Israel

De joven huyó de Irán y ahora salva en Israel vidas de niños del mundo

Comunicado por SACH-Save a Child´s Heart

Anat Mastor, quien huyó del Irán posrevolucionario siendo adolescente, ahora contribuye a realizar cirugías cardíacas que salvan vidas a niños de todo el mundo, como jefa de perfusión. Es la persona que opera el sistema de circulación extracorpórea durante una operación cardíaca.

Nacida y criada en Shiraz, Irán, Mastor tenía solo once años cuando la Revolución Islámica de 1979 transformó la vida cotidiana de las minorías.

«Como niña judía, me obligaban a usar un vestido largo negro y un hiyab, el velo que usan las mujeres musulmanas», recuerda Mastor. «Se cancelaron las clases de inglés y, aunque era judía, nos impusieron el Corán y los estudios religiosos islámicos».

Recuerda haber oído hablar de la persecución, el encarcelamiento y las ejecuciones de minorías religiosas en Shiraz  y afirma que, como judíos, una minoría vulnerable, su comunidad sintió profundamente la discriminación y el miedo.

«Muchas noches me acostaba completamente vestida por los rumores de que podrían producirse pogromos violentos contra los judíos», dice Mastor. «Siempre estábamos preparados para huir, incluso para escapar por los tejados si era necesario».

Tras terminar el bachillerato a los dieciocho años, Mastor se dio cuenta de que a los judíos no se les permitía entrar en las universidades. Tomó la difícil decisión de huir de Irán, cruzando la frontera montañosa hacia Pakistán por rutas de contrabando.

Esperó cuatro meses en Karachi con otros refugiados judíos mientras la Agencia Judía tramitaba su documentación.

Sus padres decidieron quedarse en Irán. Nunca volvió a ver a su padre, que falleció al año siguiente. Por razones obvias, no pudo asistir a su funeral. A pesar de su optimismo y su enfoque en el crecimiento personal y el propósito en la vida, Anat aún conserva el doloroso recuerdo de esa pérdida.

Mastor llegó a Israel en 1987 y comenzó una nueva vida en el kibutz Be’erot Yitzhak. Ya familiarizada con las oraciones hebreas de Irán, rápidamente dominó el idioma gracias a sus estudios en un ulpán (escuela de hebreo).

 

En 1988, se matriculó en biotecnología médica en una universidad que ahora se conoce como la Facultad de Ingeniería de Tel Aviv, donde se especializó en perfusión. En 1991, comenzó su ciclo de práctica en el Hospital Beilinson. Ese mismo año, se unió al Centro Médico Wolfson como perfusionista —el mismo año en que el Dr. Arie Schachner fundó el Departamento de Cirugía Cardiotorácica en el Centro Médico Edith Wolfson en Holon— y ha permanecido en el programa desde entonces.

Desde la fundación de Save a Child’s Heart en 1995, Mastor ha formado parte de la misión de la organización de salvar vidas. Trabajó en el quirófano junto al Dr. Ami Cohen, fundador de Save a Child’s Heart, ayudando a desarrollar el programa en sus inicios. “En 1999, mi madre finalmente escapó de Irán haciéndose pasar por turista que viajaba a Turquía y aprovechando la oportunidad para huir a Israel”, recuerda Mastor. “Falleció dos años después. Aunque su estancia en Israel fue breve, estoy agradecida de haber podido compartir ese tiempo con ella”.

Actualmente, Mastor es Jefa de Perfusión en Save a Child’s Heart, la organización humanitaria israelí que en los últimos 30 años ha tratado a más de 8000 niños de 75 países, sin importar su raza, nacionalidad o religión. Aproximadamente la mitad de ellos eran palestinos de la Franja de Gaza y Cisjordania.

Capacitando a Félix, llegado de África para profesionalizarse en el programa SACH

 

Para Mastor, la intensidad del quirófano es precisamente su lugar.

“Me encanta ser perfusionista”, dice. “Operar la máquina de circulación extracorpórea es una responsabilidad muy técnica, y lo siento como parte de mi esencia. Musulmanes, cristianos, judíos… no nos importa. Los hemos tratado a todos, incluso a niños de Irak y Afganistán, y quizás algún día a niños de Irán”.

“No hay mayor satisfacción que ver a un niño salir del quirófano sano. Siempre hay riesgo en el quirófano, y esa responsabilidad es precisamente lo que me apasiona. Me mantiene alerta y totalmente comprometida”, afirma Mastor.

Tras más de tres décadas en este campo, su motivación sigue siendo sencilla.

 

Casada y madre de dos hijos y una hija, Mastor espera que su historia trascienda el ámbito quirúrgico.

“Mi mensaje para las mujeres de todo el mundo es simple: manténganse fuertes. Merecemos la igualdad de derechos. Una y otra vez, las mujeres hemos demostrado que somos capaces de lograr todo lo que nos proponemos”.

Y a la gente de su tierra natal, les transmite una silenciosa esperanza:

“Espero que algún día el pueblo de Irán viva con dignidad y libertad, y que yo pueda volver a visitarlos”.

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