Entrevistas

Los motivos judíos en el pincel del periodista Pablo Solari

De Freud a Birkenau

Días atrás recibí un mensaje de mi amiga y colega Blanca Rodríguez, contándome que un compañero de trabajo en “Subrayado, Pablo Solari-que trabaja en la web del informativo- le mostró varias de sus pinturas en las que ella notó claramente motivos judíos. Al ver su cuadro más reciente la entrada al campamento de exterminio Birkenau, quedó impactada y pensó que no podía dejar de contarnos al respecto. Agradecemos a Blanca el dato y el contacto con él, y por supuesto a Pablo por su tiempo y todo lo que ha compartido con nosotros. 

La nefastamente notoria entrada al campo de exterminio de Birkenau. Para Pablo. además del horror que sabe que significó,
fue un desafío con el pincel.

 

Pablo Solari (45), nacido en Montevideo, estudió diseño gráfico y publicitario, trabajó en una empresa de regalos empresariales y cuando se recibió de licenciado en Ciencias de la Comunicación, en 2002, comenzó a trabajar en radio Nacional. De ahí pasó al diario El Observador, luego radio Sarandí y ahora, desde 2012, en Subrayado, de canal 10.

Dibuja desde niño y en la adolescencia empezó a “jugar” con pintura de tela. Sus primeros “cuadros” fueron en retazos de sábanas. Nos contó que gracias a un libro que enseñaba a pintar al óleo se decidió a ir a un taller (el del pintor Enrique Piccardi), durante un año, en 1994. Luego hizo la carrera de tres años de dibujo publicitario en la Escuela de Artes y Oficios Pedro Figari. Para entonces decidió seguir por su cuenta y ser autodidacta en la pintura al óleo.

Con el cambio de siglo y el trabajo estable como periodista, dejó de pintar. Unos 20 años después la pandemia le volvió a dar tiempo libre y en abril retomó la pintura. “Me cambió todo”,nos dijo antes de esta entrevista. “En seis meses no paré e hice 15 cuadros… y vamos por más”, anuncia. Nosotros, ya ansiosos por ver más de sus pinturas.

Pintando, mientras su hijito Matías observa y admira. No se lo pierdan, a la derecha, sonriente.

 

 

P:  Pablo, llegué a ti porque mi amiga y colega Blanca Rodríguez, que te conoce de Subrayado- tú trabajás en la web del noticiero, después de haber trabajado varios años en El Observador-me contó sobre tus pinturas y sobre el hecho que muy a menudo hay en ellas motivos judíos, aunque no sos judío. Decidió escribirme cuando le mostraste tu última pintura, impactante por cierto, la entrada al campo de exterminio Birkenau. ¿Por qué? ¿De dónde viene ese interés?

R: Me encontré con la foto de este campo de exterminio en internet, casi que de casualidad. Reconocí enseguida lo que era y sentí que quería hacer un cuadro con esa imagen tan significativa. Guardé la foto en el celular para hacerlo más adelante ya que estaba con otro cuadro. Me llamó la atención por muchas razones y se me plantearon varios desafíos. El primero: la crudeza del tema, el horror de lo que allí sucedió y lo que significa para millones de personas en el mundo, sean judíos o no. Yo no soy judío pero siempre me sensibilizó el tema del Holocausto y el dolor que provocó en tantas personas y generaciones. No es una pose, lo siento así. El segundo desafío, que también me motivó a querer hacer el cuadro, fue que no conocía los colores originales, y que debía pintar nieve, algo difícil de hacer y que nunca había intentado. Tenía en mente (y fotos) referencias de cuadros de Monet con nieve, pero nunca había probado pintar nieve, que básicamente es blanco. Cuando me decidí a pintarlo pensé en cómo hacerlo sin caer en golpes bajos o imágenes explícitas, que podría haber agregado. Traté de darle un toque de esperanza dentro del horror de lo que iba a pintar, sin ser explícito, insisto. Un amanecer, después de tanto dolor. Por eso el cielo no es gris plomizo, el cuadro no es apagado ni lúgubre. No hay oscuros ni negros en demasía. Y en la puerta, al final de las vías del tren (o al comienzo, depende cómo se mire), pinté a la niña de vestido rojo, en una suerte de homenaje a la película de Spielberg, “La lista de Schindler”.

P: Sí, noté a la niña y justamente te iba a preguntar qué significado tiene. Pablo ¿Te planteaste alguna vez si puede haber alguna raíz judía en tu familia? ¿O es simplemente un interés digamos cultural o antropológico?

R. Familiares judíos no tengo, al menos que yo conozca. Sí amigos, conocidos, compañeros de trabajo. Como te decía, el tema siempre me sensibilizó. “La lista de Schindler”, “La vida es bella”, “El niño del piyama a rallas”, etc, son libros o películas que sin dudas me marcaron de algún modo. También tengo amigos armenios y por ellos supe del horror del genocidio que sufrieron hace más de 100 años, y que pocos países reconocen. Fue otra masacre.

P: Sin duda. Fue el primer genocidio de la era moderna. Además del tema judío en sí, que por supuesto me interesa mucho, debo decirte que tus pinturas son increíbles. Claro que he visto sólo algunas, pero me parecen impresionantes. Y muy especialmente la de Birkenau. ¿Hay un mensaje en los motivos que elegís pintar?

R. Hace poco un amigo de toda la vida me hizo ver que estaba pintando todos -o en su mayoría- temas que tenían que ver con lo judío. Hice varios cuadros de Sigmund Freud, Sabina Spielrein y el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Fue con este último que me lo hizo notar. Y ahí caí en que tenía razón, y que estaba expresando una sensibilidad especial que venía de antes y coincidió en los cuadros, o un acercamiento inconsciente (hablando de Freud) a estos temas. Freud se exilió en Londres en 1938 huyendo del nazismo en Viena y cuatro hermanas suyas murieron en un gueto meses después, se cree que de hambre. Freud murió en 1939. A Spielrein (también psicoanalista) la mataron los nazis junto a sus hijas en 1942. El denominador común estaba ahí, aunque yo no supiera, a priori. La serie de cuadros de Freud (son cinco), y el retrato de Spielrein, surgen por inspiración de mi esposa Gimena Paroli, que es psicoanalista y me cuenta y me explica datos y teorías de Freud y Lacan. Y un día, por un seminario que hizo vía Zoom, repasamos la historia de Spielrein, que es por demás interesante.

Sabina Spielrein

 

Sigmund Freud en sus últimos años
Freud el día que se exila en Londres

 

P: Qué interesante, veo que esto va por muchos lados. Y justamente te iba a preguntar si este interés por la temática judía, o por la historia y cultura judías se manifiestan sólo en tus pinturas o también en tus lecturas. O sea ¿tratás de acercarte por otro lado también?

R: Sin dudas ese interés previo se expresó -quizás sin darme cuenta- a través de la pintura ahora. La mitad de los cuadros que pinté de abril a ahora tienen que ver de una u otra forma con la temática judía. Y como te decía, además de las películas y los libros sobre el tema, se ve que había, hay, mejor dicho, algo latente que me vincula y conecta con estos temas, ya sea desde el horror y la tragedia, la empatía con el sufrimiento del otro, hasta la admiración de personajes como Freud y Spielrein.

P: Como comenté al principio, yo me enteré por Blanca, que siempre me manifestó interés por el tema de la cultura judía. Pero me imagino que habrán visto tus cuadros también amigos o conocidos judíos. ¿Qué te dicen?

R. Todos quienes han visto mis cuadros, estos que pinté desde abril hasta ahora, han dicho que les gusta. Como siempre sucede, unos más que otros. El arte, los cuadros, gustan o no gustan, simple. Ahí va la sensibilidad o simplemente el gusto de cada uno, pero la receptividad y los comentarios han sido positivos, muchísimo más de lo que yo esperaba o siquiera imaginaba. Con este cuadro de Auschwitz-Birkenau varios tuvieron expresiones inmediatas del tipo: “guau”, “qué fuerte”, “me impresiona”. Una amiga me dijo que el tema era “polémico” como para hacer un cuadro. Le expliqué entonces desde dónde lo hice, con qué sentimientos y motivos. Creo que le terminó gustando.

P: No sé a qué polémica se puede referir esa amiga. Es un hecho que ocurrió y es importante conocerlo. Y plasmándolo en un cuadro aportas a ello, aunque como bien dijiste, es interesante que no es un cuadro lúgubre. Pablo ¿Qué significa para vos pintar?

R. Pintar me apasiona. Es mi verdadera pasión y vocación. Cuando pinto me olvido de todo. Es como entrar en un mundo paralelo, al que solo yo puedo entrar. Ahí el tiempo no pasa (pero afuera sí) y entonces pasan las horas y puedo estar sin comer, sin hacer otra cosa que pintar. Hay un momento en el que realmente no hay nada más alrededor. Son minutos u horas, a veces instantes, en los que, si todo sale como imaginé y me gusta lo que va apareciendo en la tela, la sensación de plenitud y placer es indescriptible. Y si lo que quiero hacer y lograr no me sale, más me meto en ese mundo, mi mundo, del que no quiero salir hasta terminar y solo me saca, a la fuerza, una alarma de celular que me recuerda que tengo que ir a trabajar, por ejemplo.

Autor y sujeto de su cuadro

 

P: Qué genial tu descripción ¿Qué otros motivos pintás? O sea, yo llegué a los motivos judíos de tus pinturas, pero imagino que no son los únicos ¿no?

R. El primer cuadro que hice después de casi 20 años sin pintar fue “Matías en el parque, tocando la guitarra”. Una representación de mi hijo de tres años que saqué de una foto en la que estaba “tocando” su guitarra sentado en un sillón. Lo saqué de ahí y lo puse en un parque, tocando su guitarra, con un peluche (burrito) a costado, y una pelota. Me gustó y no paré. Después vino un autorretrato, el primer retrato de Freud joven, un paisaje, otro de Matías, ahora sentado mirando la Luna (porque le encanta la Luna), después un retrato de mi esposa Gimena, y luego la serie de Freud: el diván, el sillón y su biblioteca, el segundo retrato, cuando ya era viejo (su imagen más clásica y conocida). Luego vino el cuadro grande, el más grande que pinté hasta ahora: “Noche de jazz en la plaza”. Mide 120x80 centímetros y me costó mucho resolver el fondo, no así los siete músicos tocando. Luego Monet pintando en su jardín, Sabina Spielrein, otro autorretrato y Auschwitz-Birkenau. Después el tercer retrato de Freud. Ahora estoy pintando a Batlle y Ordóñez, y creo que podría salir una serie de viejos líderes políticos, de otras épocas.

Matías en el parque
Matías mirando y admirando la luna
Con Gimena, su esposa y gran inspiración. "Gracias a ella volví a pintar",nos cuenta Pablo
Retrato de Gimena

 

P: Pah, qué divino...me resulta apasionante esa combinación de temas. ¿Concebís convertir esto en algo más que un entretenimiento personal?

R. Sin dudas que esto ya no es un entretenimiento personal. No sé si alguna vez lo fue. Sé que ahora le dedico el tiempo que siempre le quise dedicar, y quisiera dedicarle más aún. Mi sueño es dedicarme a pintar todo el día, cuando quiera, como medio de vida, no por hacer dinero, sino por hacer lo que más me gusta y me da mayores satisfacciones. Vivir de pintar sería un sueño hecho realidad. Y no es poca cosa, sería lo máximo, tocar el cielo con las manos, todos los días. 

Disfrutando, y encima, con la mejor compañía del mundo. Matías, siguiendo los pasos.

 

P: ¿Algo más que quisieras contar y que no te supe preguntar?

R: Solo agradecerte por la oportunidad de contar todo esto, de dar a conocer una parte muy importante de mi obra, que aún es escasa. Muchísimas gracias. Infinitas gracias. 

P: A vos Pablo por compartir conmigo y los lectores todo esto. Ya estoy ansiosa por ver más cuadros. No te olvides de mandarme por favor la de Batlle y Ordoñez cuando lo termines.Mil gracias.

R: A vos Ana.

Ana Jerozolimski
(29 Septiembre 2020 , 10:03)

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