Entrevistas

Con la historiadora Ana Ribeiro, aprendiendo a fondo sobre la fecha patria

La Profesora Ana Ribeiro, apasionada por el estudio de la historia nacional, volvió el año pasado a ello, tras desempeñarse durante un lustro como Sub Secretaria de Educación y Cultura en el gobierno del Presidente Luis Lacalle Pou. Y como era de esperar, su sapiencia y opiniones fueron requeridas ampliamente el 25 de Agosto pasado, por el Bicentenario de la Independencia Nacional. Hoy ya vamos por 201, pero el tema sigue despertando emociones y vale la pena adentrarnos en él.

Como sabemos, hasta el nombre de la fecha patria es motivo de discusión. ¿El 25 de agosto marca realmente la independencia de Uruguay? O mejor dicho…¿era eso lo que se buscaba? ¿Y por qué Artigas, a quien todos vemos desde niños en la escuela como Prócer de la Patria, ni siquiera estaba en Uruguay en aquella fecha, sino en el exilio paraguayo del que no volvió jamás?

Este es el análisis de la historiadora Ana Ribeiro.

 

P: Ana, es siempre un placer poder estar en contacto contigo. Y ante la fecha patria me pregunto ante todo qué significa para  ti el Bicentenario, que ya se cumplió. Un año más no cambia la historia. ¿Qué es exactamente lo que celebró ampliamente Uruguay el año  pasado y que se sigue celebrando este 25 de Agosto? 

R: Lo primero que hay que decir es que las celebraciones afianzan identidad, fortalecen el sentido de unidad, rememoran una trayectoria de la cual cada persona que festeja en el presente se apropia como heredera. Todas cosas muy importantes para las comunidades políticas, para las naciones, para los pueblos, porque a veces no son exactamente la misma cosa, no siempre coinciden. En el caso de Uruguay hay una comunidad política que se siente un pueblo y que es un estado nación breve en el tiempo, tenemos apenas 201 años, en el concierto de naciones es ser muy joven, pero con una identidad bien afianzada. En esa identidad bien afianzada la duda a propósito de los orígenes se ha mantenido siempre. 

 

P: La discusión misma, al parecer, es parte de la identidad uruguaya.

R: Así es. Ninguna independencia es producto de algo que sucede de un día para el otro. En un proceso. Pero además, recordemos. Antes de 1825 hubo otro tramo de hechos muy importante, el llamado período o ciclo artiguista. Entonces, nuestra independencia es consecuencia de todo lo que sucedió entre 1811 y 1830. 

P: Pero hasta ahora hay discusión acerca de si es correcto decir que 1825 marcó la independencia de Uruguay.

R: Dijimos independencia más de una vez, dijimos independencia respecto al reino de España, por ejemplo, en 1813, con ese documento político que no llega a ser una constitución, pero es un esbozo de ideología, de forma política, que son las dos paginitas de las Instrucciones del año 13, con 20 cláusulas. Allí dijimos independencia respecto a España, por ejemplo. Pero claro, en el 25 de agosto lo que se dice es independencia respecto a otro imperio que nos controlaba y nos ocupaba en ese momento, desde 1816, 1817, reacción, porque ya en 1816 comenzaron a ocupar territorio, en 1817 toma Montevideo, la capital, que es lo que comenzó siendo el imperio luso-brasileño y terminó siendo el imperio de Brasil, porque en el medio del proceso Brasil se independiza o corta un vínculo o separa en dos la corona portuguesa, de todas estas formas puede explicarse.

Entonces, decimos en 1825, independencia respecto a ese imperio, al cual se le dice: declaro nulos e írritos, todos los actos de obediencia y de juramento arrancados por el imperio a la fuerza. La del 25 de agosto es una declaratoria profundamente antiimperialista. 

 

P: La pregunta es para qué…o sea si acaso realmente se buscaba la independencia de Uruguay solo.

R: Claro. Era para unirse a las Provincias Unidas, de las cuales se sentían pertenecer hasta antes de que la invasión portuguesa se llevara a cabo. Se sentían pertenecer de manera conflictiva, porque Artigas tenía varios conflictos en esa integración. De hecho, la derrota proviene de cuánto se lo persigue y se lo combate, porque él veía esa integración de las provincias en clave de federalismo y de autonomía provincial, y Buenos Aires lo veía en clave, yo te diría, casi biológica: si éramos la capital del Virreinato, podemos seguir  siendo la cabeza de la nueva organización política que nos demos.

Entonces, esa especie de antropomorfismo político, lo llevó a decir, ahora somos Provincias Unidas, pero yo sigo siendo la cabeza, y las provincias no entendieron lo mismo. 

 

P: Recordemos cuáles eran los actores principales en ese proceso.

R: En el proceso, que no se agota en el año 25, se van definiendo todas las partes que tienen que ver: las Provincias Unidas, la amenaza constante en la actitud de España, quizás de querer reconquistar sus provincias. Lo habían intentado con la invasión de Morillo, que se esperó para el Río de la Plata durante mucho tiempo con mucho miedo y finalmente fue para Venezuela…realmente había como un fantasma de que podía volver a intentarse por parte de España. Luego estaba el imperio brasileño, afincado en Río de Janeiro como capital, con mucha más fuerza y más potencia militar que nosotros, que quería seguir siendo dueño del territorio al que había llamado Provincia Cisplatina. Y estaba la mediación inglesa. Y estaba la autonomía feroz de los orientales. 

La conjugación de todos esos factores fue desenlazándose paso a paso. 

 

P: Un mosaico bastante complejo, que quizás destaca más aún el significado profundo del 25 de agosto. ¿Qué hitos destacarías en el camino?

R: Se dio una prueba de mayoría de edad militar con las batallas de Rincón, Sarandí, Ituzaingó, la batalla del Cerro incluso en las puertas de Montevideo. Se dio prueba de mayoría de edad institucional precisamente con las leyes de la Florida y con toda la actividad de la Sala de Representantes, con esos hombres de papeles y no tanto de a caballo que se sentaron a pensar un marco institucional suficientemente poderoso como para que de aquí salieran además de las tres conocidas leyes, otras muy importantes.

 

P: Que fueron muy elocuentes y aspiraron a sentar bases jurídicas claras, lineamientos de acción, valores ¿no? Recordemos de qué leyes hablamos. En realidad no sólo las tres centrales.

R: Primero, la de unión, determinado que nos queremos unir a estas provincias. También la de pabellón, que determinaba que mientras nos dan permiso para reintegrarnos usamos una bandera que nos distinga de forma provisoria. Pero  también salió la ley que reconocía una especie de amnistía general y olvido de todas las diferencias políticas que habían tenido en el proceso. Esto es: vamos a perdonarles a todos los que estuvieron participando con los luso brasileños, todos los que se pasaron y obedecieron y juraron, y medraron económicamente, vamos a perdonarles, estos han sido años aciagos. También la poderosísima ley de libertad de vientres: nace libre de aquí en adelante los que hasta entonces eran hijos de los esclavos. La libertad de opiniones diversas, que hoy podríamos traducir casi como libertad de prensa. Y nace por sobre todas las cosas la reafirmación de un sentido republicano, antimonárquico, anti cualquier imperio que quiera dominarnos, que no es la independencia tal como la conocimos luego, pero fue un paso fundamental y bien puede ser ungido como el momento símbolo elegido para sintetizar un proceso independentista que, reitero la palabra, es proceso, son muchas cosas, muchos actos, uno encadenado con el otro, que derivó en que en 1830 fuéramos un país independiente con una constitución organizativa. 

 

P: Justamente te quería preguntar sobre 1830…aprendimos desde la escuela sobre el significado del 18 de julio, jura de la Constitución. ¿Pero es justificado por eso poner en duda si debemos tomar como referencia central 1825?

R: Yo creo que ya está demasiado afianzado entre nosotros el 1825 como para intentar una modificación. En algún momento el doctor Sanguinetti lo hizo.  Hay que pensar además que los símbolos son mensajes múltiples, y si tú tomás 1830, está bien, festejas una constitución, producto de muchos, pero el año 25 lo que tiene también es un marco cívico, también son hombres de ley. De hecho, fíjate qué curioso, el símbolo que se eligió para el bicentenario era una pluma, no  un arma, no  un jinete a caballo, una pluma. Es también un símbolo de ese tipo, pero está en un lugar, la Florida, que era el centro político alternativo porque estaban enfrentando a Montevideo, en donde todavía estaban afianzados los brasileños. Era un territorio al margen del poder montevideano y de los brasileños al que enfrentaban, pero era un territorio que podrías decir instalado en el corazón del campo de Marte, que era el resto del territorio hoy nacional. Entonces tiene esa simbología, venían de La Agraciada, sólo el lugar ya te habla del movimiento, venían de un desembarco que tú sabes, está cargado de simbología desde la construcción plástica de Blanes y demás. Entonces, son muchas cosas que hacen del 25 de agosto, una fecha muy redonda, ¿no? Hay allí una voluntad de cumplir con todos los requisitos necesarios para que ese movimiento se reconociera y está captado en el movimiento, no es un punto final. Todo eso lo ha hecho un símbolo muy poderoso. Creo que es hasta parte de nosotros mismos seguir discutiéndolo in eternum. En la discusión repasamos el proceso, así que no está mal que lo hagamos. 

 

La figura presente y ausente de Artigas

P: Hemos hablado muchas veces de Artigas, sobre el que tanto has escrito. El Prócer de la Patria se fue cinco años antes de la declaración de la independencia. ¿Qué significado tiene en tu opinión en cuanto a lo que realmente significó él para los uruguayos? 

R; Bueno, el proyecto político Artigas no se quedaba en la autonomía únicamente en su provincia y él lo dijo claramente cuando tuvo ofertas para la independencia de su provincia. Dijo que no, él tenía un sueño federal más amplio, pero en su derrota está ya el germen del Estado nacional en el sentido de que su derrota da paso a que aquel sueño federal no pudo ser. Hay que entenderlo como un factor determinante. Eso él no pudo hacerlo porque, claro, lo hemos encomiado tanto como el héroe nacional para que fuera un gran victorioso y en realidad no, es un militar derrotado, eso hay que tenerlo en cuenta, es un hombre que tiene que huir de su país y pasar 30 años en el lugar donde se le dio exilio. Entonces su proyecto no pudo ser. 

 

P: Debo reconocer que eso siempre me pareció como una contradicción insoluble entre cómo aprendí a percibir a Artigas y lo que estas explicando. En 1825 se hizo otra cosa.

R: Es que el  25 de agosto de 1825 todavía tiene en ciernes el proyecto de la Liga Federal, el proyecto que hay detrás de las Provincias Unidas, que nunca pudieron entenderse. ¿Por qué? Porque la capital sostenía ese criterio, casi de cuerpo físico. “Yo soy la cabeza” y las provincias pedían una autonomía y una independencia a capital-puerto que obligaba a sus peajes económicos a los barcos, que imponía sus reglas, que pisaba fuerte. Entonces ese desentendimiento hizo que lo que luego se convertiría en la República Argentina, no lograra encontrar un orden armónico. Tanto no lo lograron que nuestra Constitución es de 1830 y la Argentina es de 1853. Hay que tener en cuenta que la tuvieron más de 20 años después y que en el camino hicieron 3 esbozos constitucionales, ninguno pudo cuajar. 

Entonces esa es la situación de las Provincias Unidas, a las cuales no pudimos sumarnos y que es determinante, junto con el fracaso de Artigas, de que nos fuéramos perfilando como un territorio menos ambicioso de lo que hubiéramos creído en principio. Una pertenencia a una unidad política mayor que tenía la silueta del antiguo virreinato. Y bueno, no se pudo llegar a eso y va surgiendo un Estado nacional. 

 

P: Cuando un porteño nos dice entre en broma y en serio que somos la provincia…¿Tú como historiadora que contestás? 

R: Bueno, provincia, nada. Somos un Estado absolutamente independiente y muy respetado en el concierto de naciones del mundo, respetado porque finalmente logramos una democracia plena, somos de las pocas en el mundo y podemos todavía tener orgullo de ella y ojalá siempre sea así, así que provincia nada. 

 

P: Desde el punto de vista histórico lo digo. 

R: Ellos lo dicen porque es un territorio que perdieron, porque nos tienen en ese “a la provincia rebelde”, “a la cosita chiquita y rezongona”, que se supone que somos y así nos representan, hay un “estoy recordando que fui tu dueño”. Hay como una cosa a la vez de afecto, porque generalmente nos manifiestan mucha más simpatía y afecto a nosotros de lo que nosotros hacemos, pero hay algo de posesión en eso. Entonces nosotros también nos sacudimos la cosa. Pero nosotros no somos el mismo. Yo una vez hace muchos años estaba en la rambla, creo que de Piriápolis, sacudiéndole la arena de los pies a mis hijos que eran chiquititos y había un padre muy, muy viejito, y su hijo que tendría 40 y largo, argentinos, haciendo lo mismo y terminan de sacudirse la arena y ponerse el calzado y vestirse, y se ponen a mirar el atardecer…Era un día precioso. Y el hijo le dice al padre: “que belleza las playas tienen los uruguayos, qué país que tienen”, con una admiración así que a mí solo me daba simpatía. 

 

200 años después

P: Te hago una pregunta que estimo puede sonar un tanto infantil ¿Cómo te parece que los fundadores de Uruguay, los que lucharon por su independencia, se sentirían hoy al ver a Uruguay? 

R: No, no tengo la menor idea, soy pésima para esas cosas porque me ciño mucho a lo más definido posible. 

P: A los hechos confirmados, lógico. 

R: Claro. Yo supongo que nadie que eventualmente pudiese venir 200 años después podría contener, se les desbocaría, la sensación de asombro, porque eso nos pasa a todos. Vas a un lugar al que no fuiste hace 30 años y te cuesta reconocer las cosas y te asombra todo. Y bueno, hombres de 200 años atrás estarían más que asombrados, sin duda. Pero más allá de esa generalidad, supongo que saber que somos demócratas y republicanos y que elegimos autoridades religiosamente cada cinco años es un poco la esencia de lo que ellos empezaron. Así que les asustarían quizás los autos, los semáforos y cierta chavacanería actual, pero eso en el fondo les gustaría. Demorarían quizás en darse cuenta, ¿no? Porque, bueno, primero es lo que te impacta en el ojo, que son otras cosas. 

 

Lo mejor y lo peor

 

P: ¿Qué es lo que más tenemos para celebrar?¿Qué es lo que Uruguay tiene para festejar? Y juntaría esto con otra pregunta… ¿qué es lo que más te gusta de Uruguay?

R: Yo creo que lo que más importa de lo que se hizo es haber creado una república democrática que fue evolucionando en su sentido democrático, porque en un principio votaban muy poquitos y fuimos ampliando el voto, fuimos ampliando los derechos, fuimos ampliando las prerrogativas, los mecanismos de diálogo, la representación de las minorías, que es la clave de bóveda de toda democracia, etcétera. Entonces, entendiendo que esa evolución no paró, lo que se estableció fue una república democrática y seguimos viviendo en una república democrática. Creo que esa es la cosa más importante es la que más deberíamos conservar y la que yo más amo de este país que adoro. 

En los actos del Bicentenario del año pasado, el Presidente de la República Yamandú Orsi, con su antecesor Luis Lacalle Pou del Partido Nacional y el ex dos veces Presidente Dr. Julio María Sanguinetti del Partido Colorado (Foto: Presidencia)

 

P: ¿Qué te gustaría cambiar, mejorar? 

R: Me gustaría que mejorásemos siempre, porque creo que es una tarea permanente, la capacidad del diálogo y el entendimiento. Las demonizaciones, los insultos, la idea de que el otro es todo lo malo y yo soy todo lo bueno, las radicalizaciones políticas nunca son buenas y en eso hay que estar en guardia permanentemente. No dejaron de existir nunca, ni son nuevas ahora. Me duele mucho y eso es algo que yo creo que debemos bregar por atenuar, atenuar siempre, estar en guardia. La  democracia requiere siempre estar en guardia. 

 

P: Por un lado están esas diferencias, que claro que se sienten en forma aguda más que nada en las campañas electorales, y por otro lado, esas imágenes que se dieron en muchas ocasiones de presidentes, todos los presidentes de la democracia recuperada, de diferentes partidos, juntos. En ningún otro país se ve algo así. 

R: No, no se ve en ningún otro país, eso es cierto, eso es precioso, pero bueno, hay que mantenerlo con una capacidad de diálogo constante, porque a veces son distintos los niveles. Obviamente los expresidentes y los altos cargos están acostumbrados a los diálogos, están obligados a los diálogos y mantienen muy bien la forma, pero luego hacia abajo en los cargos y hacia abajo en la población, a veces ves intolerancias crecientes. Eso a mí siempre me amarga y me preocupa, será porque soy naturalmente una mujer muy dialogante y me fastidia cuando se hacen cosas para que los diálogos se interrumpan, porque creo que eso es lo más valioso para la democracia, escuchar al otro, porque si no, ¿de dónde salen los acuerdos? Y yo desconfío enormemente de las mayorías muy rotundas y siempre pido que cuiden a la minoría, porque ahí está la salud de la democracia. Aunque sean pocos, que sean escuchados, esa es una regla de oro para la democracia. 

 

P: Gracias mil Ana  por tu valioso tiempo y por enseñarme siempre.

R: A ti Ana por tu interés.

Ana Jerozolimski
(25 Agosto 2026 , 15:46)

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