cambiar no solo nuestra propia situación, sino también la del resto del mundo, e incluso pueden lograr la redención global. Nuestra "elección" es tanto una responsabilidad como un privilegio.
Un amigo regresó de una visita a Israel con una historia encantadora. Estaba en un taxi y conversó un rato con el conductor israelí. Cuando le preguntó si no le preocupaban los niveles de peligro en Oriente Medio, el conductor ignoró por completo sus preocupaciones.
- “Pero vives en una zona peligrosa del mundo, rodeado de enemigos que intentan arrojarte al mar. ¿Cómo puedes no estar ansioso?”, insistió mi amigo.
El conductor sonrió. - “Dime, ¿has oído hablar de Clint Eastwood?”
- “Por supuesto”, respondió mi amigo.
- “Bueno, si alguna vez has visto una película de Clint Eastwood, sabes que no lo matarán, por mucho que intenten asesinarlo. Al final, siempre sobrevive. ¿Por qué? Porque es la estrella de la película. No puede morir. ¡Lo necesitan para la próxima película! Bueno, somos iguales. D-os nos necesita para cumplir nuestro destino y el Suyo. Por eso no me preocupa.”
El pueblo judío nunca muere. Casi morimos con regularidad. En cada generación, alguien intenta exterminarnos. ¿Pero acaso morimos? ¿Lo haremos? ¿Podemos? ¡Jamás!
Jacob nunca murió porque continuamos lo que él y nuestros otros patriarcas y matriarcas comenzaron.
Vivamos vidas judías con orgullo y sigamos siendo ejemplos vivos de la eterna continuidad judía.

VERDADERA ALEGRÍA
"Jacob vivió 17 años en Egipto." (Bereshit 47:28)
A pesar de la alegría de Jacob al ver a su familia reunida y fiel a sus tradiciones, es difícil imaginar cómo los años que pasó en el ambiente idólatra de Egipto pueden haber sido los mejores de su vida. La respuesta a este misterio es que Jacob había enviado a Judá a establecer una academia para el estudio de la Torá en Egipto. Así Jacob se aseguró que él y sus descendientes se mantengan inmunes a las influencias negativas de la sociedad corrupta de Egipto.
Es más, al resistir las tentaciones de Egipto, los descendientes de Jacob crecieron de una forma que sólo es posible cuando nos enfrentamos con desafíos. Es por esto que los mejores años fueron los que pasó en Egipto, porque fue sólo allí que pudo ver que sus hijos habían absorbido completamente su instrucción y guía moral. Ahora sabía que la misión Divina que comenzó con su abuelo Abraham, continuaría.
En forma similar, frecuentemente nos encontramos en “Egipto”, en lugares de oscuridad espiritual. Como Jacob y su familia, a través del estudio de la Torá nos mantenemos a salvo de la oscuridad de “Egipto” y revelamos Divinidad incluso allí.
Likutei Sijot, vol. 10, pág. 160-166.

Génesis (Bereshit) 47:28 – 50:26
La doceava y última sección del libro de Génesis relata el último período en la vida de Jacob y la sucesión de su hijo José. Jacob vivió (Vaiejí, “y él vivió” en Hebreo) los últimos 17 años de su vida en Egipto. Además de dedicarse a la educación moral continua de sus descendientes, Jacob organizó a su familia en tribus para prepararla para su destino espiritual, y luego le otorgó a cada tribu sus características espirituales únicas. Luego de su muerte, los hijos de Jacob lo enterraron en la parcela de sepultura familiar en Hebrón. La sección culmina con la subsiguiente muerte de José y su promesa de que D-os eventualmente los llevaría de nuevo a la Tierra Prometida.

UNA PEQUEÑA VELA
Por Nissan Mindel
Yisrolik era un joven judío que amaba estudiar Torá. A los 7 años, ya era tan avanzado que dejó de estudiar con sus maestros y comenzó a tomar clases particulares con el rabino de la ciudad. En muy poco tiempo, ya no necesitaba ni siquiera estas lecciones, sino que dedicaba su tiempo a estudiar solo. Solo recurría al rabino en busca de ayuda cuando se topaba con un texto difícil del Talmud.
Yisrolik era un estudiante tan ferviente que estaba dispuesto a estudiar día y noche. Su padre, Reb Shabse, temía que su hijo se enfermara por el exceso de estudio y la falta de descanso y sueño.
Al principio, Reb Shabse intentó insistir en que su hijo saliera del Beit Hamidrash (sala de estudio) a cierta hora. Pero cuando Yisrolik se sentaba y comenzaba a estudiar el Talmud, se olvidaba de todo lo demás, incluso de la promesa que le había hecho a su padre. A menudo, su padre tenía que salir tarde por la noche para llevarlo a casa. Así que Reb Shabse acordó con el shamash (cuidador) que, cuando Yisrolik viniera a estudiar después de cenar, le daría una vela para estudiar, que no debería arder más de una hora. Cuando la vela se apagara, Yisrolik tendría que irse a casa y quedarse hasta la hora de acostarse.
Esa noche, después de cenar, Yisrolik fue a estudiar como de costumbre. Pasó más de una hora y Yisrolik aún no había llegado. Reb Shabse se preocupó. Intentó convencerse de que Yisrolik debía haber ido al rabino por algún problema con sus estudios, pues seguramente no se quedaría solo a oscuras en la sala de estudio.
Pero cuando pasó otra hora y Yisrolik aún no había llegado, Reb Shabse corrió a casa del rabino. Yisrolik no estaba allí, así que su padre se alarmó bastante. Ambos hombres corrieron a ver al cuidador y lo despertaron. Al ver a sus dos visitantes con aspecto ansioso, el shamash se asustó muchísimo. Cuando le dijeron que Yisrolik no había regresado a casa, les aseguró que le había dado una vela que sólo ardía una hora, como le habían pedido.
Los tres hombres preocupados corrieron a la sala de estudio. Al acercarse al Beit Hamidrash, se asombraron al ver una luz en la ventana. Entraron y encontraron a Yisrolik sentado, absorto en el Talmud, a la luz de una pequeña vela. Se mecía al ritmo de su dulce voz, completamente ajeno a todo lo que lo rodeaba.
Reb Shabse no pudo esperar y exclamó: - "¡Yisrolik! ¿Por qué no cumpliste tu palabra?".
Yisrolik dejó de estudiar y levantó la vista sorprendido. La luz de la vela se apagó al instante.
- "Yisrolik, ¿qué te pasa? ¿Cómo te atreves a apagar la vela mientras el rabino y su padre están aquí? ¡Es terrible!", dijo su padre.
- "Yo no apagué la luz", respondió Yisrolik, con lágrimas en los ojos.
El rabino entonces comenzó a hablarle a Yisrolik en tono serio: - "Sabes, Yisrolik, que el mandamiento de honrar a tus padres es una gran mitzvá. Prometiste estudiar solo mientras la vela ardiera y luego volver a casa".
- "La vela se quemó, así que me senté a estudiar", dijo Yisrolik entre lágrimas.
- "Pero ¿cuándo conseguiste más velas o el cuidador no cumplió su palabra?", preguntó Reb Shabse.
- "¿Qué dices, Reb Shabse?", exclamó el cuidador. "Solo le di una velita y el resto lo guardé bajo llave".
Solo entonces el rabino se dio cuenta de que algo muy extraordinario había sucedido. Mientras el cuidador iba a buscar y encender otra vela, y Yisrolik iba a colocar el Talmud de nuevo en su estante, el rabino le dijo al desconcertado padre:
- “Reb Shabse, Yisrolik es un niño muy especial. Cuando empezó a estudiar con tanta devoción, su dulce voz creó una gran alegría en el cielo. Los ángeles descendieron y lo rodearon, captando cada palabra que salía de sus labios. Mantuvieron la vela encendida mientras Yisrolik estudiaba. Pero cuando llegamos e interrumpimos, la luz de la vela se apagó”.
Desde entonces, Reb Shabse nunca impidió que su hijo aprendiera todo lo que deseara. Creía que su santo hijo llegaría a ser una gran luminaria en el mundo, que iluminaría la oscuridad del exilio.
Yisrolik se convirtió en el famoso rabino Yisroel, el maguid de Kozshenitz, un gran maestro para muchos.

LA TZEDAKÁ I
Dar no es solamente una cuestión de amabilidad. El mundo gira sobre su propio eje, las galaxias y las estrellas continúan moviéndose gracias a que damos. A decir verdad, nada de lo que poseemos es realmente nuestro, sino que D-os nos lo da para que se lo podamos dar a los demás.
Dar es una mitzvá y una responsabilidad. Y como tal, tiene su propio conjunto de normas:
La Obligación:
Vas caminando por la calle y alguien te pide comida. La mitzvá dice: tienes que darle algo. Si te pide dinero, te está permitido averiguar si esa persona es de fiar. ¿Tienes el bolsillo vacío? Demuéstrale empatía, dile algunas palabras de aliento. De ningún modo puedes mostrar indiferencia y seguir caminando.
La práctica judía estándar es dar para caridad por lo menos 10% de los ingresos netos. Hay muchos volúmenes escritos respecto a lo que se considera "ingresos netos" y respecto a en qué momento pueden deducirse del diez por ciento los gastos en enseñanza y demás gastos de mitzvá. Consulta a tu rabino respecto a tus inquietudes específicas.
Dado que dar es una mitzvá, esto no solo ayuda a los demás, sino que también sirve para que tú mismo te eleves. Y es por eso que tenemos una pushka (alcancía de caridad) en un lugar prominente de la casa o de la oficina. Solamente, deja caer unas cuantas monedas en la pushka cada tanto, por lo menos una vez al día.
El que Recibe:
Dales tzedaká (caridad) a las personas necesitadas, a las escuelas de Torá, a las instituciones judías o a las causas humanitarias. El familiar que se encuentra en un aprieto económico tiene precedencia sobre aquel que no es familiar tuyo. Del mismo modo, las organizaciones de caridad locales tienen precedencia sobre las de otros lugares. Y los fondos de caridad de Israel tienen precedencia sobre los fondos de caridad (no locales) de la diáspora.
El Resultado Final:
No hay ninguna otra mitzvá que evoque una reacción divina tan poderosa como la tzedaká. Y la verdad es que esto tiene sentido: tú ayudas a los demás y D-os te ayuda a ti. Nuestros sabios enseñaron que la tzedaká trae expiación y protege contra los duros decretos celestiales.
VIVIENDO MASHIAJ

Por Lazer Gurkow y Aharon Loschak
LA MEZUZÁ
Cada vez que se pone una mezuzá en el marco de una puerta, se aumenta la conciencia de D-os en el mundo. El propósito de una mezuzá es recordarnos la unidad de D-os y nuestro amor por Él cuando entramos y salimos de nuestra casa. También sublima la casa y todo lo que hay en ella hacia Hashem para que sea parte de Su unidad. Cuando venga Mashiaj, todo el mundo disfrutará la conciencia absoluta de la unidad Divina y se elevará completamente a la santidad.
Cada vez que pongas una mezuzá en una puerta, recuerda que estás acercando al mundo un paso más al estado de Gueulá.
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Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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