Moshe Saada (54), electo por primera vez al Parlamento israelí (Kneset) en las elecciones del 2022 por el partido Likud, es un fuerte defensor de una línea dura ante el terrorismo y un convencido de la importancia de que el primer ministro Netanyahu vuelva a ser quien forme gobierno tras las elecciones del 27 de octubre. Como abogado, trabajó en la Fiscalía, en la unidad de investigaciones internas de la policía. Por un lado, es un duro crítico de la Suprema Corte y la Fiscalía, al igual que gran parte de la coalición en la que participa, y por otro, ha tenido una posición independiente en el tema del reclutamiento de los jóvenes ultraortodoxos (haredim) al servicio militar obligatorio. Recalca que todo aquel que no sirve para defender al país no debe recibir ningún beneficio del Estado, ni los haredim ni tampoco los árabes.
La seguridad nacional y la existencia misma de Israel
P: Diputado Moshe Saada, miembro del Likud, gracias por aceptar esta entrevista. Faltando ya poco más de un mes hasta las elecciones, ¿qué cree que está en juego?
R: Creo que hay dos desafíos principales. El primero es el desafío de seguridad. Estábamos el 6 de octubre a un paso de la destrucción, verdaderamente la destrucción de la existencia del pueblo judío en su tierra. Hoy, gracias a Dios, hemos logrado neutralizar ese peligro. Había un cerco de asfixia iraní que realmente amenazaba con destruir al Estado de Israel. Si Hezbollah hubiera entrado como estaba planeado, en paralelo al ataque de Hamas, todo habría podido ser diferente. En principio eso lo tenían planeado para dentro de dos años, después de que Irán tuviera armas nucleares. Y lo que ocurrió fue que Hamas se adelantó a su tiempo. El afán de destruir al Estado de Israel a cualquier precio alteró los planes. Ahora bien, si hubieran entrado en paralelo —si Hezbollah hubiera decidido en tiempo real que sus fuerzas de 10.000 combatientes en los búnkeres irrumpieran hacia el Estado de Israel, a lo que se habrían sumado, por supuesto, Assad desde Siria, las milicias chiítas en Irak (son 135.000 milicianos chiítas iraquíes a través de Jordania), Judea y Samaria—, el Estado de Israel no existiría. Y quien no lo vea, va a sufrir el próximo 7 de octubre. Israel debe entender que vive aquí en una selva muy violenta, y que si no estamos alertas constantemente, prontos para defendernos, no estaremos aquí. Y creo que lo que hizo el primer ministro fue lograr revertir la tendencia. Es decir, de una tendencia en la que estábamos a un paso de la destrucción, hoy estamos más cerca de la victoria. La cabeza de la serpiente, quien estableció el cerco de asfixia, Irán, todos los elementos que establecieron el cerco de asfixia ya no existen ni siquiera en el sentido físico.
P: Sin subestimar los logros militares, está claro que casi tres años después del comienzo de la guerra desatada por la masacre, todavía no han sido doblegados todos los enemigos.
R: Claro que lo hemos logrado, no del todo, pero hemos logrado neutralizar la amenaza inmediata que ellos mismos proclamaban: destruir a Israel. Irán supeditó todos sus recursos a los intentos de alcanzar poderío nuclear para lograrlo. Ahora, lo que ocurrió hoy: les neutralizamos las capacidades, les neutralizamos el liderazgo, tanto el militar como el político, y hoy Trump los está neutralizando económicamente. Están perdiendo 500 millones de dólares al día. El petróleo está estancado. No hay exportación de petróleo, no hay repuestos, no hay petroquímicos. Estoy seguro de que esto terminará con nuevas protestas y una rebelión a un nivel que terminará destruyendo el régimen iraní desde dentro. Un país que hablaba abiertamente de destruir a Israel hoy tiene un líder que no puede salir a la calle. Israel ha logrado cambiar la ecuación. Y esa es realmente la grandeza del primer ministro Benjamin Netanyahu: tomar y revertir la tendencia. También es válido para el Líbano, es válido para Siria, que hoy no existe. O sea, es otra Siria, sin Assad aliado de Irán. Nasrallah ya no está y también en Gaza cambiamos la ecuación. Despertamos a la realidad. Pues volviendo al inicio de la entrevista… usted preguntó sobre qué son las elecciones. Pues le diré que Gadi Eizenkot tiene otra concepción. Él, la izquierda, cree en la concepción previa a octubre.
P: Moshé, perdone que lo interrumpa, pero es increíble esta postura que ustedes han adoptado, de que todo el que critique al primer ministro es de izquierda. Ante todo, por si algún lector no lo sabe, Gadi Eizenkot, ex jefe del ejército, que encabeza el partido Yashár, es hoy el candidato que encabeza el partido mayoritario de cara a las elecciones, según las encuestas. Es un nuevo partido, él mismo es bastante nuevo en la política. Y permítame un comentario personal: yo no soy de izquierda sino de centro, vine a Israel por sionismo. No estoy del lado derecho del mapa político israelí, pero soy capaz de ver qué tiene de logros y qué de fracasos cada parte. Y me parece absolutamente patético que ustedes hayan adoptado esa postura de tildar de “izquierda” —además, como si fuera un insulto— a cualquiera que critique al gobierno o a Netanyahu.
R: No es cierto. Pero yo tuve conversaciones con Eizenkot durante la guerra y me dijo: "No hay problema, Moshe, hay que retirarse, hay que evacuar Gaza". Le dije: "Pero escucha, mis hijos están luchando allí, y si nos retiramos estamos afectando la disuasión del Estado de Israel y debemos destruir a Hamas ahora mismo". Y él me insistía en que hay que retirarse. ¿Eso no es izquierda?
P: No, hay diferentes interpretaciones sobre cómo se debe resolver... Y permítame decirle que me parece raro que le haya dicho algo así.
R: Primero, es una visión del mundo sobre la cual hay un desacuerdo legítimo. Está claro que el Estado de Israel le importa, no tengo duda de ello, él pagó los precios más altos, su familia.
P: Perdió un hijo, Gal, y un sobrino, en la guerra desatada por el 7 de octubre. Cayeron en combate.
R: Así es. No hablo nada a nivel personal, Dios me libre. Pero digo a nivel ideológico: es claro que es de izquierda, es claro que está a favor de un Estado palestino, ¿cuál es la duda? Es claro que no tiene problema en apoyarse desde afuera en los votos árabes, lo dice ahora.

El horror del 7 de octubre y el gobierno
P: Empezamos antes con el 6 de octubre. Permítame decirle que aún no entiendo cómo es que el gobierno que estaba en el poder el 7 de octubre logró terminar sus cuatro años en el poder.
R: A eso se le llama democracia.
P: Suena muy lindo, pero la situación es más compleja. Es que, sin olvidar ni por un momento la responsabilidad de la cúpula de seguridad, no puede ser que el primer ministro, número uno del sistema, que tanto habló en su momento contra el entonces primer ministro Ehud Olmert en relación a la responsabilidad del jefe de gobierno en todo lo que atañe a la seguridad, aquí no se haya hecho responsable de nada. Sobre temas mucho menores Netanyahu exigió una comisión oficial de investigación.
R: En primer lugar, la comisión de investigación: yo consideré que en plena guerra no se debía crear, lo dije como alguien que fue referente de varias comisiones de investigación en el Estado de Israel, y creo que solo en la calma tras la batalla se podía crear. Intentamos vías de diálogo, incluso con Eizenkot yo personalmente, y también con profesores de la Universidad de Tel Aviv para hacer algo que yo propuse: tomar, junto con un profesor de la Universidad de Tel Aviv, a cuatro personas que representen al sistema judicial, la academia, la oposición y la coalición, y elegir un equipo juntos con el 100% de apoyo de extremo a extremo, siendo ellos los responsables. Creo que era una solución adecuada, lamentablemente la oposición no la aceptó; partes de ella sí, pero la oposición en conjunto no la aceptó. Coincido con usted en que, para no repetir los errores del pasado que casi nos cuestan la existencia del pueblo judío en su tierra, debemos encontrar un mecanismo, y sí creo que se debe hacer por amplio consenso: crear una comisión de investigación nacional amplia, porque quiero que todos sepan que las conclusiones son correctas y que no venga cada uno a decir "el juez está sesgado", "el juez no es honesto", "el juez no es idóneo".
Padre de combatientes, exige reclutamiento
P: Moshé, usted fue combatiente, si no me equivoco, en la Brigada Najal, lo mencionó antes, y también tiene hijos en unidades de combate en las Fuerzas de Defensa de Israel.
R: Así es. Tengo cinco hijos y solo uno está casado, y espero con el favor de Dios que todos se casen. Tengo dos hijos combatientes en Blindados, uno en Golani, que hicieron 500 días de servicio de reserva. Tengo una hija oficial en una unidad de élite, otra en el puesto de mando central en la Fuerza Aérea, y tengo otro hijo que con el favor de Dios se alista ahora a las FDI para ser combatiente. Todos somos una familia combatiente, sionista.
P: Que todos vuelvan siempre sanos y salvos a su hogar.
R: Amén, amén. He pasado por momentos nada fáciles en estos años.
P: Cuántas noches sin dormir, estoy segura.
R: Y también visitas de pésame, que no nos vuelva a pasar.
P: Por supuesto. Y todo esto refuerza justamente lo que quería plantearle. ¿Cómo puede estar cómodo en una coalición que trata de fijar la exención de los ultraortodoxos del servicio militar, la aprobación de beneficios a ese sector aunque en su enorme mayoría no aporta a la seguridad nacional?
R: En primer lugar le diré que me opuse a la ley de reclutamiento, me opuse a la ley de rabinos y por eso mi partido, el Likud, me sacó de la Comisión de Constitución. Y me sentí orgulloso de ello. En la ley de reclutamiento dije que el principio de la ley era el correcto, y también logré promover una legislación de principio que dice: "quien no sirvió en el ejército, no recibe nada", para todos los sectores de la población. No es solo para los ultraortodoxos: todo aquel que no sirve no recibe beneficios en el Estado de Israel. Los que sirven van antes que todos, y esa es mi visión del mundo porque es ética, moral y sionista. Y creo que el próximo gobierno debe construirse sobre esa visión, que es la correcta, y también los ultraortodoxos hoy entienden que es la correcta, en las circunstancias actuales es lo mejor para ellos porque la ley de reclutamiento en ese formato no va a pasar y lo saben, y de hecho no pasó. Y la prueba es que no pasó, lo dije todo el tiempo y fui coherente. Me decían "ya verás cómo pasa", y les decía "verán cómo no pasa" y así ocurrió.
P: El problema es que aunque quizás el público haredí lo vaya entendiendo, el proceso es muy lento y el liderazgo político y rabínico de ese sector actúa de otra forma. Y me pregunto cómo ve usted, que es una persona religiosa y estudió además en un marco haredí, cómo ve toda esta situación.
R: Ante todo, tiene razón, yo estudié en la educación independiente ultraortodoxa, pero fui miembro del movimiento juvenil Noar HaOved VeHaLomed. Así que una cosa compensa la otra, y me desarrollé junto a seculares, me crié en un moshav completamente secular, y me sumé al sionismo religioso. Y les digo a los ultraortodoxos: "Ustedes son mis hermanos, y tengo al mismo tiempo una profunda discrepancia con ustedes". Y no tengo duda, les digo: "Esto tampoco les servirá de nada, no van a detener el rumbo". Hoy más y más ultraortodoxos se alistan, no al ritmo que me gustaría, pero este año se alistaron 5.000. Esto es algo que no había ocurrido nunca en las últimas décadas. Y hay aquí... yo siempre les digo en sus propios canales: "En 10 o 15 años, los capitanes y comandantes de batallón de las FDI serán ultraortodoxos". Lo firmo.
P: Pero es al primer ministro, de su partido, al que debe pedirle cuentas, Moshé.
R: Hice oír mi voz en todas partes. Boaz Bismuth, diputado de la Comisión de Asuntos Exteriores y de Defensa, que trajo su propuesta de ley de reclutamiento, es mi mejor amigo y todo el tiempo me decía: "Moshe, ¿por qué dices cosas en mi contra?". Le decía: "No es contra ti, es contra la ley que están presentando". Dije en las comisiones que la ley no era ética, no era moral y no era sionista, y es una declaración nada fácil de hacer dentro de mi propia casa.
P: Usted sostiene, precisamente como judío creyente, ¿cómo es que ellos no entienden después del 7 de octubre? Lo que resulta más indignante en sus argumentos es cuando dicen "en el Estado judío quieren impedir el estudio de la Torá", lo cual es un argumento casi antisemita.
R: En primer lugar eso es mentira, pero creo que a nivel individual lo entienden, les cuesta como colectivo. Les cuesta porque al fin y al cabo es un colectivo diferente y es otro escenario. Creo que el camino correcto es legislar una ley que diga "quien no sirvió, no recibe", para todos. Y supongo que la economía los impulsará a alistarse. Es la vía más correcta, cuando la motivación sea económica. No creo en la coerción ni en los arrestos, eso es una ficción. Eso solo genera odio y no recluta a nadie. Eso aplica a los seculares, a todos. Por eso creo: "quien no sirvió, no recibe". Y esto aplica también a la población árabe, que hagan servicio nacional, voluntariado en residencias de ancianos, en hospitales. ¿Por qué el Estado de Israel otorga hoy una discriminación que yo llamo perjudicial, a la que llaman afirmativa, a los árabes que no sirvieron? ¿Por qué mi hija tiene que competir por una plaza de medicina con una joven de Umm al-Fahm, cuando mi hija sirvió cinco años en el ejército y no va a recibir la misma prioridad? ¿Por qué no decir que quien sirvió merece ir primero? Y no solo en eso, en todo el servicio público. Hoy hay discriminación afirmativa en la función pública para ultraortodoxos y árabes que no sirvieron, ¿por qué? Si sirvieron, estoy a favor. Elimino los arrestos y digo: quien no estudia, que no reciba fondos y que salga de la yeshivá. Trabaja en negro, el Estado le paga a su yeshivá y además no hace el servicio militar; basta de esto, hay que cambiar esta mentalidad.
P: La pregunta es, Moshe, ¿qué tan frecuente o fuerte es esa postura dentro del Likud?
R: Mire, el Likud es un partido democrático a diferencia de todos los partidos que usted conoce. Si obtuve más de 28.000 votos (casi el 40% de los votantes) en las internas, significa que hay un apoyo amplio, significa que el público del Likud valora mucho estas declaraciones. Y no le sorprenderá lo que le voy a decir, porque el público del Likud en su totalidad sirve en el ejército, no hay duda de ello, todos sirven.
¿Apoyo fundamentado o ciego a Netanyahu en el Likud?

P: En este tema, dentro del Likud se han hecho oír voces claras contra la política del gobierno, o sea contra la exención y a favor del reclutamiento de los haredim. Pero los más contundentes en este tema, salvo usted, se han ido del partido. Pero en otros temas polémicos, nadie abre la boca ni se atreve a salir al cruce del primer ministro...
R: ¿Por qué? No es cierto. Yo me opuse al acuerdo de rehenes, tuve una postura contraria al primer acuerdo cuando no querían entrar al Corredor Filadelfia en la frontera con Egipto, y expresé mi postura.
P: Por eso dije que usted era tal vez de los pocos... Yo me refería a la valentía política que a muchos les falta para oponerse al primer ministro, por ejemplo. Y claro que es legítimo apoyarlo si realmente coinciden con él. Pero me cuesta realmente captar que con todo lo que ha pasado aquí, con el horror del 7 de octubre, no haya habido otra línea dentro del partido de gobierno.
R: Eso es porque somos un partido democrático. Tome por ejemplo a Yair Lapid o a Lieberman: si se opone a ellos o parpadea de forma incorrecta, se va a su casa porque no lo juzga el público sino una sola persona. Para mí eso no es democracia, es antidemocrático. En el Likud expresé mis posiciones y fui a competir ante 140.000 personas y votó el 50 por ciento de ellas y la gente me apoyó, y esa es la enorme ventaja de la democracia.
P: ¿Usted cree que es adecuado que Netanyahu esté tanto tiempo en el poder? Fue electo democráticamente, eso está clarísimo, ¿pero cree que es sano para el sistema, para el país?
R: En mi visión del mundo somos una democracia, el público elige y decide. Si el público considera que basta, dirá basta. Y si el público considera que está bien, esa es la democracia. Yo lo comparo con un buen cirujano, que sabe realizar una operación de la forma más delicada y precisa; no le diría "ya estuviste cuatro años en el hospital, así que basta". No, lo quiero a usted más tiempo porque tiene experiencia. Estamos en un escenario súper complejo, con múltiples frentes abiertos, y tenemos una oportunidad dramática junto con Estados Unidos para hacer cambios dramáticos no solo en Irán, sino en todo Medio Oriente; quiero al cirujano más hábil que haya, el más certero que haya, con las mejores manos, y le digo que miro a derecha e izquierda y no encuentro a nadie que se le equipare en este nivel. Y como alguien que se preocupa por sus nietos y por la existencia del pueblo judío en su tierra, y como alguien que lo ha criticado no pocas veces, le digo que él, Netanyahu, es el hombre indicado en el lugar indicado y haré todo para que sea reelegido.
P: Hay quienes afirman que el interés nacional ya no está al frente de sus prioridades, sino su supervivencia política, si eso fuera cierto.
R: No estoy de acuerdo. Me siento frente a él y veo que el hombre lleva sobre sus hombros el futuro del Estado de Israel. Así lo ve él, esto es una democracia y cada uno decidirá lo que considere correcto. Le digo que yo miraba las cosas desde afuera, no conocía el sistema político en absoluto a nivel personal; desde el día en que lo conozco le digo muy verdaderamente que es un líder sobresaliente, es uno de los líderes más grandes del Estado de Israel. No sé cuántas personas habríamos estado en una reunión y habiendo estado casi en el punto más bajo del Estado de Israel, lograr tomar la situación desde ese lugar terrible y revertir la tendencia hasta el punto de que hoy el líder iraní tiene miedo de salir de su casa. Escuche, realmente demuestra su capacidad para maniobrar en un escenario muy complejo y creo que ganará las elecciones, evalúo que será por eso, porque el público lo valora; hay quienes lo escuchan más y quienes menos, pero al final cuando el público se pregunta a quién quiero para operar a un ser querido en una cirugía delicada, peligrosa y compleja, no tengo duda de que elegirá a Benjamin Netanyahu.
¿Y el futuro?
P: Si el Likud es nuevamente el partido que forme gobierno, después de las elecciones ¿usted espera un cargo ejecutivo?
R: De manera natural todo el mundo quiere un cargo desafiante y tiene aspiraciones, pero en este momento en lo que estoy enfocado, dado que sé que este evento es de carácter existencial para el pueblo de Israel en su tierra, me enfoco principalmente en lograr la victoria del Likud. No es algo asegurado y hay que trabajar en ello, hay que salir al encuentro de los ciudadanos y movilizarlos, y estoy ocupado en esto de la mañana a la noche, eso es lo importante. Los cargos me interesan menos en este momento. Lo que me interesa ahora es remangarme y trabajar para lograr la victoria por el bien del pueblo de Israel.
P: Y si no ganan, si no forman gobierno… ¿qué pasa? ¿El fin del país?
R: Somos un partido democrático en un país democrático y creo que eso no va a pasar porque todos ven lo que yo veo y todos quieren al mejor cirujano. Y si Dios no lo quiera pasa lo contrario, actuaremos para que ese gobierno no dure mucho tiempo.
P: ¿Cree que allí hay sionistas que quieren el bien del país por caminos diferentes a los suyos?
R: ¿En el otro lado?
P: En la oposición, sí, en quienes podrían llegar al poder... cada uno según su perspectiva.
R: Le dije que creo que las personas del otro lado, salvo los partidos árabes, los partidos sionistas son mis hermanos.
P: ¿Le queda claro que quieren el bien del país?
R: Tengo una discrepancia con ellos, es una discrepancia compleja y muy profunda, pero tengo claro que si hay en el tanque de mi hijo soldados que votan por el otro lado, también darían su vida para defenderlo a él, así como él por ellos. Personas que se manifestaron en mi contra por la reforma en la fiscalía, cuando yo trabajaba allí, me acerqué a ellas y las abracé; no es un asunto personal. Creo que el primer ministro realmente tiene razón en que se necesita un gobierno nacional amplio, hacia eso apunta y supongo que eso es lo que ocurrirá también.
P: Moshe, ha sido fascinante, en medio de nuestras discrepancias. Muchas gracias.
R: Gracias a usted. También para mí ha sido una muy buena entrevista.





