Nota de opinión
Esta nota está dedicada a la memoria de los soldados israelíes Gilad Harel, Ben Cohen, Noam Madmoni y Maxim Entis, caídos este lunes en la lucha contra los terroristas de Hezbolá en el sur del Líbano. También de Liran Ben Tzion que cayó el día antes, y de Moshe Itzjak HaCohen Katz que también cayó mientras intentaba proteger a la población del norte de Israel. Y de todos los que los antecedieron. Y al esfuerzo de todos los reservistas que en los últimos dos años y medio dieron cientos de días de sus vidas al servicio por la defensa del país. A los que dejaron familia, hijos pequeños, esposas embarazadas, novias al borde del altar, trabajos logrados con ahínco y arruinados por su prolongada ausencia, estudios a medio hacer, para presentarse cuando los llamaron.
El problema es ir al servicio con la sensación de que su propio gobierno abusa del hecho que sabe que ellos siempre vendrán, a diferencia de todos aquellos que rehusan enrolarse y aportar a la defensa nacional. Abusa, decimos, porque se llena la boca hablando del heroísmo de los combatientes, pero no los merece.
Y esto no es cuestión de derecha o izquierda, de sí Bibi o no Bibi. El clamor por la situación en la que la coalición de gobierno dedica enormes recursos al sector ultraortodoxo (haredí) que en su enorme mayoría no se enrola en la defensa de Israel, no lo plantean sólo los que no votaron a Netanyahu y lo quieren cambiar. Numerosos religiosos y gente de derecha han salido a las calles a protestar contra la política del gobierno, que aprueba continuamente fondos sectoriales a miembros de su coalición y prepara una ley que por más que llame “de reclutamiento”, es todo lo contrario. Y esto, justamente cuando se amplían los escenarios de combate, cuando el Comandante en Jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel Teniente General Eyal Zamir advierte ante el gabinete que precisa otros 15.000 soldados, de los cuales entre 7 y 8.000 deben ser combatientes, que los reservistas no pueden seguir con tanta carga sobre los hombros y que si la situación no cambia, el ejército caerá.
Y el lunes, en la aprobación final del presupuesto, la coalición realizó un truco parlamentario que si bien no es ilegal, es engañoso y una especie de robo a la caja pública, al aprobar como fuera del marco formal casi 800 millones de shekel –unos 230 millones de dólares- para los llamados dineros de coalición, que no aportan a la ciudadanía en general sino sólo a los sectores representados por partidos de gobierno, más que nada al sector haredí que no va al ejército.
Algunos ejemplos: 195 millones de shekel se agregaron al presupuesto de las yeshivot, los institutos de altos estudios rabínicos. Otros 98 millones de shekel a la red educativa del partido ultraortodoxo Iahadut HaTorá. 60 millones de shekel a alumnos de yeshivot del exterior. 44 millones de shekel a consejos locales del sector haredí.
Los partidos ultraortodoxos deberían sentirse avergonzados por traicionar así los valores judíos y actuar con tanta insensibilidad respecto a las necesidades del país. Pero los mayores responsables por la situación son todos los que la hacen posible, los que no ponen un freno, los que hacen caso omiso de las advertencias, los que prefieren la preservación de la coalición de gobierno por sobre la necesidad clave de las Fuerzas de Defensa de Israel, que si fuera atendida, podría disminuir significativamente la carga sobre los reservistas. El principal responsable es el Primer Ministro, sin cuya aprobación y aliento esta situación no existiría.
Cuando visten uniforme y empuñan el arma, todos los soldados saben que su vida corre riesgo. Y todos saben hoy, voten al partido que voten, que la guerra que se está librando es clave para la seguridad de Israel. Y que tiene razón el Primer Ministro al destacar los logros militares en la guerra contra el régimen de los Ayatolas que tantas veces prometió borrar a Israel de la faz de la Tierra.
Este martes de noche Netanyahu se dirigió a la nación con un mensaje pre grabado. Siguiendo con su conocida tradición de demonizar a los medios de comunicación que lo critican, se refirió a los debates que se dan en los canales de televisión sobre distintos aspectos de la guerra. “¿Qué les pasa a ustedes, los que van a los estudios de televisión, a los voceros de la oposición? ¿En medio de una lucha existencial? Levanten la moral de nuestro lado, no del enemigo. Conéctense con el espíritu del pueblo, con el espíritu del heroísmo, de la victoria de nuestros grandes combatientes”.
Qué atrevimiento.
En los estudios de televisión, tal cual sucede en un país democrático, hay también críticas y se plantean dudas, pero es clarísimo el apoyo a la guerra y a la necesidad de derrotar al régimen de los Ayatolas en Irán. Eso es categórico y evidente. Y ese es también el mensaje del jefe de la oposición Yair Lapid. Pero Netanyahu nunca dudará en presentar a quienes lo critican como quienes sirven a intereses del enemigo.
“Nuestros grandes combatientes”, “nuestros héroes”-que realmente lo son- están furiosos por la situación, por el apoyo del gobierno al sector que no se enrola y no aporta a la defensa nacional. Eso no es parte del “espíritu de heroísmo” de nadie. Eso es un bochorno nacional.





