Israel

Mi recordatorio a los ignorantes o simplemente egoístas de la pandemia

Foto: Policía de Israel

Estas líneas las escribo cuando Israel entró ya hace corto rato en una nueva etapa del cierre generalizado, en la que las restricciones son mayores, para lidiar con la pandemia del Coronavirus. Desde este viernes 25 de setiembre hasta el 11 de octubre se mantiene el cierre con las limitaciones actuales aprobadas y luego supuestamente habrá otras dos semanas un poco más livianas, pero también de grandes cuidados. Más allá de las polémicas sobre por qué se llegó a esta situación y sobre distintos puntos concretos que incluye y otros que no, está claro que una vez aprobada la orden del cierre nacional, todo dependerá de los cuidados de la ciudadanía.

Varias personas me preguntaron por qué un post que escribí este jueves en Facebook sobre la problemática de la gente que no se cuida y ni se pone máscara, estaba en hebreo, por qué no lo traduje. Expliqué que el mensaje iba dirigido más que nada a los israelíes, por el simple hecho que me parece notoria la falta de disciplina de mucha gente en Israel en cuanto al respeto a las instrucciones concebidas para minimizar el riesgo de contagio. Y los números lo dicen todo. Ya cerca de 7500 nuevos casos confirmados en las últimas 24 horas, y estos datos crecen día a día. 

Aún así decidí finalmente escribir esta nota, ya que es  no sólo una advertencia sino una descripción de algo que ocurre en Israel.

En realidad, estas situaciones se dan en todos lados. Son pocos los países del mundo, estimo, que respetan en forma absoluta las normas. Pero no hay aquí milagros. En aquellos sitios en los que se cuida más, se respeta las instrucciones y se actúa tal cual se indicó, la incidencia de la pandemia ha sido y es menor. 

La vivencia del día a día en la calle israelí en cuanto al respeto de las normas, me resulta increíble. Sí, claro que hay mucha gente con máscara, pero no logro entender a todos los “vivos”, ignorantes o simplemente egoístas que andan orgullosos con su “tapamentón” y te contestan estupideces cuando uno les hace una observación al respecto. “Es que me molesta sobre los labios”, me dijo una mujer que tenía la máscara por el piso, aunque estaba de guardia a la entrada de un edificio al que llega mucha gente. Tuve que contestarle que si llega a un departamento de Coronavirus en un hospital le va a molestar mucho más que una picazón sobre los labios. Me miró con cara de “esta loca qué quiere de mi vida”.

Ayer de tarde fui al supermercado. Creo que le recordé a unas 15 personas que la máscara tiene que ir sobre la nariz también, no sólo la boca. Muchos aceptaron de buen talante mi comentario, que aclaro fue hecho en buen tono y hasta con el empático “a todos nos molesta, pero no hay más remedio”. Otros me miraron torcido pero acataron y no faltaron por cierto aquellos cuya mirada fulminante irradiaba un “yo hago lo que quiero” o “estoy grandecito para observaciones”. Cuando llegué a la caja al fin a pagar, le tuve que pedir al cajero que por favor se suba la máscara, de lo cual hizo caso omiso, por lo cual después tuve que agregar en tono firme  que “no acepto que  usted me atienda si no lo hace”. Imagino que no le habría quitado el sueño no atenderme, pero como sabía que tengo razón, a regañadientes lo hizo.

Y yo me pregunto…¿qué tiene toda esa gente en la cabeza? ¿Nunca leyeron una nota sobre la pandemia y sus efectos, nunca vieron en televisión u oyeron por radio un reporte sobre los enfermos internados y la pérdida de los muertos? En un solo día, este jueves, murieron en Israel 61 personas que estaban internadas en departamentos de Coronavirus. Es totalmente irrelevante comparar con los números anuales de muertos por gripe y otras enfermedades. Si está en nuestras manos tener determinados cuidados ¿por qué no? Pero esto va más allá de ello: nadie tiene derecho a poner en riesgo a los demás. Quien no entiende el riesgo, es un ignorante. El resto, unos egoístas irresponsables.

Personalmente, no tengo ninguna duda que gran parte de la explicación de la mala situación a la que ha llegado Israel en la segunda vuelta del Coronavirus, es producto del malísimo manejo de la pandemia por parte del gobierno. A mi criterio, habrá que formar una comisión oficial de investigación, así como se investigó la tragedia de la guerra de Iom Kipur. Y ni que hablar del hecho que a pesar de faltar tan solo unos días para Iom Kipur, al referirse a la situación en un discurso a la nación este jueves por la noche, el Primer Ministro Biniamin Netanyahu no consideró oportuno en ningún momento reconocer que hubo errores. Nada. De todo responsabilizó a los demás. Medio mundo tiene la culpa, menos él. 

Pero eso es para otro análisis.

Usar máscara y mantener distancia no corre solamente si uno tiene miedo de contagiarse. Es una forma de proteger a los demás, tanto a tus seres queridos cercanos que pueden estar en mayor peligro, como a desconocidos que no tienen por qué enfermarse por el descuido de otros que les pasan cerca.

Está por un lado el fenómeno de los jóvenes que se creen por sobre la pandemia, seguros de que no les pasará nada y que si se contagia, será liviano y sin síntomas. Pues no. En los hospitales hay no pocos jóvenes internados. Y de los 1405 muertos que ha habido en Israel hasta el momento de escribir estas líneas (viernes 25 de setiembre a las 15.37 de la tarde, con la amargura de saber que dentro de unas horas el número habrá cambiado), no todos eran ancianos con enfermedades serias previas. En absoluto.

Pero además ¿es tan difícil entender que el problema no es sólo la mortalidad-que en Israel sin duda es baja, menos del 1%, gracias al buen nivel del sistema de salud-sino los daños a los distintos sistemas del organismo, sobre cuya gravedad exacta aún no se sabe todo? Lo que los expertos ya afirman es que el Coronavirus ataca el sistema respiratorio, el corazón, el cerebro, los músculos, el sistema de coagulación y mucho más. Claro, no a todos, no siempre igual. Pero ya se sabe de gente que se curó y quedó con serios problemas que antes no tenía. ¿Cuál es la lógica de subestimar? ¿Cuál es el problema de cuidarse?

Y ni que hablar de gente que recibió ya multas por no respetar la cuarentena que debían-y cabe suponer que muchos más lo hicieron y no fueron detectados- e inclusive de enfermos que salieron como si nada a hacer sus diligencias. A todos ellos, los mandaría directo a prisión.

Ana Jerozolimski
(25 Septiembre 2020 , 10:00)

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