En la segunda semana del operativo militar norteamericano-israelí contra el régimen de los Ayatolas en Irán, la intensificación de los ataques va de la mano de cierta incertidumbre respecto a cuánto más durará la guerra. Esto, a raíz de varias declaraciones del Presidente Donald Trump sobre el fin “muy pronto” de los ataques, que en Israel causaron preocupación.
Es que aquí tienen claro que es imperioso poder tener tiempo para degradar mucho más de lo logrado hasta ahora-que no ha sido poco- las capacidades militares de Irán de amenazar a Israel. Y el gran temor es que Trump decida abruptamente terminar e Israel quede solo, o peor aún, que Washington le imponga también poner fin a su parte en el operativo cuando aún sería necesario profundizar los logros.
Israel sabe que cuando de Trump se trata, nunca se puede descartar alguna súbita sorpresa y un giro drástico de política. Pero por otra parte, se ve claramente que paralelamente a las declaraciones contradictorias entre “terminamos pronto” y “todavía hay mucho por hacer”, en la práctica Estados Unidos está aumentando su presencia militar en la zona, no debilitándola. Y en los últimos días, casi no se oyeron declaraciones que vaticinen que esto termine pronto.
Los primeros ataques con los grandes bombarderos que llegaron desde su estación en Gran Bretaña, son una de las señales más significativas. De todos modos, existe claramente la posibilidad que todo sea parte de un plan: confundir al enemigo.
A esta altura de la guerra, aunque Israel tiene claro que ha logrado limitarla capacidad de maniobra de Irán y sus lanzamientos de misiles se han reducido, comprende que será titánico el esfuerzo necesario para eliminar totalmente la amenaza que constituye desde hace 47 años el régimen de los Ayatolas. La ciudadanía israelí está dispuesta a soportar más tiempo en la situación actual, corriendo a los refugios varias veces por día y viviendo bajo alarmas, si eso ayuda a cambiar la situación.
Pero no es fácil ver que nada mueve al régimen de los Ayatolas, que está empeñado en seguir usando todos sus recursos para atacar a Israel, y que eso es lo que hace también la organización terrorista pro iraní Hezbolá desde Líbano, que ha convertido la vida en el norte de Israel en una pesadilla desde que se sumó a la guerra. No es sencillo ver que en tu vecino del norte, lo que se impone es una organización armada que expone a la población libanesa con tal de servir la agenda foránea de Irán.
Con este panorama, Israel no puede lidiar sólo con el brazo militar. La resiliencia del pueblo es una pieza clave del mosaico. Se han celebrado matrimonios y fiestas judías en refugios subterráneos y en uno de ellos hasta fue presentado un libro para niños esta semana, cuando el escritor Eshkol Nevó, al tener que refugiarse, comenzó espontáneamente a leer lo que había escrito y rápidamente contó con un numeroso público. La población no se queda encerrada en su casa. Aprovecha días de sol para salir un poco a la calle y los cafés, para respirar un poco de normaidad. No porque se tome el peligro a la ligera ni porque el peligro sea menor que lo que dice el Israel oficial. Simplemente, tiene mucha experiencia en lidiar con desafíos a su existencia misma. Y no se puede permitir decaer.





