Hemos tenido el gusto de entrevistar ya en otras ocasiones al Rabino Birnbaum, siempre con temas y anécdotas interesantes sobre sus viajes por el mundo judío, el muy conocido y el que hay aún que descubrir. Pero esta conversación abarca una diversidad de temas que creemos la hacen especial.
La publicamos en dos partes.

Algunos datos
Eliahu Birnbaum nació en 1958 en Paysandú. Es rabino, juez rabínico, autor e investigador de las comunidades judías.
Estudió en la Yeshivá Har Etzion y realizó sus estudios de Pensamiento Judío en la Universidad Hebrea de Jerusalem e investigación doctoral en el Departamento de Filosofía Judía de la Universidad de Bar-Ilán.
Cumplió su servicio militar como capitán y oficial en la División de Tanques, con participación activa en la Primera Guerra del Líbano, en la batalla de "Sultán Yaakov".
El Rav Birnbaum dirige el Instituto Straus-Amiel, perteneciente a Or Torah Stone, dedicado a la formación de rabinos y educadores para el servicio en comunidades judías de la diáspora. Su labor incluye la búsqueda de las tribus perdidas de Israel y de los descendientes del pueblo judío en todo el mundo, así como su fortalecimiento y acompañamiento.
Es conocido por sus viajes a través del mundo judío y se lo reconoce como "judío global", "rabino global" y "el Indiana Jones judío", en virtud de sus numerosos y fascinantes viajes a comunidades dispersas por todo el mundo, incluyendo tribus perdidas y grupos marginados del pueblo de Israel.
Se desempeñó anteriormente como Gran Rabino de Uruguay y de Turín, Italia, y como juez en el Tribunal de Conversión del Rabinato Principal de Israel. Asimismo, actúa como rabino responsable de la verificación del estatus judío en la administración de los tribunales rabínicos para los países de América Latina, España, Portugal e Italia.
Habla varios idiomas: hebreo, español, inglés, portugués, idish e italiano. Ha publicado varios libros: La Torá no está en el Cielo, Más allá del versículo, ¿Qué es Kashrút?, Antología del Pensamiento Judío, Guía para la conversión, Guía para el doliente, Yehudi Olami — El Judío Mundial, Rab Olami — Rabino mundial, Travesías al mundo judío, entre otras.
Los premios
Recientemente el Rabino Birnbaum recibió el premio Katz que se otorga a personas e instituciones dedicadas a la aplicación y el funcionamiento de la Halajá, la ley religiosa judía, en la vida moderna, tanto en obras escritas como en proyectos prácticos. Se concede en Israel desde 1975 por la Fundación Katz de México. Este año se celebró la entrega del premio número 50 y fue entregado en la casa del presidente Isaac Hertzog y esposa al Rabino Birnbaum y otros galardonados.
Y dentro de poco le será el Premio Jerusalem a la Unidad de Israel, otorgado por el gobierno, presidido por el ministro Nir Barkat, en memoria de los jóvenes asesinados en el 2014 por terroristas, Gilad Michael Shaer, Yaakov Naftali Frenkel y Eyal Yifrach.
P: Cuando se piensa en tu labor, muchos la asocian con el trabajo con comunidades alejadas del mundo judío. ¿Te parece correcto decir que este es uno de los aspectos más destacados de tu actividad?
R: En realidad, mi trabajo y mi visión están dedicados no solamente a comunidades pequeñas o alejadas, sino a Am Israel, al pueblo de Israel en su conjunto. Me permito decir, con toda la humildad, que es una visión estratégica: cómo fortalecer al pueblo judío, cómo pensar y qué hacer para asegurar su futuro.
Sin duda, la historia del pueblo judío es fascinante, pero yo considero que el futuro judío tiene que ser aún más fascinante que su historia. Por eso trabajo, en general, con Am Israel en forma global.
Dentro de esa actividad con el pueblo de Israel, trabajo con comunidades grandes y con comunidades pequeñas. Trabajo con comunidades en Francia y en Canadá, pero también con comunidades pequeñas en Polonia y en Guatemala.
Y lamentablemente, soy uno de los pocos rabinos —prácticamente el único— que se ocupa del retorno de las tribus perdidas de Israel. No solamente por lo fascinante que hay en este tema, sino porque realmente veo a las tribus perdidas de Israel como un elemento central en la fortaleza del pueblo judío.
En definitiva, yo diría que mi misión es buscar no solamente tribus perdidas, sino buscar judíos, buscar almas judías alrededor del mundo. A veces llego a comunidades que tienen 100.000 personas, y a veces a comunidades que tienen una sola persona. Para mí es fundamental mirar no solamente los números, sino a las personas y a las almas del pueblo judío.
P:¿Sientes que tu trabajo representa, en cierta medida, el valor de unir y acercar comunidades?
R: Sin duda. Veo mi trabajo como un intento de unificar al pueblo judío. Y para eso, primero hay que trabajar con una visión que no sea egoísta, sino altruista; no trabajar con el pueblo judío desde una perspectiva autoritativa, de arriba hacia abajo, sino sentir que el pueblo judío es un pueblo en el que estamos unos al lado de otros.
Los rabinos no tenemos más autoridad ni más fuerza que cualquier otra persona judía. Estamos todos en el mismo campo de batalla: el campo de batalla que es la continuidad del pueblo judío.
Así como cuando los soldados salen a la guerra lo hacen todos juntos —en hebreo decimos "Katef el Katef", hombro con hombro—, los oficiales junto a los soldados, de la misma manera, en ese campo de batalla estamos todos unos al lado de otros. No quiere decir que somos todos iguales. Podemos tener diferentes opiniones, visiones, filosofías y estilos religiosos, y aun así debemos sentir la pertenencia el uno hacia el otro. Todos tenemos que asumir una responsabilidad mutua.
P: Tu historia personal combina diferentes mundos: tus orígenes en Uruguay, tu vida en Israel, tu servicio en el ejército, y el hecho de que tus hijos y nietos también han servido en la reserva. ¿Cómo ves esta combinación entre tu labor global y tu compromiso personal con el Estado de Israel?
R: Tuve el privilegio de haber hecho aliá desde Uruguay a los 13 años, después de la bar mitzvá. Y habiendo nacido y crecido en una comunidad sionista, en una familia sionista, prácticamente toda mi historia personal nace y se desarrolla desde Uruguay hacia el Estado de Israel como ciudadano israelí.Por otro lado, tuve y tengo el privilegio de viajar constantemente a comunidades del mundo, de Oriente a Occidente, en países conocidos y países desconocidos, en comunidades pequeñas y comunidades vibrantes. Eso me da una visión general del pueblo judío.
Quien no conoce los diferentes colores del pueblo judío, a veces ve una comunidad y se asusta. Pero quien conoce el arcoíris de colores del pueblo judío puede ver en esos colores precisamente eso, un arcoíris.
Mi visión sobre el pueblo judío está, además, totalmente ligada a mi visión sobre el Estado de Israel. El Estado de Israel es el corazón, es el pulmón de Am Israel. Yo no veo ninguna separación entre el Estado y el pueblo de Israel. Los dos van de la mano.
Si tuviera que definirme en forma personal, diría, muy simplemente, que me defino como un judío orgulloso y como un israelí orgulloso. Y parte de ese orgullo es trabajar con el mundo judío y servir al Estado de Israel.
Hoy tengo el privilegio y el orgullo de que tres de nuestros nietos mayores sirven en el ejército. Uno es capitán de tanques, como lo fui yo en el pasado. El segundo es experto en explosivos. Y el tercero está en una unidad tecnológica de desarrollo de armamentos. Dos de ellos, en el momento de esta entrevista, están sirviendo en el Líbano.
P: Así que junto al orgullo tiene que haber preocupación.
R: Por supuesto. Para mí es, sin duda, una preocupación tener nietos en el frente, pero también es parte de un orgullo. Un orgullo que demuestra que la historia de Israel se repite: 40 años después de que yo fui capitán de tanques, lo es mi nieto. 40 años después de que yo estuve en una guerra en el Líbano, mis nietos están en una guerra en el Líbano para defender a Israel. La historia del pueblo judío es una historia cíclica, en el pasado y en el presente.
P: Es un encare optimista, pero también podríamos preguntarnos cuándo se termina esto, por qué hay que seguir luchando. Pero en fin, no ahondemos ahora en eso. Eliahu ¿consideras adecuada la expresión "tribus perdidas", o es más preciso hablar de comunidades alejadas o distantes? ¿Cómo definirías tú este fenómeno?
R: Hoy en día no tenemos un registro exacto o claro de los 17 millones de judíos en el mundo. Todo está basado en estadísticas e investigaciones, pero no podemos golpear la puerta de los 17 millones de judíos ni enviarles un mensaje personal a cada uno.
Más aún, las investigaciones sobre las comunidades judías del mundo, y especialmente en Estados Unidos, indican que el 51% de los judíos americanos son unaffiliated, es decir, no están afiliados a ninguna comunidad. El 50% de los 6 millones de judíos americanos están desconectados.
En ese sentido, tenemos que realizar un trabajo verdaderamente estratégico de conectar a más y más judíos con el pueblo judío, de descubrir judíos que están ocultos —judíos que a veces saben que son judíos y a veces no lo saben—, judíos que tienen identidad judía y judíos que son hijos de madre judía pero no tienen conocimiento de su origen.
Hay diferentes grupos y categorías, y nuestra misión es trabajar con todos ellos: acercar a descendientes del pueblo judío a su propia identidad, conectarlos al judaísmo, de tal manera que no continúe esa situación en la que un gran porcentaje del pueblo judío no está afiliado ni a comunidades ni a otros centros comunitarios judíos.
P: A lo largo de tu experiencia, ¿podrías compartir algunos hitos o momentos que te hayan sorprendido especialmente en tu encuentro con estas comunidades?
R: Dentro de estas categorías de comunidades alejadas o perdidas, están hoy también aquellas comunidades, personas o tribus que tienen raíces judías y aún no forman parte integral del pueblo judío.
Yo personalmente veo el fenómeno de las tribus perdidas de Israel —el famoso tema de The Lost Tribes—, aquellas tribus que salieron a la diáspora antes de la destrucción del Primer Templo de Jerusalén, en el año 786 antes de la era común, hace 2.800 años, no solamente como una realidad histórica o folclórica, sino como algo real que tenemos que retomar. Tenemos que buscarlos, tenemos que ayudarlos a reintegrarse al pueblo judío.
Me refiero, por ejemplo, al fenómeno de los descendientes de marranos, los Bnei Anusim, en España, en Portugal, en el sur de Italia y en algunos lugares de América Latina. Me refiero también a la tribu de Menashe en la India, a la tribu de Efraim en la India, a la tribu de Dan —nuestros hermanos judíos etíopes—, a los descendientes de los judíos de Kaifeng en China, y a los sobotniks en el sur de Rusia, rusos que hace 200 años se convirtieron al judaísmo en tiempos del Zar.
Y así, más y más grupos que con el tiempo vamos descubriendo. Muchas veces ellos mismos se autodescubren y se contactan con nosotros para conocer mejor sus orígenes judíos y encontrar el mejor camino de conexión al judaísmo.

P: ¿Qué casos concretos destacarías que te hayan impactado profundamente por las condiciones en las que estas personas mantienen su judaísmo o buscan acercarse a él?
R: Uno de los aspectos más impactantes en la visita a comunidades alejadas o perdidas es llegar y encontrar que, después de centenares o miles de años, a pesar de haber estado totalmente separadas de las enseñanzas judías y sin rabinos, siguen manteniendo tradiciones judías.
Por ejemplo, cuando visité la tribu de Menashe, me encontré con nietos de Cohanim, nietos de sacerdotes. Los Cohanim vivían dentro de cada una de las tribus en la tierra de Israel antes del exilio. En la tribu de Menashe también vivían Cohanim, y cuando la tribu salió al exilio, los Cohanim salieron junto con ella. En la diáspora, ellos eran los maestros, los rabinos, los encargados de la educación y de la vida religiosa.
Cuando llegué a la India, los nietos, bisnietos y tataranietos de esos Cohanim —estamos hablando de generaciones enteras— sabían mostrarme, y me hicieron toda una presentación, de cómo sus abuelos realizaban los sacrificios. No solamente los sacrificios en general, sino específicamente el korban de Pésaj. De la misma manera en que está escrito en la Torá, la tribu de Menashe seguía realizando el korban de Pésaj, no con un cordero sino con un ave, por falta de corderos, pero con las mismas costumbres y el mismo estilo.
Tengo el privilegio de tener en mi oficina la vestimenta original de los Cohanim de la tribu de Menashe. Así se transmitía la tradición de generación en generación.
Lo mismo podemos encontrar en la comunidad de Belmonte, una comunidad de Bnei Anusim, de marranos, que existió durante centenares de años en el norte de Portugal. Se ocultaban de los tribunales de la Inquisición, pero seguían manteniendo una vida judía dentro del hogar: preparaban matzot para Pésaj en los sótanos, pronunciaban oraciones en portugués que se transmitieron de generación en generación, y encendían las velas del Shabat dentro de las paredes de las casas, en forma oculta.
El secreto del pueblo judío, y lo verdaderamente impactante en estas visitas, es ver la continuidad de sus tradiciones a través de los siglos.
Apretando aquí puedes acceder a la segunda parte de la entrevista.





