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Democracia y pandemia: Kneset limita participación en manifestaciones

En medio de grandes polémicas y tras semanas de discusiones entre gobierno y oposición y dentro de la propia coalición,  el Parlamento israelí resolvió limitar las manifestaciones durante el cierre impuesto por la pandemia del Coronavirus. De hecho, la decisión tomada habla en igual medida de “manifestaciones y plegarias”,pero es evidente que lo novedoso es lo referente a las protestas.

Es que la limitación de poder participar en uno u otro marco únicamente si se lleva a cabo a una distancia que no supera el kilómetro de la casa en la que uno reside, no es relevante para gente que ve a rezar y suele hacerlo cerca de su casa. Evidentemente, la intención es limitar las manifestaciones contra el Primer Ministro Netanyahu en Balfour, junto a su residencia oficial en Jerusalem, a las que llegan miles de ciudadanos de diferentes partes del país.

A diferencia de la situación reinante hasta ahora, en la que las manifestaciones quedaban excluidas de las limitaciones del cierre, desde ahora cada ciudadano podrá participar en las protestas si tienen lugar a no más de 1 kilómetro de distancia de su casa, siempre y cuando se lleven a cabo en cápsulas de hasta 20 personas, manteniendo 2 metros de distancia de los demás.

La decisión fue aprobada por 46 votos a favor y 38 en contra, registrándose también votos opuestos de la propia coalición de gobierno, de dos legisladores del partido “Kajol Lavan” de Beni Gantz. La ex periodista y hoy diputada Miki Haimovich explicó que “esto es para mí una prueba de democracia y libertad de expresión y no puedo aceptarlo”.

En realidad, la terminología de la enmienda aprobada a la “Gran ley Corona” es más general y abarcativa. Se refiere a la autoridad que tendrá el gobierno de declarar “situación especial de emergencia por el Coronavirus” durante una semana  y de prolongarlo por nuevos lapsos de una semana cada uno, llegando a no más de 21 días.  Originalmente, al declararse hace aproximadamente una quincena un segundo cierre en Israel, se habló de dos semanas con posibilidad de extensión. El viernes pasado entró en vigencia una nueva etapa con un cierre más estricto y ahora Netanyahu dice que se prolongará por no menos de un mes. 

Las posiciones sobre las nuevas limitaciones  cruzaron líneas partidarias. También en el partido de Beni Gantz, que por un lado es socio de Netanyahu en el gobierno y por otro trató de frenar todo tipo de limitación a las protestas, consideran desde hace ya un tiempo que en momentos de cierre generalizado, es clave que también las manifestaciones  se adapten a la situación. Según datos publicados hasta ahora, los contagios en manifestaciones han sido mínimos, más que nada porque se trata de una aglomeración  al aire libre, pero expertos ya han dicho que todo tipo de aglomeración constituye un riesgo que debe ser evitado en momentos en que los números de la pandemia son, como hoy en Israel, tan malos.

Los críticos de Netanyahu le han acusado de haber decidido imponer  el cierre más que nada para tener un motivo declarado para limitar también las manifestaciones, lo cual el Primer Ministro evidentemente desmiente en forma categórica. Lo claro es que el tema de las manifestaciones ocupó un lugar preponderante en los debates del gobierno en las últimas semanas. Mientras Netanyahu sostiene que su única consideración es la salud de la población, ha sido acusado por sus críticos de estar motivado por la obsesión de poner  fin a las protestas en su contra y el deseo de limitar la democracia israelí en su beneficio.

Varios ministros del Likud acusaron a los manifestantes de no sólo propagar la pandemia –lo cual no está avalado en ningún dato reporte serio de la situación- sino de complicar con sus protestas el cumplimiento del cierre general. “Me cuesta llamar a los haredim a no orar en las sinagogas mientras ven que hay manifestaciones”, dijo el jefe de la coalición Miki Zohar de cara a Iom Kipur, días atrás.

Esto lleva a otro punto, uno de los más complejos de la pandemia actual: el comportamiento de gran parte del sector ultraortodoxo, especialmente las “jasiduiot”-grandes grupos fieles a un rabino central-que no acata las instrucciones , no se cuida y desoye absolutamente las limitaciones, alegando que el Estado no tiene derecho a interferir en su forma de vida.  Según datos oficiales, 1de cada 4 haredim se ha contagiado de Covid-19.

En ello incide tanto lo que ocurre en las yeshivot como la forma de vida de la comunidad ultraortodoxa en general. En muchas yeshivot se impuso un sistema de estudio en cápsulas pero no de programó debidamente la salida de las mismas.

Por otro lado, la pandemia no está hoy solamente en las zonas rojas sino que es generalizada en todo el país.

Según datos recibidos por el Gabinete Corona, los hospitales han llegado al 85% de su capacidad en los departamentos de Coronavirus . La cantidad de enfermos se duplica cada 26 días. El 10.8% de los contagiados tienen más de 60 años, de lo cual se desprende que hay numerosos jóvenes infectados, aunque no todos tengan síntomas.

 

Ana Jerozolimski
(30 Septiembre 2020 , 07:01)

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