Santidad Autocreada - Nuestro Valor Infinito - El Secreto del Vendedor de Trigo - Préstamos sin Interés

No. 355
Horario de velas: 8de mayo en Montevideo 17:37
Parashá Behar-Bejukotái

SANTIDAD AUTOCREADA
Por Menajem Feldman
Muchos esperan que la inspiración venga de lo alto. “Si D-os realmente quisiera que siguiera la Torá”, argumentan, “pondrían en mi corazón un ardiente deseo de hacerlo”. “Si D-os considerara importante que dedicara tiempo al estudio de la Torá”, insisten, “entonces me sentiría naturalmente atraído por su sabiduría”. En efecto, están diciendo: “Si D-os quisiera que fuera santo, me habría santificado desde el vientre materno, sin ningún esfuerzo de mi parte”. Cuando piensan en la santidad, piensan en D-os descendiendo al Monte Sinaí para inspirar a un pueblo incapaz de inspirarse a sí mismo.
Es cierto que esta es una forma de santidad. Sin embargo, la forma más elevada de santidad es la que se crea por el hombre.
Al final del libro de Levítico, la Torá describe dos categorías de animales sagrados que deben ofrecerse en el Templo: el primero es el bejor, el primogénito; y el segundo, la última ofrenda del libro de Levítico, es el maaser, el diezmo.
Estas dos ofrendas representan las dos formas de santidad. La primera es impartida por D-os; la segunda, por el hombre.
El bejor es sagrado por ser el primogénito. No se requiere intervención humana. Como explica Maimónides:
"Es una mitzvá santificar un primogénito kosher y decir: 'He aquí, este es santo', como dice el versículo: 'Todo primogénito lo santificarás al Señor tu D-os'. Incluso si el dueño no lo santificó, se considera santificado automáticamente. Se santifica al nacer." (Mishneh Torah, Hiljot Bejorot 1:4)
La última ofrenda del libro, el maser, no es sagrada hasta que el judío la santifica personalmente. Como describe Maimónides:
"Debe reunir a todos los corderos o terneros nacidos ese año en un corral. Luego, hace una pequeña entrada para que no salgan dos al mismo tiempo. Coloca a sus madres fuera del corral, y ellas balan para que los corderos oigan sus voces y salgan a su encuentro. Esto es necesario, como lo indica el versículo que dice: 'Todo lo que pasa bajo el bastón', es decir, deben pasar por sí mismos; no se los debe sacar a la fuerza."
"A medida que salen del corral uno por uno, el dueño comienza a contarlos con un bastón: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve. El décimo animal que sale, sea macho o hembra, con o sin defecto, debe ser marcado con pintura roja, y el dueño debe decir: 'Este es el diezmo'". (Ibid. 7:1)
De todas las ofrendas del Templo descritas en Levítico, el libro culmina con la ofrenda del maser, precisamente porque su santidad depende del hombre. La persona no espera que D-os la inspire. Se le exige que tome medidas para cultivar la santidad. No puede confiar en que el cielo le envíe un primogénito, una dosis de inspiración ya preparada. Aquí debe reunir sus corderos y becerros, debe contarlos, debe aplicar la pintura roja. Está en sus manos. Al hacerlo, comprende que la santidad suprema se crea solo cuando él mismo genera la inspiración.
No esperes a que la inspiración venga de lo alto y llene tu corazón de pasión por D-os. Aunque no tengas ganas, cuenta tus ovejas y entrégale una a D-os: dedica un tiempo de tu día a santificarlo, úsalo para orar, estudiar la Torá o cumplir una mitzvá. Puede que no sea tan espectacular como la santidad que viene de lo alto, pero es lo que D-os considera más significativo.

NUESTRO VALOR INFINITO
[D-os le instruyó a Moisés que le diga al pueblo judío] “El sacerdote debe evaluar [al donante] de acuerdo a cuánto puede pagar.” (Vaikrá 27:8)
La riqueza del donante se evalúa de acuerdo a lo que posee actualmente, independientemente de si haya elegido hacer uso de toda su riqueza o sólo parte de ella. D-os nos evalúa de forma similar. Todos los judíos recibimos la Torá cuando nuestras almas estuvieron presentes en el Monte Sinaí, por lo que toda la Torá es nuestra herencia y posesión.
Por lo tanto, independientemente de cuánta Torá hayamos estudiado o internalizado, D-os nos considera espiritualmente ricos. Esta evaluación favorable que hace D-os de nuestra riqueza y valor se filtra a la consciencia de las demás naciones. Es por esto que los no judíos, sean conscientes de esto o no, tienen una profunda y alta estima por el pueblo judío.
Sin embargo, con sólo poseer una riqueza espiritual inherente no es suficiente; tenemos que hacer uso del infinito poder de la Torá para refinarnos a nosotros mismos y al mundo, al estudiar todos sus aspectos e internalizándola con el máximo de nuestra capacidad y más.
Séfer HaMaamarim Melukat, vol. 1, págs. 461-462.

Levítico (Vaikrá) 21:1 – 24:23
La octava sección del libro de Levítico abre con D-os indicándole a Moisés que les diga (Emor en Hebreo) a los sacerdotes mayores que eduquen a los sacerdotes jóvenes respecto de las leyes del sacerdocio. D-os le enseña dichas leyes a Moisés y luego le enseña las leyes relativas al ciclo de las festividades en el año judío
Levítico (Vaikrá) 25:1 – 27:34
La novena sección del libro de Levítico abre con Moisés escuchando la voz de D-os al pie del monte (Behar en Hebreo), ordenándole transmitir al pueblo judío las leyes de los años sabáticos y de Jubileo.
La décima y última sección del libro de Levítico abre con D-os prometiéndole al pueblo judío que si siguen Sus estatutos (Bejukotai en Hebreo), serán recompensados con riqueza material y bienestar. Lo opuesto también es verdad: al abandonar las leyes de D-os, perderán Sus bendiciones. A continuación, D-os le instruye al pueblo judío con respecto a qué, cómo, y bajo qué circunstancias pueden hacer donaciones al Templo o a los sacerdotes.

EL SECRETO DEL VENDEDOR DE TRIGO
Por Asharon Baltazar
La mayoría de los habitantes de Lublin dormían profundamente, pero su venerable rabino apenas se percataba del tiempo. El Rabino Shlomo Luria se encontraba en una de las sinagogas, absorto en el estudio de la Torá, con la mirada fija en el libro que tenía delante. El silencio absoluto de las últimas horas se vio interrumpido de repente por un leve ruido. El Rabino Shlomo interrumpió su estudio y escuchó, intentando identificarlo. Aunque suave y tenue, lo reconoció rápidamente como el sonido del estudio de la Torá que provenía del piso de abajo, un pensamiento que hizo que el Rabino Shlomo se enderezara un poco.
Debajo de la sinagoga se encontraba la pequeña tienda donde Reb Avraham Kashi vendía verduras y trigo sarraceno (kasha) a los habitantes del pueblo, lo que le valió el apodo de Kashi. Reb Avraham era conocido por ser un judío amable pero sencillo y casi analfabeto, apenas capaz de seguir las oraciones o leer los Salmos.
El Rabino Shlomo se acercó a la ventana abierta, desde donde pudo distinguir que era la voz de Reb Avraham, quien explicaba el texto con una claridad tan asombrosa que las complejidades talmúdicas se desentrañaban casi sin esfuerzo. Durante varios minutos, el Rabino Shlomo permaneció absorto junto a la ventana, saboreando el hecho de que, sin que nadie en Lublin lo supiera, un genio excepcional se encontraba recluido bajo la sinagoga.
Al día siguiente poco después de las oraciones matutinas, el Rabino Shlomo solicitó que Reb Avraham compareciera ante él.
- “Lo he llamado aquí por una dificultad que surgió durante mis estudios. No he podido encontrar una respuesta, así que espero que pueda ayudarme”.
- “¿Es una broma?”, frunció el ceño Reb Avraham. “Es inútil buscar tales respuestas en un simple como yo”.
El Rabino Shlomo intentó convencerlo de que abandonara el velo de la ignorancia, pero Reb Avraham se removió incómodo, descartando la sugerencia como ridícula. Pero el Rabino Shlomo no se dio por vencido. Siguió insistiendo hasta que Reb Avraham, con la cabeza gacha, accedió a echar un vistazo. El Rabino Shlomo le deslizó el Talmud. Tras hojearlo con cierta reticencia, Reb Avraham levantó la vista y ofreció una explicación original. El Rabino Shlomo la rebatió de inmediato, y ambos debatieron durante un rato, elaborando, aclarando y sintetizando hasta llegar a una conclusión mutuamente satisfactoria.
Aunque el intercambio dejó al Rabino Shlomo radiante, preocupó mucho a Reb Avraham. Su secreto ya no era solo suyo. Le suplicó al Rabino Shlomo que no lo revelara, y este accedió, aunque le dolía el corazón ver a un erudito tan excepcional languideciendo como vendedor de trigo sarraceno.
Pero, fiel a su palabra, su secreto perduró durante los años siguientes. De vez en cuando, se reunían a altas horas de la noche para estudiar juntos, pero su relación nunca fue más allá de eso. Poco antes de su muerte, el Rabino Shlomo redactó su testamento, y llegado el momento, los ancianos de Lublin lo abrieron y descubrieron a su sucesor recomendado: Reb Avraham Kashi, el vendedor de trigo sarraceno.
Completamente desconcertados, los ancianos se acercaron a Reb Avraham. Con la esperanza de obtener una respuesta, le informaron de la designación de su rabino, pero él simplemente se encogió de hombros, reafirmando que era un judío sencillo. A pesar de su confusión, creían que la consideración del Rabino Shlomo por el futuro de Lublin era de gran importancia, y siguieron insistiendo hasta que, para su inmenso alivio, Reb Avraham accedió.
- “Mi consentimiento se basa en tres condiciones”, explicó. “Primero, mi salario no provendrá de los fondos de la comunidad, ya que pretendo mantenerme por mi cuenta. Segundo, en lugar de sentarme con todos los notables al frente de la sinagoga, seguiré ocupando mi lugar entre la gente común, al fondo. Tercero, pueden llamarme moreinu (“nuestro maestro”), pero no aceptaré el título honorífico moreh moreinu (“maestro de nuestros maestros”).
Sin otra opción, los ancianos aceptaron las condiciones de Reb Avraham. Con el tiempo, su sabiduría y erudición se hicieron evidentes, y la comunidad ideó formas creativas de mostrar respeto a su líder, sin dejar de cumplir con sus tres condiciones.
Cuando Reb Avraham abría la tienda cada mañana, los miembros de la comunidad compraban inmediatamente toda su mercancía para que pudiera dedicar el resto del día a los asuntos importantes de la comunidad. En lugar de trasladar su asiento al frente de la sinagoga, el resto de los rabinos y líderes laicos de Lublin volvieron a colocar los suyos en la congregación, junto al suyo. Incluso el título honorífico que había aceptado se volvió único, ya que a todos los demás rabinos se les llamaba simplemente javer (“compañero”).
Reb Avraham Kashi nunca se acostumbró al honor que se le brindaba y se comportó con la misma modestia de siempre. Antes de morir, pidió ser enterrado cerca de las afueras del cementerio, junto a su padre, un hombre sencillo y sin instrucción. También pidió que no se construyera una gran estructura sobre su tumba.
Tanto en la muerte como en la vida, sus instrucciones fueron debidamente respetadas.

PRÉSTAMOS SIN INTERÉS
Dar un préstamo sin interés no es solamente un acto de bondad sino que es una mitzvá (Shemot 22:24). ¿Por cuánto? Tanto como el que pide prestado necesite y tanto como puedas prestarle. Si él necesita y pide, y tú se lo niegas, sus clamores se dejan oír en el cielo, y eso es muy peligroso. Pero si le das ese préstamo, "llamarás y D-os responderá; clamarás y Él dirá: ‘Aquí estoy’" (Isaías 58: 9).
Dar préstamos sin interés es la forma más alta de tzedaká (caridad), mucho más grande que dar donaciones. Estas pueden preservar la vida un día, pero el préstamo preserva ese sentido necesario de autosuficiencia para que esa persona pueda volver a valerse por sí misma. Es por eso que cada comunidad judía tiene que mantener por lo menos una sociedad de préstamos sin interés.
¿Qué ocurre si alguien que no es una persona necesitada quiere recibir un préstamo para ganar más dinero? Tal vez, no sea tan grande, pero de todos modos sigue siendo una mitzvá. A diferencia de la tzedaká, los préstamos sin interés son tanto para los pobres como para los ricos.
Algunos detalles de importancia:
• No concedas el préstamo si piensas que el dinero va a ser despilfarrado, y esa persona no va a tener los medios para devolverlo.
• Está expresamente prohibido que dos judíos negocien en absoluto un préstamo que implique alguna forma de interés. Si el préstamo es con fines financieros, puede establecerse un contrato halájico, según el cual el que dio el préstamo se hace socio del negocio, otorgándole de ese modo derechos sobre parte de las ganancias. Consulta con un rabino para facilitar dicho procedimiento.
• No presiones al deudor si sabes que no puede pagarte la deuda. Ni siquiera deberás aparecer ante él, aunque no le pidas nada, para que él no sienta miedo ni vergüenza.
• En los años sabáticos, se cancelan todos los préstamos; pero hay una forma de evitar que se invaliden los préstamos que diste.
• No se debe conceder ningún préstamo sin testigos o sin un contrato por escrito.
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Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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