Israel

El gobierno de Israel declara la ciudad ultraortodoxa de Bnei Brak como zona restringida

¿Cómo se llegó a esta situación?

En medio de la polémica en la sociedad israelí sobre la reacción tardía al Coronavirus en el seno de la población ultraortodoxa (haredi), el gabinete encabezado por el Primer Ministro Biniamin Netanyahu votó a favor de declarar a Bnei Brak  (de población mayormente haredi) como “zona restringida”. La medida, que podría ser aplicada pronto también a otras localidades o barrios de ciudades en los que residen más que nada ultraortodoxos, determina que se limita seriamente el movimiento desde Bnei Brak hacia afuera y también hacia la ciudad.

Podrán ingresar a Bnei Brak únicamente quienes puedan demostrar con su cédula que son residentes permanentes en el lugar, personal médico, servicios de emergencia, efectivos policiales, proveedores de productos esenciales y periodistas. En primera instancia, la medida se mantendrá durante 7 días pero puede ser prolongada cada vez por otros 5.

En un comunicado oficial de la oficina del Primer Ministro, se recalca categóricamente que la decisión tiene como objetivo intentar frenar el contagio masivo de Corona.

Según los números confirmados oficialmente, Bnei Brak es la segunda ciudad de Israel con mayor índice de contagio, con 900 enfermos de Covid-19 hasta este jueves por la mañana (de un total de 6857 en todo el país, aunque esta cifra es ya del jueves de noche). Pero altos funcionarios del Ministerio de Salud Pública estimaron que los números reales son muchísimo mayores y que podría tratarse de decenas de miles de personas. Hay también quien lo dijo oficialmente, poniendo la cara públicamente. El Dr. Ran Saar, Director General de la caja de seguro médico Macabi-a la que está afiliada, según dijo, la mitad de la población de Bnei Brak- declaró ante la Comisión Corona de la Kneset que de acuerdo a su estimación profesional, el 38% de los habitantes de la ciudad, o sea unas 75.000 personas, ya estarían infectadas.

El diputado Ofer Shelah de “Yesh Atid”, que encabeza la comisión parlamentaria sobre el tema Corona, recalcó que es imperioso tomar medidas urgentes para prestar ayuda a Bnei Brak, a fin de evitar un desastre humanitario.

Ya ahora batallones del Comando de Defensa Civil del Ejército entran a la ciudad para ayudar a evacuar a gente de edad que debe estar en aislamiento, el Estado se organiza para instalar a esa gente en hoteles especialmente destinados a esta necesidad y organizaciones voluntarias ayudan con abastecimiento.

En los últimos días, el cambio de comportamiento del público en las calles de la ciudad, fue notorio, según se informa oficialmente y de boca de periodistas israelíes que fuerona Bnei Brak. Eso es importante. Pero el problema, ya estalló.

¿Por qué?

El origen del problema, que no es exclusivo de Bnei Brak sino que se dio también en varios barrios ultraortodoxos de Jerusalem y una zona de Beit Shemesh, así como en Modiin Ilit, Elad y Betar Illit, es que la población haredi no está conectada a las fuentes de información electrónicas de las que se nutre la población general. En la enorme mayoría de sus hogares , por no decir todos, no hay televisor, no manejan whatsapp y muchos tampoco internet.

El Ministerio de Salud Pública israelí sostiene que tomó medidas para informar a la población haredi por las vías a las que tiene acceso, pero comunicadores ultraortodoxos que sí están muy vinculados a la sociedad general, alegan que ello fue limitado.

Sin embargo, el problema principal parece haber sido otro: la renuencia  o abierta negativa a cumplir con las órdenes del Estado- que considera menos importantes que la de sus rabinos-, muy especialmente porque estas alteraban considerablemente la forma de vivir la religión en comunidad.  Aunque la enorme mayoría no es como los radicales que salen por televisión gritando “nazis” a los policías o tosiendo intencionalmente en forma provocativa, el ciudadano ultraortodoxo promedio fue más que renuente a dejar de ir a rezar en la sinagoga o de estudiar en la yeshiva como las autoridades indicaban.

Claro está que muchos acataron de inmediato. Pero aunque también entre los seculares no se puede hablar en absoluto de obediencia total, en la sociedad haredi el fenómeno de los “rebeldes” que escapaban de la policía para entrar de todos modos a la sinagoga, fue especialmente notorio. 

A ello se suma el hecho que se trata en general de sitios en los que la dinámica en la calle es muy intensa, el movimiento de la gente muy pegada y la densidad de población muy alta, con familias numerosas, a veces hasta con 10 hijos, lo cual multiplica de inmediato el riesgo.

En una situación en la que el contagio, tal cual han explicado repetidamente las autoridades de la salud pública, es exponencial, geométrico, la combinación entre todos estos factores, es letal.

Según informaciones que fueron publicadas en distintos medios israelíes este jueves, también estos días, a pesar de los compromisos públicos, siguen realizándose rezos en “minián” (grupos de 10 hombres judíos) en casas particulares y sinagogas abiertas ilegalmente.

Ahora, el desafío de las autoridades es doble. Por un lado, hallar la forma de ayudar a las comunidades más afectadas, de modo que logre frenar la extensión del fenómeno, por ellas mismas y sus vecinos. Por otro, imponer el cumplimiento de modo estricto y sin excepciones, tomando serias medidas contra quienes ponen en peligro la salud pública al actuar de forma irresponsable.

Ana Jerozolimski
(02 Abril 2020 , 19:45)

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