Entrevistas

Un recuerdo histórico de la creación de Israel, con Muki Tsur, hijo del primer Embajador en Uruguay y Argentina

“Mi padre estaba orgulloso de que el Uruguay democrático había sido el primero en reconocer a Israel”

Esta entrevista la publicamos hace ya varios años en la edición impresa de Semanario Hebreo. No ha perdido absolutamente ninguna actualidad. Es más: publicarla en Iom Haatzmaut resulta especialmente emocionante, porque nuestro entrevistado, Muki Tsur, vivió personal y directamente la creación de Israel.

Y lo es también recordar que la realizamos al invitar la Embajada de Uruguay en Israel a Muki Tsur a una celebración de la fecha patria, el 25 de agosto, aniversario de la independencia nacional.  El entonces y también hoy Embajador Bernardo Greiver traía una sorpresa: había invitado a Muki Tsur para entregarle la copia  del original de las credenciales que su padre Yaakov Tsur, primer Embajador de Israel en Uruguay, había presentado al entonces Presidente de la República Luis Batlle Berres.

Muki Tsur y el Embajador Bernardo Greiver (Foto: Ariel Jerozolimski)
Muki Tsur y el Embajador Bernardo Greiver (Foto: Ariel Jerozolimski)

 

Muki Tsur fue Secretario del Movimiento Kibutziano y sigue siendo hoy miembro del kibutz Ein Gev, a orillas del Mar de Galilea, al que llegó al iniciarse su servicio militar. Es educador, historiador e investigador del sionismo realizador, autor de varios libros sobre la materia.

Y ha sido un placer entrevistarlo. Nos trajo en forma viva, un trozo de la gran historia de Israel y de su amistad con Uruguay.

 

P: Muki, pasaron ya muchos años desde que usted estuvo en Uruguay, como niño, cuando su padre Yaakov Tsur fue el primer Embajador del recién creado Estado de Israel , en Montevideo. Cuando está, como esta noche, reunido con uruguayos ¿se le combinan los sentimientos y emociones tanto por Israel como por Uruguay?

R: Así es. Yo pasé muchas etapas . Estuve en Uruguay sólo medio año porque luego mi padre fue transferido a Argentina. Recuerdo muy bien que me costó pasar a Argentina. Uruguay era en ese momento un país sumamente democrático. Era una democracia muy singular, una verdadera escuela de democracia. Nosotros viajamos a la Argentina de Perón.

P: ¿Usted quería quedarse en Uruguay?

R: La verdad es que lo que yo quería era volver a Israel. En toda esa época yo no me sentía cómodo. Tenía 10 años pero comprendía  bien la situación. En el hotel en el que vivíamos me servían todas las noches pollo y arroz, porque era lo que le había pedido al mozo, que era mitológico…pero en Israel había “tzena”, racionamiento, no había lo qué comer.  Y mis padres no me podían ayudar porque tampoco ellos  se sentían cómodos…

P: Y vivir en un hotel, de por sí es una situación poco común…

R: Así es. Era un hotel de diplomáticos. Había allí muchísimos diplomáticos. Uno estaba en el exilio, el segundo estaba jubilado…cada uno con su historia. Había algunos que a mí me parecían muy extraños. Recuerdo al embajador de Brasil, que al parecer era un hombre de carrera que había sido defenestrado en Brasil porque apoyaba a Getulio Vargas. Cuando Vargas volvió, mi padre era el representante de Israel ya que aún no había embajada israelí en Brasil. Ese mismo embajador también regresó a su país. Lo recuerdo como un diplomático que dominaba muchos idiomas, muy elegante…él le dio a mi papá varios consejos, pero yo no entendía nada.

Había muchas figuras singulares, pero las dos personas con las que más hablaba y que más me gustaban…era el muchacho que era ascensorista y el mozo que nos servía la comida.

Mi padre era muy nuevo en todo eso.Y yo, lo que quería, era volver a casa. Recuerdo que al lado del Parque Rodó había una pequeña pista para patinar . Fui allí con mi mamá y le dije que quiero volver a casa. Ella me explicó que el cargo requiere que estemos allí, que eso no se puede cambiar. Se tomó muy en serio todo lo que yo le decía…así son las madres. Cuando nos estábamos por ir de Uruguay, recibí un recuerdo de la escuela José Pedro Varela, un pequeño álbum que me acompañó durante muchos años Aparecíamos allí con las túnicas y las moñas.Me fui pues a Argentina, pero siempre guardé cálidos recuerdos, con mucho cariño, por la primera etapa que vivimos en Uruguay.

 

P: Recuerdos de Uruguay…y de una época muy especial para Israel por cierto…que recién había nacido y luchaba por su vida.

R: Justamente.Pero la verda, te diré que cuando llegamos a  Uruguay, siendo yo un niño, tuve el privilegio de que me encomendaran la tarea de enarbolar  la bandera oficial de Israel  en el edificio del Consulado General en Montevideo. Era la primera bandera oficial del Estado de Israel en Sudamérica. Sin embargo, no estoy seguro si en ese momento yo comprendía plenamente el significado. No lo sé…pero con el correr de los años, esa foto con la bandera me volvió  a llegar por muchos lados..y me acompaña hasta hoy.

RECORDANDO LA LLEGADA A URUGUAY

“Hace muchos, muchos años, en 1948, salimos en un barco con 1500 inmigrantes italianos y 5 israelíes, en un viaje que duró 19 días . Uno de esos cinco israelíes era Itzjak Navon. Teníamos 19 días para estudiar qué es ser Embajador. Mi padre llevó muchos libros en los que explicaban cómo es ser embajador, cómo se siente un embajador, cómo habla un embajador, cómo puede comer un embajador...Hicieron un “ulpán” de diplomacia...como se decía en aquel tiempo, tras 2000 años.

Yo no entendía nada. No entendía qué quieren. No entendía el idioma. Pero el barco llegó. Era un barco muy pequeño, que había sido tomado de las profundidades del mar, porque se había hundido en la Segunda guerra mundial. Todo el viaje a Sudamérica, cuando estábamos iban cambiando las estrellas, yo sentía que el barco hacía ruido...como que quería volver a las profundidades.

Yo personalmente no comprendía qué pasaba allí pero muchos años después me dijeron que un diplomático israelí puede llegar solamente en un barco. Lo que no dice el libro de mi padre, era que el estado de Israel no tenía dinero para pagar pasajes de avión.

Llegamos a Montevideo . Había mucha gente en el puerto. Yo venía de la guerra . Conocía sólo a israelíes. Y pregunté a mi padre quién son esas personas. Y él me dijo: “son los tíos y las tías de los inmigrantes italianos que vinieron a festejar que ellos llegan a Sudamérica”, Yo acepté la explicación. Pero cuando el barco se acercó más, vi que la gente en el puerto tenía en sus manos banderas de Uruguay y banderas de Israel y empezaban  a gritar, como se grita en una cancha de fútbol: “¡Uruguay! ¡ Israel! ¡Uruguay! ¡Israel”!.

Yo pregunté entonces de nuevo a mi padre.”¿Quiénes son estas personas?”. Y él me dijo: “Hijo mio. ¿Ves a esta gente?  Este es el pueblo judío”.

La llegada a Montevideo
La llegada a Montevideo

 

Cuando llegamos , entramos en el puerto, salimos del barco...me empezaron a besar, toda la gente estaba llorando, todos decían las bendiciones que sabían, en ladino, en hebreo, en árabe, en todos los idiomas.Y mi padre no sabía qué hacer. Recibimos un amor que no tenía nada que ver con nosotros..Una mujer de Uruguay me dio flores que eran más grandes  que yo. Y empezaron a cantar. 20.000 personas en el puerto de Montevideo, empezaron a cantar el Hatikva. ¡Nunca en mi vida, en mi vida, escuché un Hatikva como ese! Todos estaban llorando....”.

 

 

Una nueva etapa

P: Eran los comienzos y había que aprender todo desde el principio de la diplomacia israelí.

R: Por supuesto.Mi papá nos hizo un “ulpán”, un curso intensivo de español. Cuando llegamos a Uruguay era diciembre, no había clases. Mi padre hizo pues un curso para toda la embajada. Había una mujer que sabía español, Itzjak Navon sabía ladino, mi papá sabía italiano y yo, nada.Pero estudié en forma muy intensa y por lo tanto, cuando empezaron los estudios pocos meses después de llegar, entré directo a la clase…y creo que me perdonaron por mis saltos con el idioma, por ser hijo de un diplomático. Estudié en el José Pedro Varela.

P: ¿Cómo era estudiar allí?

R: Fue bueno para mí . En tres años y medio en América Latina estuve en cinco escuelas, y no en todos lados fue bueno como en el José Pedro Varela. En Buenos Aires me mandaron a una escuela de diplomáticos  y no me gustaba ese “status”. Estuve también en una escuela de la comunidad judía de Aleppo en Buenos Aires. Luego en una escuela aristocrática “Buenos Aires”, que no me gustaba para nada…por lo competitivo, por todo lo que derivaba de ella. Luego fui a un liceo que estaba bastante bien.Pero sin duda, el José Pedro Varela había sido una muy buena experiencia.La  gente no era altiva, era cómodo estar con los compañeros de allí. Además, Uruguay estaba sumamente orgulloso de su democracia, con razón, y eso se sentía claramente también en la escuela.

P: Muki, dijo antes que quizás en aquellos momentos no era plenamente consciente del significado de enarbolar la primera bandera oficial de Israel en Sudamérica. Pero también dijo que se sentía incómodo porque en Israel casi no había lo qué comer y ustedes recibían comida en el hotel…De la guerra que había en Israel, era consciente ¿verdad?

R: Por supuesto. Y me moría todo el tiempo por contar. Recuerdo claramente que iba al Parque Rodó  a buscar gente a la que le pudiera contar de dónde venía y qué estaba pasando en Israel…aunque todavía no sabía el idioma. Recuerdo claramente que daba vueltas como un tonto buscando a quién contarle.Es que en Israel  la guerra todavía no había terminado..

P: ¿Qué se había llevado consigo de esa guerra que continuaba en Israel?

R: Mucho.Salimos directo del sitio a Jerusalem, donde vivíamos. Salimos en el primer cese del fuego. Yo no quería irme. Era un niño. Avisé formalmente a mis padres  que no viajo.Mi madre me prometió que habría una cena y mi padre me prometió “serás el primer niño que viajará por el camino de Burma”.

P: Recordemos para quien no conoce el término, que “dérej Burma”, o sea “el camino de Burma” (que significa Birmania, porque rememoraba una línea de abastecimiento entre Birmania y China durante la guerra entre China y Japón), fue un camino alternativo que permitió conectar con Jerusalem durante el sitio que se había impuesto a la ciudad por los bloqueos  a la carretera principal que es por la que se viaja también hoy.Eso fue una salvación…

R: Así es, exactamente. Yo nunca averigué si realmente fui el primer niño que pasó por “Derej Burma”. Lo tomé como un hecho histórico indiscutible,..que así sería. O sea que para mí,  llegar a Uruguay fue lo posterior..primero había que llegar a Tel Aviv…Tel Aviv significaba tener agua, tener comida, poder recibir pollo…en Jerusalem, bajo sitio, era otra cosa….

P: No sé exactamente qué podía pensar un niño en una situación así…¿pero pensó en algún momento que quizás el Estado , que recién había nacido , no aguantaría la guerra y desaparecería?

R: No, creo que los niños no sentíamos eso. Es que captar qué significa una guerra no es tan sencillo. Hasta que vi el primer herido, quizás creía que era un gran juego de boy scouts. Pero sí capté claramente que mis padres sentían la inseguridad. Recuerdo que un día llegó mi hermana, que era en ese momento una muchacha de 16 años, y dijo que Gush Etzion había caído…Yo no entendía cómo puede pasar algo así…si nosotros tenemos razón. Entonces, mi papá me dijo: “Hijo mío, también quienes tienen razón son a veces derrotados”. Recuerdo que esa frase me acompaña desde entonces.Es indudable que mis padres estaban más preocupados que yo. Pero creo que  más tarde, la sensación de que en Israel no había lo qué comer, fue para mí muy pesada y significativa.

P: Si se sentía culpable por comer pollo y arroz, me imagino….Muki, imagino que se le mezclan los recuerdos de entonces como niño en Uruguay y su contacto aquí, en Israel, con  uruguayos…

R: Yo era, en efecto, un niño. No olvidemos que veía las cosas quizás con ojos románticos, pero de niño. Volví a  Uruguay  muchos años después y la situación era totalmente diferente. El país ya había vivido la experiencia de la afrenta a la democracia…y no era fácil.Te quisiera  comentar que hasta ahora, todos los días me encuentro con unos diez uruguayos…varios viven en mi kibutz Ein Gev. Conocí de cerca a la colectividad judía uruguaya, con muchas raíces profundas, y también con no pocas diferencias entre distintos grupos que la componen. El vínculo con Israel siempre fue muy intenso y muy fuerte y de la colectividad judía del Uruguay fue de donde llegaron más inmigrantes a Israel, en proporción a su tamaño por supuesto.

Tengo un aprecio especial por la labor de los movimientos jalutzianos, que recuerdo desplegaban gran actividad.Quizás recibían menos “shlijim” que Argentina, pero no se destacaban menos.

P: ¿Recuerda cómo se sintió su papá en Uruguay?

R: El escribió sobre eso.Creo que puedo decir sin duda que tanto él como todos nosotros sentíamos que nos trataban en una forma hermosísima, independientemente de quiénes éramos. Mi padre era una persona muy cálida y enamorado del pueblo judío.  Se sentía muy cercano a lo que hacíamos y a la colectividad judía. Aunque oficialmente su misión era representar al Estado de Israel, él entendió rápidamente que claro está que debía mantener objetividad y no entrar a las discrepancias internas que había también entre los judíos uruguayos, pero a nivel personal era muy cálido y eso se manifestó  también con los judíos .Simplemente, amaba a las colectividades judías, no había dudas al respecto.

P: ¿También entre los uruguayos no judíos se sentía bien?

R: Claro que sí, sin duda.También sentía el apoyo.  Creo que hasta sentía gran orgullo que el Uruguay democrático había  dado la primera tarjeta de presentación a Israel, que había sido el primero en reconocer al Estado de Israel.

 

P: Cuando usted mira hacia atrás, recordando aquellos años , los primeros de Israel ¿qué siente hoy?

R: En aquel entonces podíamos soñar con todo, porque no había nada. Hoy en día  la realidad, por un lado, supera todos los sueños. Pero siento que la sociedad está en sus comienzos. No llegamos a una situación en la que puedo decir que la sociedad está ya totalmente formada y con una estructura segura. Espero que todavía estamos en la época del embarazo....Los problemas derivados de las diferencias sociales, de cierta pérdida del “juntos” que siempre vivimos, no inspiran confianza en el proceso todo.

P: Hay todavía muchos problemas…

R: Por supuesto . Tenemos todavía mucho que hacer. Hay grandes desafíos. La sociedad aquí creó un Estado, pero no sé si hoy en día  el Estado puede construir una sociedad. Siento que hay muchos jóvenes que comprenden el problema y espero que tengan las herramientas para lidiar con ello. Hay temas sociales, económicos…no puedo asegurar que saldremos victoriosos en esta lucha. Yo quiero hacer todo lo que esté a mi alcance para ello. Los jóvenes tienen que ser parte clave. La sociedad israelí todavía puede hacer grandes cosas.

P: Hay que distinguir entre críticas a lo que está mal y el tono que se oye a veces de que “todo está mal”..¿verdad?

R: Por supuesto. Pero te diré que yo estoy muy en contacto con jóvenes, como educador. Y siento claramente que en esta generación joven hay fuerzas que hace mucho no veía.En este sentido puedo decir que como educador me siento un mimado, ya que veo que crece aquí una juventud que no se rinde, que ve las probabilidades, que ve los desafíos y está dispuesta a mucho.Creo que hay que decir a todos aquellos que están preocupados por la situación, que traduzcan su preocupación en hechos , en empuje hacia adelante, en lugar de tirar barro.

P: Usted es “sabra”, nacido en Israel, concretamente en Jerusalem. Pero alguien me dijo “Muki Tsur es  el sudamericano que llegó más lejos en un cargo en Israel”..en referencia al hecho que fue Secretario General del Movimiento kibutziano..¿A qué atribuye una frase así?

R: Quizás al hecho que mi decisión de vivir en un kibutz la tomé cuando estaba en Argentina. Es un hecho. Cada uno tiene un momento en el que siente una revelación.  A mí me pasó eso de muy jovencito, en Argentina. Yo volví a Israel cuando tenía 14 años. Mis padres siguieron como diplomáticos en Argentina. Quería ir a un kibutz pero mis padres no me permitieron a esa edad, entonces viví en una especie de comuna familiar en Jerusalem, hasta que entré al servicio militar. Cuando estábamos en Argentina, el chofer de la embajada se llamaba Laurentino Paniagua, un indio de Jujuy. El me llevaba a la escuela. Un día me preguntó “¿qué vas a hacer cuando seas grande?”. Yo no sabía cómo responder con las palabras exactas que iría a un kibutz, lo cual ya había decidido. Entonces le dije: “Me voy a ir al campo”. Y él me dijo: “¿Estás loco? El hijo del diplomático . del embajador¿ va a estar en el campo?”. Y le dije: “Sí, voy a estar allí”. El agregó: “No te creo”. Así que cuando llegué al kibutz, a Ein Gev, le mandé una carta a Laurentino Paniagua y le dije: “Llegué al campo”. Me contestó enviándome discos con canciones de gauchos.

P: Genial….

R: Recuerdo toda aquella época con mucho respeto ..Ahora que soy adulto, sé apreciar todo eso…

P: Todavía es joven…

R: No lo creo..y me parece que es demasiado difícil hoy ser joven…pero estar con jóvenes, eso sí, siempre me parece bien.

P: Hasta los 120 Muki, con ese espíritu, siempre. Muchísimas gracias por su tiempo.

R: Gracias a ti.

 

Ana Jerozolimski
(29 Abril 2020 , 10:10)

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