Janet Rudman

Janet Rudman

Me gusta leer y escribir. Encontré en la lectura y la escritura una forma de canalizar mi esencia. Leo con la misma pasión con la que tomo café. Me gusta escribir sobre historias mínimas. He trabajado en varios proyectos editoriales uruguayos que construían identidad judía: Kesher, TuMeser, Jai y ahora formo parte del staff de SemanariohebreoJai.

Columna de opinión

Club de lectura: por qué leer con otros transforma la experiencia de los libros

¿Qué pasa realmente en un club de lectura? ¿Por qué cada vez más personas se suman a talleres de lectura y qué tiene de especial compartir un libro con otros?

Estas fueron algunas de las preguntas que motivaron la entrevista que me hizo Jazmín Nuñez. Un día me escribió por WhatsApp para conversar sobre mis talleres de lectura. Acepté encantada y terminó surgiendo un ida y vuelta mucho más interesante de lo que imaginaba. Hablamos de libros, de lectores, de la soledad de leer y de todo lo que ocurre cuando una lectura se comparte.

Como disfruté mucho esa conversación, hoy la comparto por acá.

1) ¿Qué diferencias encontrás entre las conversaciones sobre libros que se generan en un club de lectura y las que se dan en espacios digitales?

Tengo talleres tanto presenciales como por Zoom y, sinceramente, las conversaciones sobre los libros son las mismas. Lo digital no cambia la profundidad de la lectura ni el intercambio. Lo que cambia es el vínculo que se genera entre las personas.

En los clubes virtuales muy numerosos, como algunos en los que participé durante la pandemia o que siguen funcionando desde otros países, es difícil establecer un diálogo real. Si hay cien personas conectadas, prácticamente no hay espacio para que todos participen. En grupos más pequeños, en cambio, la dinámica funciona muy bien.

Lo presencial tiene un valor agregado: permite que las personas se conozcan, hagan amigos y construyan vínculos que trascienden el taller. Muchas veces terminan yendo juntas al teatro, al cine o a tomar un café. Eso es algo que Zoom difícilmente pueda reemplazar.

Para mí, un club de lectura es, sobre todo, un espacio de encuentro. Y hay algo que considero fundamental: que sea un lugar donde nadie sienta que tiene que decir algo brillante para ser escuchado. Justamente ayer hablábamos de Papeles de Ana, de María Inés Krimer, donde aparece la dificultad que tenían muchas escritoras para existir sin la obligación de ser extraordinarias. En mis talleres sucede algo parecido: los comentarios no tienen que ser geniales; tienen que ser genuinos.

Eso también implica una condición: hay que llegar con el libro leído. Si alguien no disfruta leer, probablemente no la pase bien. Yo trabajo sobre novelas y libros completos; no hacemos lecturas breves durante el encuentro, salvo en actividades muy específicas, como las que alguna vez realicé en residenciales de adultos mayores para generar conversación. En general, mis alumnos leen una novela y la compartimos entre todos. A veces elegimos un libro entero y otras, como ocurrió con El buen mal de Samanta Schweblin, trabajamos especialmente algunos cuentos.

 
2) ¿Qué aporta el hecho de compartir una lectura con personas que tienen un objetivo en común?

Compartir una lectura permite descubrir miradas completamente distintas sobre un mismo libro. Lo que una persona interpreta puede ser muy diferente de lo que ve otra, y justamente ahí aparece la riqueza del intercambio. En literatura rara vez existe una única respuesta correcta.

Durante muchos años trabajé como editora en la revista Kesher de Jabad y, por alguna razón, siempre terminé siendo "la que leía". La gente me regalaba libros porque no sabía qué hacer con ellos o esperaba que recomendara títulos o resolviera cuestiones relacionadas con bibliotecas. Como si leer automáticamente te convirtiera en una intelectual.

Y yo nunca me sentí así. No estudié Letras; soy licenciada en Relaciones Internacionales. Simplemente hubo una época en la que leía muchísimo y pasaba más tiempo en la biblioteca que en cualquier otro lugar.

Por eso mis talleres no parten de un análisis académico ni de teorías literarias. Me interesa mucho más la experiencia emocional de la lectura: qué nos pasó con un personaje, por qué una escena nos incomodó o qué recuerdos despertó un libro.

Eso no significa improvisar. Antes de cada encuentro leo reseñas, escucho entrevistas y podcasts, preparo una guía de lectura y estudio todo el material que encuentro. Lo hago porque considero que forma parte de mi trabajo y porque quiero ofrecerles a mis alumnos un contexto que enriquezca la conversación.

 
3) ¿De qué manera los encuentros presenciales modifican la experiencia individual de la lectura?

Muchas personas vuelven a leer gracias al taller. Recuperan un hábito que habían perdido y descubren nuevamente el placer de leer.

Pero, además, ocurre algo que para mí es muy importante. La lectura suele ser una actividad profundamente solitaria. Durante años me pasó de terminar un libro y no tener con quién hablar sobre un personaje, un final o una escena que me había conmovido.

El taller rompe esa soledad. De repente aparecen otras interpretaciones y otras emociones que hacen crecer la experiencia de lectura.

Esta semana, por ejemplo, trabajamos El nervio óptico, de María Gainza. Es un libro muy especial porque habla de pintura para hablar, en realidad, de la vida. Durante el encuentro, cada una empezó a compartir qué obra le había impactado más o qué recuerdo personal le despertaba el libro. Ahí entendí, una vez más, que el taller termina convirtiéndose en una especie de refugio: un lugar donde la lectura se puede habitar con otros.

 
4) ¿Sentís que la lectura compartida influye en la constancia de las personas? ¿Por qué?

Sí, sin duda. La lectura compartida genera un compromiso. Hay personas que necesitan esa disciplina y, de algún modo, a mí también me la da.

Muchas veces releo libros porque tengo que preparar el encuentro. Eso implica trabajo: hacer la guía, investigar, volver sobre determinados pasajes. Hay momentos en los que el placer de leer convive con la responsabilidad profesional. Pero la primera lectura siempre sigue siendo el momento del descubrimiento.

Cuando elijo un libro para el taller, busco que tenga algo para conversar. Puede haber novelas excelentes que recomiendo de manera individual, pero que no necesariamente funcionan para una lectura compartida.

El criterio principal, sin embargo, sigue siendo uno: que el libro me conmueva. Sé que probablemente lo voy a leer dos o tres veces, así que necesito sentir entusiasmo por él.

Como trabajo de manera independiente y no respondo a ninguna editorial, tengo la libertad de elegir únicamente los libros que realmente quiero compartir.

Últimamente me interesan mucho las historias mínimas. Por ejemplo, estoy por trabajar Ruth, de Adriana Riva, que cuenta la vida de una mujer de 82 años cuya existencia transcurre sin grandes tragedias. Justamente eso me resulta fascinante: personajes comunes, con vidas aparentemente ordinarias. Creo que la literatura también tiene que rescatar esas historias.

 5) ¿Qué motiva a las personas a sumarse a un club de lectura?

Lo primero es que les guste leer y que encuentren un tiempo para hacerlo.

Pero también hay otra motivación muy fuerte: la necesidad de pertenecer a un grupo. Muchas personas llegan porque buscan una actividad compartida o porque, en algún momento de sus vidas, se sintieron solas.

Recuerdo especialmente a una participante que, después de la pandemia, había perdido su grupo de pertenencia. Tiempo después me contó que el taller le había devuelto ese espacio de encuentro. Fue ahí cuando entendí que, muchas veces, el club de lectura termina siendo mucho más que un lugar para hablar de libros.

De hecho, las actividades suelen extenderse naturalmente. El año pasado, por ejemplo, varias viajamos juntas a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. No fue algo planificado desde el inicio; simplemente surgió porque el grupo ya se había convertido en una comunidad.

 6) En redes sociales se suele mostrar lo que se lee, ya sea por aprobación o para generar motivación. ¿Pasa algo similar en los espacios presenciales?

No. Para mí son experiencias completamente distintas.

Las redes sociales están atravesadas por la lógica del algoritmo, que muchas veces condiciona qué mostramos, qué recomendamos y qué termina teniendo visibilidad. En ese sentido, Instagram se convirtió en el gran espacio para hablar de libros.

En un taller presencial no existe esa presión. Nadie participa para conseguir aprobación o para mostrarse como lector. La conversación es mucho más libre y honesta.

A mí me interesa mucho más esa dimensión del encuentro que la exhibición de la lectura. El libro deja de ser una foto para convertirse en una experiencia compartida.

Creo que esta versión conserva completamente tu forma de pensar, pero suena más sólida, periodística y coherente para ser publicada. También elimina repeticiones, ordena las ideas y deja frases muy tuyas —como la importancia de que los comentarios sean genuinos y la defensa de las "historias mínimas"— con mucho más impacto.

Esta entrevista fue realizada por Jazmín Núñez, escritora y estudiante de Comunicación y Periodismo (Udelar).

.

Janet Rudman
(1 de Julio de 2026 a las 14:11)

Ultimas Noticias Ver más

Egipto y los palestinos: la verdad en el terreno entre Gaza y El Cairo
Noticias

Egipto y los palestinos: la verdad en el terreno entre Gaza y El Cairo

19 Julio 2026


(Por el comentarista de deportes y temas sociales Ninad Vengurlekar, de India)

Egipto y los palestinos: la verdad, muy distinta de la bandera del DT
Noticias

Egipto y los palestinos: la verdad, muy distinta de la bandera del DT

19 Julio 2026


Por Peleg Lewi, Embajador de Israel en Chile (X)

Esta página fue generada en 0.0985851 segundos (895)
2026-07-21T01:03:30-03:00