En casa ya sabemos: aunque la alerta temprana fue concebida más que nada para quien no tiene refugio en su casa y precisa unos minutos para llegar al más cercano, es mejor no esperar a que empiece a sonar la alarma misma . Desde el domingo de noche, entramos al refugio cuando suena la alerta previa a la alarma.
¿Por qué?
Porque estábamos en el comedor, yo escribiendo y el resto de la familia cada uno haciendo algo-los niños, mis nietos, afortunadamente ya estaban durmiendo en el refugio- y cuando sonó la alerta temprana nos dijimos “faltan unos minutos”. Pero muy poco después se oyeron dos fortísimos estruendos que nos hicieron saltar a todos. “Algo funcionó mal”, pensamos.
Ya en el refugio, oímos varias explosiones . Sonaban cerca. Se suele estimar que se trata de las interceptaciones exitosas, que el Jetz logró destruir en vuelo un misil iraní. Si fuera el estruendo del impacto de un misil, sería otra dimensión de ruido y sobresalto.
Pero lo más preocupante era la cantidad de estallidos uno detrás del otro. Poco después quedó claro: Irán está lanzando misiles con municiones de fragmentación o racimo, o sea misiles de los que se desprenden numerosos pequeños misiles que tienen menos kilos de explosivos pero se expanden por un área mucho más amplia . Cada uno, es una explosión.
Esta noche, lo mismo…pero peor, mucho más intenso. Tras aproximadamente seis horas sin alarmas, éstas volvieron a sonar cerca de la 1 de la madrugada, llevando a millones de personas a los refugios.
No es sencillo. La vida se altera , es difícil. También da miedo, porque el domingo en Beit Shemesh, el misil impactó en un refugio y mató a 9 personas, y se comprende que protección absoluta garantizada no puede haber. Pero por otro lado, alienta saber que quizás esta vez se logre terminar con el régimen iraní que tanto daño ha hecho a Israel. Y para eso, se precisa más tiempo. Tiempo durante el cual la población israelí, como siempre, tiene que seguir adelante, confiando en que todo será para bien.





