Participó en viaje para autoridades académicas de América Latina
Hace tan solo unos días el Dr. Ignacio Munyo estaba en Israel, habiendo sido invitado por la Embajada en Uruguay a un viaje con agenda ambiciosa organizado para autoridades académicas de América Latina. Es un privilegio haber tenido la posibilidad de conversar con él, si bien no personalmente en Israel, sí cuando estaba recién llegado de regreso.
Ignacio Munyo está casado hace 22 años y tiene cuatro hijos, tres varones y una nena. Es Doctor en Economía, Director Ejecutivo y Académico de CERES y Profesor de Economía en el IEEM, Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo. Desde hace más de veinte años trabaja en investigación económica, y asesoramiento a empresas y organismos internacionales, siempre con foco en políticas públicas asociadas a Uruguay. Integra la Academia Nacional de Economía, escribe como columnista en El País y es autor de dos libros y múltiples artículos científicos publicados en revistas científicas internacionales.
P: Ignacio, muchas gracias por atenderme. Comencemos por el principio. ¿Cómo surgió este viaje a Israel y en qué marco se realizó?
R: Tuve el privilegio de ser invitado por el Estado de Israel, a través de su embajada en Uruguay, a participar en una misión dirigida a autoridades académicas de América Latina. Fueron cuatro días muy intensos, con una agenda que combinó encuentros universitarios y científicos, recorridos históricos y religiosos, y visitas a lugares directamente afectados por los ataques terroristas del 7 de octubre de 2023.
El propósito era conocer Israel de primera mano y, especialmente, explorar posibilidades de cooperación con universidades y centros de investigación de primer nivel. En todas las instituciones encontramos una fuerte vocación por estrechar vínculos con América Latina y construir proyectos académicos conjuntos.
P: ¿Quiénes eran los otros participantes? Entiendo que eras el único uruguayo.
R: Así es. La delegación estaba integrada por autoridades (en su mayoría rectores de universidades) y referentes académicos de 12 países de América Latina. Era un grupo muy diverso en nacionalidades y experiencias profesionales, lo que enriqueció enormemente el viaje. No solo aprendíamos de nuestros anfitriones, sino también de las preguntas, inquietudes y perspectivas de los demás participantes. En pocos días se generó un clima de confianza y camaradería muy especial. Éramos personas con trayectorias diferentes, pero unidas por la curiosidad intelectual, el interés en la educación, la ciencia, la innovación, las políticas públicas y el fortalecimiento de los vínculos académicos con el Estado de Israel.
Juntos visitamos la Universidad Hebrea de Jerusalén, hogar de quince Premios Nobel, orgullo nacional fundado por Einstein hace más de cien años. Fuimos al Instituto Weizmann en Rejovot, donde la ciencia pura vibra con la libertad de investigar por curiosidad y la convicción de que algún día servirá para mejorar la calidad de vida. Recorrimos la Universidad Ben Gurion en Beerseba, donde el desierto se transforma en civilización bajo el impulso aún vivo del padre de la patria. Y estuvimos en el Technion en Haifa, donde la innovación en computación, ingeniería y medicina empuja sin descanso la frontera de lo conocido: desde riego por goteo hasta la mecánica necesaria para que una persona pueda volver a caminar.
Toda esa recorrida, a lo largo de muchos kilómetros, naturalmente estrechó los vínculos entre los participantes de la misión.
P: Suena absolutamente apasionante. ¿Cómo resumirías tu impresión del viaje? ¿Qué deja una experiencia así?
R: Fue una experiencia muy enriquecedora y profundamente conmovedora. Israel concentra, en un territorio pequeño, una intensidad histórica, humana, espiritual y científica difícil de encontrar en otro lugar. Recorrimos el país de norte a sur y de este a oeste. En pocos días se pasa de la angustia profunda que produce recorrer casas arrasadas por terroristas o caminar entre las imágenes de los centenares de jóvenes asesinados en la fiesta el 7 de octubre de 2023, a la admiración por instituciones de investigación que trabajan en la frontera del conocimiento. Al mismo tiempo, aparece la vitalidad cotidiana de una sociedad que, pese a todo, vive con alegría y energía plena. El viaje me dejó admiración, inspiración, vínculos humanos muy valiosos y, sobre todo, una mirada más cercana y personal sobre Israel.
P: ¿Con qué expectativas habías ido?
R: Fui con mucha curiosidad y con la expectativa de conocer de cerca un país reconocido mundialmente por su capacidad de innovación y su desarrollo científico. También fue profundamente atraído por conocer más de la historia judía, su religión y su gente. Me interesaba comprender mejor cómo una sociedad relativamente pequeña, enfrentada a condiciones geográficas y geopolíticas tan complejas, logró construir un país desarrollado.
Sabía que el viaje tendría una dimensión histórica y humana muy fuerte, especialmente después del 7 de octubre de 2023. Sin embargo, no imaginaba la intensidad emocional de algunos lugares ni el modo en que ciencia, historia, espiritualidad, dolor y alegría conviven permanentemente en Israel.
Estando ahí entendí que, para poder imaginarlo, hay que vivirlo.
P: Muy fuerte la forma en que lo planteas…Ignacio ¿qué conocías de Israel? ¿Ya habías estado?
R: Conocía Israel a través de su historia, su relevancia religiosa y su desempeño en materia de ciencia, tecnología, emprendimiento e innovación. También había seguido de cerca la situación posterior al 7 de octubre y el modo en que el conflicto es presentado en los medios y en el debate internacional. Pero una cosa es conocer datos, leer artículos o mirar imágenes y otra muy distinta es caminar por esos lugares y escuchar directamente a quienes vivieron los acontecimientos. La experiencia en el terreno agrega una dimensión humana imposible de obtener a distancia.
Había estado en Jerusalén años atrás, en una visita de apenas unas horas, durante la cual pude conocer el casco antiguo. En aquel momento participaba en el Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Economistas, que se celebraba a orillas del mar Muerto, del lado de Jordania, donde presenté uno de mis trabajos. Aproveché una pausa en el evento, tomé un taxi hasta la frontera con Israel, atravesé Cisjordania y recorrí algunos de los lugares más emblemáticos del cristianismo. Luego regresé al hotel para continuar con el congreso. Recuerdo especialmente lo complejo que fue el cruce fronterizo, aunque también que la travesía valió ampliamente la pena.
P: ¿Se puede hablar de un antes y un después de un viaje así?
R: Sí, al menos en la forma de comprender algunos temas y en la aspiración que uno se trae al ver cómo se pude sacar una nación adelante ante las adversidades. No pretendo decir que unos pocos días alcancen para conocer en profundidad una sociedad tan compleja, pero sí permiten poner rostros, lugares y experiencias concretas detrás de conceptos que desde lejos pueden parecer abstractos. Después de entrar en las casas destruidas del kibutz Nir Oz, escuchar el testimonio vital de una sobreviviente de la fiesta Nova o recorrer el Museo del Holocausto en Jerusalén, ciertas discusiones adquieren otra dimensión.
Uno entiende que se puede ser neutral en conflictos ajenos, pero que no se pude ser indiferente.
Entre el relato y la realidad
R: Esa es una lectura importante de la situación. ¿Te sorprendió Israel al verlo personalmente?
R: Desde afuera, en los días que corren, Israel suele ser presentado casi exclusivamente a través del conflicto. En el terreno aparece una sociedad rica y compleja: diversa, moderna, espiritual, innovadora y vital. También impresiona la naturalidad con la que las personas conviven con riesgos que, para otros, resultarían extraordinarios. Esa combinación de vulnerabilidad, determinación y energía es difícil de captar desde la distancia.
P: ¿Sentiste que Israel es juzgado injustamente a nivel mundial?
R: Sí, creo que con frecuencia Israel es juzgado desde una mirada simplificadora, selectiva y desconectada de la realidad que enfrenta. Una evaluación completa debería considerar la experiencia histórica del pueblo judío, y la complejidad de lidiar con el terrorismo. Haber estado allí no elimina los dilemas, pero vuelve mucho más difícil aceptar relatos lineales o juicios formulados sin contexto.
P: ¿Cómo viste el tema de la convivencia en Israel?
R: Lo primero que corresponde es reconocer es que una visita tan breve no permite afirmaciones concluyentes. Dicho eso, observé una sociedad muy diversa, donde conviven personas con distintos orígenes, grados de religiosidad, costumbres y visiones políticas. También conviven, en pocos metros, lugares fundamentales para el judaísmo, el cristianismo y el islam. Esa convivencia no está libre de tensiones, naturalmente, pero es mucho más rica que la imagen que a veces se proyecta desde afuera. Me llamó la atención la importancia concedida a la libertad individual y, al mismo tiempo, la conciencia de pertenecer a una comunidad cuya continuidad histórica nunca se da por descontada.
Aprendizaje
P:¿Qué te dejó el viaje desde el punto de vista profesional?
R: Me dejó una gran admiración por la forma en que Israel conecta educación, investigación científica, innovación y desarrollo. En la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Instituto Weizmann, la Universidad Ben-Gurion y el Technion encontré identidades diferentes, pero una característica común: la ambición de expandir las fronteras del conocimiento. También regresé con muchos contactos personales, tanto en Israel como en toda América Latina, y posibilidades concretas de cooperación académica.
Entre Uruguay e Israel
P: ¿Sacaste del viaje alguna idea concreta que pueda aplicarse en Uruguay?
R: La principal enseñanza es que la innovación no surge de una medida aislada, sino de una cultura construida sobre bases muy sólidas. El progreso requiere de sentido de pertenencia, esfuerzo personal, exigencia, libertad e incentivos adecuados.
Más allá de todo lo que Uruguay puede aprender de Israel en materia de innovación —que es mucho—, en particular sobre la necesidad de mejorar la coordinación entre las instituciones y actuar con un mayor sentido de urgencia, quiero detenerme en una idea más básica. El servicio militar obligatorio cumple en Israel una función que trasciende la defensa: genera vínculos, disciplina, sentido de pertenencia y una experiencia común entre jóvenes de distintos orígenes.
P: Es interesantísimo que mencionás ese aspecto. En una entrevista que hice hace tiempo a un experto en innovación, comentaba la centralidad del servicio militar en el desarrollo de una idiosincrasia en la que jóvenes tienen que tomar decisiones y asumir gran responsabilidad. Eso influye también después.
R: Sin duda ninguna. En Uruguay podríamos pensar en un servicio social obligatorio para todos los jóvenes al cumplir los 18 años, orientado a tareas de apoyo comunitario. Para poder avanzar con ideas de este tipo se necesita imaginación, pero, sobre todo, una audacia que hoy, lamentablemente, carece en Uruguay.
Además, la experiencia de Israel también muestra que reformas pro-mercado, sostenidas desde los 90s, pueden transformar una economía estatista en una vibrante, lección valiosa para el Uruguay actual.
P: Vayamos al otro lado de la moneda…¿Qué hay de Uruguay que te gustaría compartir con Israel?
R: Uruguay tiene una larga tradición democrática, de convivencia cívica y de construcción institucional que puede resultar valiosa para otros países. Esa suele ser nuestra principal carta de presentación.
Pero hay otros ámbitos en los que también acumulamos experiencias valiosas. Uno de ellos es el deporte, no solo por sus logros competitivos, sino por su capacidad para construir comunidad e integrar. En ese sentido, el baby fútbol es un ejemplo particularmente interesante, que conozco de cerca, por mis hijos, y que creo Uruguay podría aportar a Israel. No sé si en Israel hay algo similar, quizás sí. Lo menciono porque por mis propios hijos sé lo bueno que es ese programa. Su valor no radica únicamente en la identificación y el desarrollo de talentos deportivos. En miles de niños fomenta desde edades tempranas la convivencia, el compromiso y el trabajo en equipo. Además, reúne a familias de distintos orígenes, fortalece los vínculos barriales, moviliza amplias redes de voluntariado y genera un sentido de pertenencia que trasciende ampliamente lo deportivo. En muchos lugares, el club es también un espacio de contención, formación y encuentro comunitario. Todo esto complementaría los múltiples programas israelíes existentes incorporando mayor escala recreativo-competitiva-social a nivel nacional.
P: Es un tema hermoso el del baby fútbol sin duda…ayuda a criar niños sanos.
R: Sin duda ninguna.
P: En otro orden de cosas, algo negativo. Como es bien sabido, lamentablemente, el gobierno del Presidente Ori suspendió el acuerdo de innovación en cuyo marco se había inaugurado una oficina de cooperación en innovación de Uruguay en la universidad Hebrea en Jerusalem.Y por otro lado, la UdelaR llamó a cortar vínculos de cooperación con la universidad de Tel Aviv. He escrito muchas críticas al respecto, convencida de que la base es la alevosa distorsión informativa que hay y una tendenciosidad hostil inaceptable . Pero a ti te pregunto sobre otro aspecto. ¿Te parece que eso puede disuadir también a quienes busquen intercambios y cooperaciones a nivel, digamos, no estatal?
R: Creo en la libertad de las personas para poder tomar sus decisiones más allá de lo que haya decidido hacer el gobierno de turno. Confío que el sector académico privado pueda aprovechar la oportunidad de estrechar los vínculos con las universidades de Israel, en un contexto global que determina que exista una gran oportunidad para la colaboración con profesionales de clase mundial.
Un momento conmovedor
P: ¿Te tocó vivir alguna situación especial o tenés alguna anécdota?
R: Uno de los momentos más conmovedores del viaje fue escuchar el testimonio de Laura Malo, una joven colombiana sobreviviente de la masacre del festival Nova, el 7 de octubre de 2023. Laura contó cómo una celebración de música y alegría se transformó, en cuestión de minutos, en una escena de terror. Junto a un amigo intentó escapar en automóvil, pero los disparos los obligaron a abandonar el vehículo y correr hasta esconderse en un invernadero. Allí permanecieron durante horas, sin agua ni comida, mientras escuchaban motos, gritos y disparos a muy poca distancia.
Hubo un detalle de su relato que me impactó especialmente. Convencida de que podía morir, Laura llamó a sus padres. Su padre, consciente de que cualquier palabra podía delatar su escondite, comenzó a leerle la Biblia a través del teléfono celular. Laura permaneció en silencio, escuchando su voz, para evitar que los terroristas pudieran descubrirla.
Finalmente fue rescatada esa noche. Escucharla contar cómo sobrevivió, cómo enfrentó el trauma y cómo encontró en la fe y en la música una forma de reconstruirse fue profundamente conmovedor. Su historia transmite dolor, pero también una enorme fortaleza y una impresionante voluntad de seguir adelante. Transmite esperanza, especialmente para los jóvenes que no encuentran su rumbo.
P: Impresionante tu descripción. Desgarrador y alentador al mismo tiempo.
R: Ya lo creo.
A modo de resumen
P: ¿Qué consejo o sugerencia le darías a Israel?
R: Sería pretencioso ofrecer consejos después de una visita de pocos días. Pero, desde una mirada externa y amistosa, solo diría que Israel debe seguir haciendo un esfuerzo por explicar su realidad al mundo, especialmente a quienes reciben información fragmentada. No alcanza con tener argumentos sólidos; también es necesario comunicarlos con sensibilidad, transparencia y capacidad de escuchar. Israel tiene una historia extraordinaria de supervivencia, construcción institucional, ciencia e innovación, pero muchas veces esa historia queda eclipsada por el conflicto. Mostrar su diversidad humana y tender puentes académicos, culturales y personales puede ser tan importante como defender sus posiciones en el terreno diplomático.
P: ¿Quisieras agregar algo?
R: En resumen, podría decir que conocí un país que es frontera del conocimiento, que transmite energía vital, con historia y presente; todo envuelto en un manto de espiritualidad que impulsa la independencia personal y el respeto de la vida en sociedad: valores que ennoblecen a humanidad.
P: Muchas gracias Ignacio. Valiosísimo tu testimonio.
R: Gracias a ti por la oportunidad.





