Con Mensahe Shemesh, investigador de Oriente Medio,ex miembro del sistema de seguridad
P: Auque es un tanto prematuro resumir la guerra contra Irán ¿qué le parece clave mencionar? Yo siento que la diferencia entre lo prometido o anunciado en cuanto a los logros de la guerra , ya en la anterior en junio, y el hecho que ahora en febrero hubo que atacar de nuevo a Irán y que Irán no cayó rápidamente, dejó a la ciudadanía con sabor amargo. Y mucha gente no entiende qué es lo que pasó. ¿Cómo lo ve?
R: Es realmente pronto para analizar, pero si me preguntas a modo de primeras reflexiones sobre lo que siento respecto a esta guerra, creo que hay una dimensión de logros tácticos y militares extraordinarios, pero percibo una clara sensación de oportunidad perdida en cuanto al potencial que nos habían prometido. Hay una brecha enorme entre los primeros días eufóricos del inicio de la guerra y esos objetivos iniciales, frente a lo que vemos ahora. Como muchos otros, miro el panorama general y digo: al final, incluso si eliminamos al líder supremo el Ayatolla Ali Khamenaí o a los comandantes de la Guardia Revolucionaria uno tras otro- logros fenomenales- hay que preguntarse , pero ¿qué hemos obtenido realmente de eso? ¿Alcanzamos los objetivos? En este punto, antes de que se agote la negociación entre americanos e iraníes, tengo una sensación de decepción frente a las metas con las que salimos.
P: ¿Cómo se originó este problema?
R: Creo que el pecado original estuvo en la definición de los objetivos. No niego que Israel, en algún momento, debía enfrentar militarmente a Irán; eso era inevitable. Incluso creo que había información sólida de que los iraníes estaban a punto de alcanzar la bomba, llevando su uranio del 60% al 90%. Pero la meta de "derrocar al régimen" fue un error estratégico de primer nivel por ser demasiado pretenciosa. No puedes derrocar a un régimen tan arraigado usando solo a las minorías kurdas, baluchis o árabes que están en la periferia. Irán es un país geográficamente inmenso y montañoso; estas minorías no tienen la masa crítica de soldados para barrer el país desde los márgenes. Podían sacudir al régimen en sus zonas, pero se debería haber previsto que no funcionaría para derribarlo por completo.
P: ¿Tenía alguna importancia aferrarse de la esperanza en la figura de Reza Pahlavi, el hijo del fallecido Shah?
R: No entiendo cómo confiaron en alguien que carece de carisma, de ejército y de una posición combativa armada dentro de Irán. Él es el hijo de un monarca que fue expulsado porque el pueblo no lo soportaba. Si miramos los hechos, hubo ministros en nuestro gobierno, como Gila Gamliel, que lo trajeron a Israel y lo declararon una y otra vez como el futuro líder. Incluso el New York Times publicó que su nombre surgió en reuniones cruciales con Trump. Pero el régimen iraní desprecia esa posibilidad y se burla diciendo: "¿Esto es lo que tienen para ofrecer?". Fue una falta de realismo que hoy nos pasa factura en la moral nacional.
P: ¿Está terminado el sueño de la caída del régimen?
R: No. Quiero decir algo con total honestidad. Podemos criticar la guerra en este punto, y hoy no se ve tan bien en cuanto al logro de todos los objetivos, especialmente el del régimen. Pero el tiempo puede hacer su trabajo. Si pasa el tiempo y hay un acuerdo que haga que Trump baje de la escalera a la que se subió, o que los iraníes bajen de la suya, entonces, cuando el pueblo iraní vea el peso de su economía colapsada, podría haber corrientes internas que finalmente derroquen al régimen, y eso sí será gracias a lo que se ha logrado ahora. Es decir, no se puede decir que no logramos los objetivos por completo; hay que tener en cuenta que en uno o dos años, todos los que dicen "nuestro objetivo es derrocar al régimen", dirán: "¿Vieron? Se los dijimos, el régimen está cayendo". Eso puede pasar. Hay que mirar la imagen completa .
P: Hablemos de liderazgo. ¿Cómo ve el desempeño de Netanyahu en esta crisis? Meses atrás un alto oficial retirado lo tildó de cobarde en una entrevista que me concedió, diciendo que durante mucho tiempo se abstuvo de tomar las decisiones bélicas necesarias tanto contra Hamas como contra Irán. Evidentemente hay otras visiones totalmente distintas.
R: Tengo muchas críticas hacia él, pero no creo que sea un cobarde. El problema con él es que no sabe —o quizás no quiere— cómo traducir todos los logros militares y de seguridad para cerrar el círculo de forma que beneficie al Estado de Israel a largo plazo. Un error grave fue haber desafiado a los Demócratas en el pasado en el tema de Irán; eso nos dejó dependiendo exclusivamente de Trump.
P: Y esa dependencia es un "abrazo de oso". Trump ha ayudado inmensamente a Israel, yo hasta diría que los secuestrados volvieron en octubre gracias a él, pero se impone, decide por Israel. A menudo en forma humillante. ¿Por qué cree que Trump detuvo la guerra tan de repente con ese alto el fuego? ¿Es una estrategia para confundir o simplemente falta de coherencia?
R: Trump quería una guerra corta. Pensó que entraría en Irán como en Venezuela, con comandos, quitaría el uranio y se iría. Cuando la guerra se prolongó y su popularidad en su país bajó porque los ciudadanos no sienten esa guerra como propia, buscó una salida. Y hay un factor que no debemos subestimar: el Mundial de fútbol. Falta muy poco para que empiece y Trump quiere estar en el palco de honor, con Gianni Infantino, presentándose como el hombre que trajo la paz. Su prioridad absoluta ahora es el Estrecho de Ormuz; si se abren los estrechos y se estabiliza la economía, para él la guerra terminó. Firmará un acuerdo que parezca mejor que el de Obama, probablemente transando en los plazos nucleares pero exigiendo que el uranio salga de Irán hacia Rusia.
P: Pero si ese acuerdo no incluye los misiles balísticos ni el control de los proxies como Hezbolá, ¿qué le queda de logro a Israel? ¿Estará Israel obligado a aceptar un pacto que lo deja vulnerables? O sea, está claro que se asestó un duro golpe a Irán, pero no menos claro está que aún les queda no poco de su arsenal.
R: Ese es el gran riesgo. Es muy probable que el acuerdo sea "anémico" en esos temas. Irán no va a ceder sus misiles porque los considera su única defensa real. Nosotros estaremos atados de manos diplomáticamente porque no podremos atacar a Irán justo después de que nuestro gran aliado firme un tratado. El problema de los misiles no tiene una solución militar a corto plazo; nos acompañará durante años. La verdadera esperanza es que el régimen colapse desde dentro por su propia crisis económica.
Los países árabes atacados por Irán
P: ¿Le sorprendió que Irán haya atacado a países árabes vecinos? Es que está claro que no fue sólo a bases estadounidenses en sus territorios sino a blancos civiles de esos países.
R: Yo diría que sí, me sorprendió. Sabía que serían atacados, era un escenario probable, pero no a esta escala. Fue una agresión de una brutalidad y una agresividad que superó cualquier proporción de los cálculos o escenarios que los países del Golfo habían previsto para sí mismos. Fue tan dramático que dejó en shock a los países del Golfo, a nosotros y también a los estadounidenses. Nadie esperaba tal nivel de agresividad masiva.
P: En términos cuantitativos, el ataque contra ellos fue incluso más masivo que el que lanzaron contra Israel…
R: Por supuesto. Los Emiratos Árabes Unidos estuvieron en el primer lugar de la lista de objetivos. Fue una lluvia de fuego constante, más que nada contra objetivos civiles, muy especialmente en Dubai. Y esto tiene explicaciones muy profundas. Si analizamos a Kuwait, Catar, los saudíes u Omán, vemos que allí sí se centraron más en bases americanas o instalaciones estratégicas de energía, electricidad o plantas desalinizadoras, lo cual ya es una locura. Pero en Bahréin y en Dubái, bajo la excusa de atacar hoteles donde supuestamente se alojaban oficiales americanos, bombardearon libremente zonas turísticas y hoteles de lujo.
P: ¿Por qué esa fijación con Bahréin y Dubái en particular?
R: En Baréin la razón es demográfica y política. Es un país muy pequeño donde la mayoría de los habitantes son chiíes, pero la casa real es una minoría suní. Desde la Primavera Árabe de 2011, los iraníes aspiran a provocar allí un golpe de Estado y mantienen células durmientes activas. La mayoría chií está en un estrato socioeconómico bajo y oprimida; las élites suníes controlan la riqueza y el ejército. Bahréin sufrió mucho en este ataque. Luego están los Emiratos, que es una historia más larga. Tienen conflictos históricos por islas, pero sobre todo, Irán envidia su economía próspera frente a la miseria iraní. Además, los Emiratos se han acercado mucho a EE. UU. e Israel, no solo en lo económico sino en lo militar.
P: Se publicó que Israel envió una batería de la Cúpula de Hierro allí, con soldados que la manejen, algo histórico. ¿Eso fue una respuesta directa a esta vulnerabilidad?
R: Así es. Según se publicó, Muhamad bin Zaid, el gobernante de los Emiratos, llamó personalmente a Netanyahu y le pidió ayuda. Fue una decisión excelente de Israel enviar la Cúpula de Hierro. Se dice que ha interceptado muchísimos misiles Hay una cooperación militar increíble entre los Emiratos e Israel, y eso enfurece a los iraníes a un nivel personal.
P: ¿Y qué hay de la estrategia iraní para dividir a los Emiratos internamente?
R: Eso es fundamental. Hay una diferencia enorme entre Dubái y Abu Dhabi; cada una está gobernada por una tribu diferente. Abu Dhabi, por la familia Al Nahyan, controla el 87% del territorio y los grandes fondos de inversión; son los que marcan la línea dura. Dubái, gobernada por los Al Maktoum, siempre ha sido más moderada y comerció con Irán. Los iraníes usaban sus puertos y bancos. Ahora, Irán bombardea Dubái específicamente para meter una cuña entre las dos familias. Quieren que el Emir de Dubái le diga al Presidente en Abu Dhabi: "Basta, deja de ser tan determinante contra Irán, estás paralizando mi economía y mi turismo". Es una táctica de presión psicológica muy clara.
P: Y no podemos olvidar la guerra por el estrecho de Ormuz
R: Exacto. Por Ormuz sale el 20% del petróleo y gas líquido del mundo. Ahora está bloqueado por la guerra. Pero los Emiratos tienen un oleoducto terrestre que llega hasta el Golfo de Omán, saltándose el estrecho. Pueden seguir exportando mientras Irán está asfixiado. Por eso Irán bombardea instalaciones como Fujairah o Habshan: les dicen "si nosotros no exportamos, ustedes tampoco". Es pura envidia y estrategia de sabotaje económico.
P: Con todo esto, ¿podemos decir que estos países ahora ven a Israel como su aliado natural frente al enemigo común?
R: Es una pregunta interesante, pero la imagen no es tan clara. Hay que recordar que los Emiratos y los saudíes entraron en esta guerra en medio de una rivalidad muy fuerte entre ellos por la hegemonía en Yemen, Sudán y en lo financiero. Los saudíes se alejaron de la normalización con nosotros por lo de Gaza, mientras que los emiratíes demostraron una lealtad enorme, manteniendo vuelos y relaciones. Pero los saudíes nos miran y piensan: "Estos israelíes están locos, hoy atacan a los iraníes y mañana vendrán por nosotros". Además, para la mentalidad beduina, si tú vas con mi rival (los emiratíes), no puedes venir a decirme que eres mi amigo.
P: Y en cuanto a la reacción a los ataques iraníes el Golfo ha estado dividido ¿verdad?
R: Totalmente. Tienes tres grupos. El grupo "sumiso", que son Catar y Omán: por mucho que les peguen, seguirán siendo discretos y cediendo ante Irán porque son débiles y temen quedarse solos cuando EE. UU. se retire. Luego están los "decididos", Bahréin y los Emiratos, que han apostado por la determinación y la alianza con nosotros porque saben que su supervivencia depende de ello. Y en medio está Arabia Saudí: quieren que el régimen iraní caiga, pero no quieren participar físicamente en ataques ni en flotas. Mantienen el diálogo con Teherán porque dicen: "Los iraníes están aquí para quedarse, EE. UU. se irá y nosotros tendremos que convivir con ellos".
P: ¿Y qué hay de la percepción de Israel? ¿Israel no ha ganado puntos como protector regional?
R: No necesariamente. A veces nuestro uso de la fuerza se percibe de forma negativa. Para que realmente nos vean como un aliado a largo plazo, Israel debe mostrar "sabiduría política". No basta con ser una potencia militar; debemos ser capaces de ofrecer una visión regional estable, incluyendo una solución a la cuestión palestina. Si solo somos "Esparta", los países árabes nos usarán cuando nos necesiten pero nos temerán siempre. La meta debe ser construir una red diplomática que haga que el régimen iraní colapse por su propio peso, mientras nosotros nos integramos de verdad en la región.
P: Fascinante. Qué complejo analizar todo…
R: Así es. Es un equilibrio muy delicado. Irán se ha debilitado, pero su capacidad de asustar a sus vecinos sigue siendo su mejor arma. Dependerá de nosotros si sabemos ser socios diplomáticos además de ser un escudo militar.
P: Muchísimas gracias Menashe.
R: A ti por el interés.





