Una Nación Solitaria - Haciendo lo que No es Nuestro Trabajo - El Rabino, el Sastre y el Zar - Bendiciones Miscelaneas

No. 363
Parashá Jukat-Balak
Horario de velas: viernes 26 de junio en Montevideo 17:24

UNA NACIÓN SOLITARIA
Por Shimon Posner
¿Eres una persona de estadísticas? No importa, ya has visto o escuchado algo como esto antes: La tierra de Israel representa el .000001% de la masa terrestre de la Tierra. Israel (los judíos) equivale al cero coma cero-cero-cero-oy-vey de la población mundial. El 45% de las condenas de las Naciones Unidas han sido dirigidas a Israel.
Conozco a una mujer que se crió en un hogar sionista activista en las décadas de los treinta y cuarenta. Ella cuenta cómo semanalmente, a veces todas las noches, había reuniones por la causa que se prolongaban hasta altas horas de la noche. Me cuenta cómo su padre estuvo allí el día en que se izó la bandera de Israel por primera vez en la ONU, y cómo lloró.
Ese era el pensamiento entonces, que finalmente "tomaríamos nuestro lugar que por derecho nos corresponde entre la familia de naciones". ¿Qué pasó?
Estados Unidos ha cambiado un poco, y con él el mundo. La homogeneidad ya no es el ideal; el particularismo ya no es el paria. Por lo tanto, nos resulta difícil ponernos en su lugar, en esa época, después de los acontecimientos de esa década.
"Somos diferentes, pero también estamos orgullosos de esa diferencia". Acabo de parafrasear a una joven adolescente que escribía en su diario. Entre relatos sobre las peleas con su hermana mayor y el descubrimiento del chico de al lado, ella se adentra con encanto en lo que significa para ella ser judía. Más tarde fue asesinada por ser judía, pero las palabras que Ana Frank escribió estando escondida iluminan una claridad que entonces era dolorosa y que se quería ignorar.
La historia del Holocausto (a menudo dos párrafos de un libro de texto escolar) dice: "Seis millones de judíos fueron asesinados, al igual que gitanos, artistas, polacos, comunistas...". Había un consuelo implícito en eso: no fuimos los únicos señalados.
Pero, por supuesto, somos señalados, incluso después de que los hornos de Oswiecim están fríos. Esas cifras de la ONU no nos hacen sentir cómodos.
"Am levadad yishkon - una nación que habita sola - uvagoyim lo yitjashav - y entre las naciones no son contados." (Bamidbar 23:9)
Un adivino (palabra antigua que significa "editor principal") fue contratado para maldecir a los judíos ("maldecir" es una palabra arcaica para "denunciar"), pero en cambio sus palabras, relatadas en la sección de la Torá de esta semana, surgieron como una fuerza de bondad.
La nación habita sola, y esta pequeña nación (más bien una familia de proporciones mundiales) dio origen a las civilizaciones del cristianismo y el islam, casi tres mil millones de personas, un absurdo numérico cuando lo piensas.
Pero piénsalo: si esta familia hubiera dejado de ser un pueblo aparte en su primer milenio de existencia, no habría existido ni el cristianismo ni el islam. El curso de la historia se ha desarrollado únicamente debido al particularismo de esta familia.
El destino es la historia sin la perspectiva del tiempo. Desde una perspectiva atemporal, el destino es tan convincente como la historia. Y lo que queda eminentemente claro por la ONU: el mundo nos está observando. Históricamente, eso es lo lógico que deben hacer. Pero desconcierta al judío. "A solas, nos sentimos muy comunes", dijo uno después de la guerra del 67, "solo un montón de pagos de hipotecas, facturas y mandados. Pero juntos, grandes cosas parecen suceder a través de nosotros y a nuestro alrededor".
Am levadad yishkon, una nación habita sola. De formas que no siempre podemos apreciar, ese habitar es un beneficio para nosotros y para el mundo. La historia lo atestigua, aún cuando no lo explica. Que el destino haga eso por nosotros, y hasta entonces, que hagamos nuestro trabajo.

HACIENDO LO QUE NO ES NUESTRO TRABAJO
"La comunidad no tenía agua, por lo que se congregaron contra Moshé y Aharón." (Bamidbar 20:2)
El alimento nutre el cuerpo, pero el cuerpo necesita agua para absorber los nutrientes de aquel. De forma análoga, el “alimento” del alma es la Torá y su “agua” es la capacidad de la Torá para influir en todas las facetas de nuestra personalidad, a todo tipo de personas y en todos los aspectos de la vida.
Cuando la existencia del pueblo judío en Egipto se halló amenazada, fue Miriam quien aseguró el surgimiento de una nueva generación que habría de continuar la misión de D-os. Alentó al pueblo judío a seguir engendrando hijos y salvó a los recién nacidos del decreto del faraón. Sus esfuerzos por asegurar que la Torá continuara “fluyendo” hacia la siguiente generación dieron origen al manantial, que existía por su solo mérito.
Cuando falleció, Moshé tuvo que asumir el papel de Miriam. Esto nos enseña que cuando otros judíos se hallan en peligro físico o espiritual debemos ir en su ayuda, incluso ofreciendo un tipo de asistencia que no sea nuestro fuerte. Cuando ayudamos a los demás, D-os a su vez nos ayuda en todas nuestras necesidades.
Likutei Sijot, vol. 2, pág. 335; Sefer HaArajim Jabad, vol.2m 186-187.
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Números (Bamidbar) 19:1 – 25:9
La sexta sección del libro Números comienza con la ley o “decreto” (en hebreo, jukat) relativa al proceso de eliminación del estado de impureza ritual que contrae una persona en el contacto con un cadáver humano. A continuación, la narrativa de la Torá avanza hasta los años finales de los viajes del pueblo judío en el desierto, cuando llegan a la frontera de la Tierra de Israel.
La séptima sección del libro Números describe el plan de Balak —rey de Moab— y su brujo Balaam para invocar la desgracia del pueblo judío y evitar así un eventual ataque de los judíos a Moab. D-os frustra el plan y fuerza a Balaam a conceder la bendición al pueblo judío.

EL RABINO, EL SASTRE Y EL ZAR
Por Menachem Posner
Los deudos colmaban las calles de Ruhatin en la primavera de 1889. El rabino Uri Langner, su amado Rebe, había devuelto su alma pura a su Creador.
Entre ellos se encontraba un hombre sencillo, sastre de profesión. No se sabía que este sastre frecuentara la corte del rabino, y nadie tenía conocimiento de que poseyera alguna conexión particular con él o con sus enseñanzas. El silencio solo era interrumpido por los sollozos de los jasidim. Sin embargo, a medida que el sastre caminaba junto a la procesión que avanzaba lentamente, su cuerpo era sacudido por sollozos tan violentos que los demás no podían evitar mirarlo con asombro. ¿Cuál era el vínculo del sastre con el gran rabino?
Después del funeral, algunos de los jasidim le pidieron al sastre que los iluminara. ¿Qué era lo que lo había llevado a un estado de duelo tan profundo?
- “Como saben, soy un sastre experto”, dijo el hombre, cuyos ojos todavía brillaban por las lágrimas. “Confecciono ropa de alta calidad para príncipes, nobles y otras personas distinguidas.
Un día, hace unos ocho años, fui convocado a la casa del rabino Uri. Por supuesto, fui, y él me recibió calurosamente y me hizo pasar a su habitación. Luego, el rabino cerró la puerta con llave y sacó una fotografía de su cajón.
Para mi total asombro, era un retrato del zar Alejandro II, el maldito enemigo de los judíos. En la foto, Alejandro vestía su uniforme real de gala. El rabino me miró entonces con un sentido de urgencia y me preguntó: ¿Puedes coser una ropa como esta para mí?
Apenas podía creer lo que oía. ¿Por qué este rabino, un hombre de erudición de la Torá y piedad, querría tener un uniforme como el del zar? Pero antes de que pudiera preguntar una palabra más, me encontré asintiendo con la cabeza. Podía hacerlo.
Me dio la fotografía y me puse a trabajar. En unas pocas semanas, el trabajo estuvo terminado. El uniforme era perfecto, hasta el rico cordón de oro y los intrincados bordados.
Cuando le llevé mi obra al rabino, se mostró claramente complacido y agradecido por mi cuidadosa atención a la tarea que me había encomendado.
Detrás de puertas cerradas, me pidió que mirara la foto con atención y verificara que todo estuviera cosido exactamente como se mostraba. - ‘Sí, Rebe’, le aseguré, ‘es exacto’.
El rostro del rabino cambió entonces a un tono rojo intenso. Comencé a temblar de miedo, sin saber qué pasaría después. Parecía una aparición de otro mundo, tal como lucía durante las Altas Fiestas, y yo tenía miedo de estar cerca de él.
De repente, el rabino levantó su bastón con un movimiento ascendente hacia su rostro. Luego, levantó las manos y cerró los ojos con intensa concentración. Con lágrimas brotando de sus ojos, exclamó: "¡Así sean destruidos tus enemigos, D-os!".
En ese momento, no tenía idea de lo que estaba viendo, pero era claro como el día que algo importante estaba sucediendo. Me conmovió tanto la escena que yo también comencé a llorar.
Después de unos momentos, fue como si la tormenta hubiera pasado. El rostro del rabino recuperó su expresión normal y me miró con calma. - ‘Por favor, no le cuentes a nadie lo que viste aquí’, me pidió. Por supuesto, estuve de acuerdo.
A los pocos días, la noticia llegó a nuestro pueblo. El zar Alejandro II había sido asesinado por un grupo de jóvenes revolucionarios. Para mí estaba claro que estaba directamente relacionado con los actos del rabino.
Durante años guardé el secreto del rabino. Pero ahora que ya no está entre los vivos, siento que puedo divulgar la verdad. Ahora saben por qué lloro al rabino tan profundamente. Es un hombre santo que se esforzó por traer la salvación a su pueblo.”
Deseando confirmar las palabras del sastre, los jasidim registraron respetuosamente los efectos personales del rabino. Efectivamente, encontraron un traje de ropas reales, tal como el sastre había dicho.

BENDICIONES MISCELANEAS
Aparte de las bendiciones diarias, por ejemplo cuando comemos o tomamos, y aquellas que son parte de los rezos, existe una variedad de bendiciones que se recitan en diferentes ocasiones. Esto es una característica del judaísmo: reconocer la mano de D-os en todo aquello que experimentamos y manifestar dicho reconocimiento con humildad.
A continuación, se encuentran algunas de las bendiciones más comunes. Todas comienzan con “Bendito eres Tú, Señor, nuestro D-os, Rey del universo…”.
Al salir del baño y después de lavarnos las manos, agradecemos a D-os por el funcionamiento normal de nuestro cuerpo: “… que con sabiduría ha formado al hombre, y ha creado en él numerosos orificios y cavidades. Es manifiesto y sabido ante el Trono de Tu Gloria que si apenas uno solo de ellos fuera obstruido o abierto, sería imposible existir siquiera durante un instante. Bendito Eres Tú, Señor, que cura toda carne y obra maravillas”.
Antes de disfrutar de una fragancia agradable, “… creador de varios tipos de especies”.
Al ponernos una prenda nueva o al tomar un fruto de estación por primera vez: “… quien nos ha concedido la vida, el sustento y nos ha permitido llegar a esta ocasión”.
Al ver una estrella fugaz, un cometa, un terremoto, un volcán, un tornado, un huracán, un océano o una montaña imponente (por primera vez en 30 días): “… que renuevas las obras de tu creación”.
Al oír un trueno después de haber visto un relámpago (una vez por tormenta): “… cuyo poder y fuerza colman el mundo”.
Al ver un arco iris: “… quien recuerda el Pacto (hecho con Noé), y es fiel a Su Pacto y cumple sus promesas”.
Luego de sobrevivir a una situación que haya puesto en riesgo nuestra vida, por ejemplo, una enfermedad muy severa o un accidente automotor, o luego de un viaje al exterior, se debe recitar la bendición Hagomel en presencia de diez hombres (de ser posible, luego de haber subido a una aliá): “… que retribuyes beneficencia al culpable, pues me has retribuido con bondad” (La congregación responde: ‘Que aquel que te ha retribuido con beneficencia, siempre te retribuya con toda beneficencia’).
Cuando nos embarcamos en un viaje de larga distancia, de más de 72 minutos fuera de los límites de la ciudad, debemos recitar la bendición del viajero.
Nota: Las bendiciones anteriores son aquellas que se consideran básicas. Consulte a su rabino para conocer el resto de las normas que regulan estas bendiciones respecto de cuándo y cómo recitarlas.
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