Mundo Judío

¿Sabías que hay quienes construyen su Sucá adentro de su casa?

Descubre el mundo de los Samaritanos

Lo vimos con nuestros propios ojos. Los samaritanos construyen su sucá en el comedor de su casa. En realidad, no es una sucá como la conocemos nosotros y lo único que se parece a ella es su parte superior, el techo, que en lugar de las enormes ramas que conocemos, es una impactante obra de arte de frutas entrelazadas.

En los últimos años hemos estado dos veces en el Monte Grizim, con los Samaritanos (Shomronim en hebreo) y quedamos impactados con esa forma de celebrar Sucot.

Mientras a lo largo y ancho de Israel se ven siempre  por doquier todo tipo de “sucot”- en la calle, en balcones, en jardines, aunque este año por la pandemia no es lo mismo ya que está prohibido invitar a la sucá a quienes viven en otra casa-es oportuno recordar una celebración especial de esta festividad, que vivimos años atrás en la aldea de los Samaritanos junto a la ciudad de Nablus.

La aldea samaritana sobre el Monte Grizim

 

Pero para captarlo hay que recordar ante todo quiénes son.

Se consideran los descendientes auténticos de “los hijos de Israel” en el sentido bíblico de la expresión, creen únicamente en la Torá (el Pentateuco) y por ende en Moisés como su gran profeta….y rezan postrados, como los musulmanes. Son los samaritanos del Monte Grizim, aledaño a la ciudad palestina de Nablus al norte de Cisjordania, una comunidad religiosa con varias características y tradiciones muy similares al judaísmo,  cuyo idioma principal es el árabe aunque también dominan el hebreo y una de cuyas convicciones centrales es que aquí están en su lugar sagrado, mencionado en los primeros libros de la Biblia, ya que no ven en Jerusalem a su Ciudad Santa.

“Nosotros somos los verdaderos guardianes de la Torá”, nos dijo Ben Yehuda Altif, al recibirnos en su casa en el Monte Grizim, aclarando que lo podemos llamar también por su nombre árabe, Rajai, símbolo de la singular situación en la que viven él y sus hermanos. Es de esa condición, de la preservación de la de los antiguos israelitas tal cual existió hasta el exilio de los judíos a Babilonia, que deriva el nombre de este grupo étnico-religioso, que en hebreo se llaman “shomronim”. La palabra viene de “shomrim”, que significa “guardianes”.

Ben Yehuda (o Rajai) Altif, y su esposa Mazal (o Shifa)

 

Rajai es uno de los dirigentes comunitarios , que explica con orgullo y voz muy suave sobre su grupo, señalando que hoy “ya somos 750, parte aquí y parte en la comunidad de Holon”, en referencia a la colectividad samaritana que se ha creado a partir de 1967 en la mencionada ciudad israelí aledaña a Tel Aviv, a raíz de la necesidad de jóvenes de salir a buscar trabajo en otra zona.

Lo que Rajai (Ben Yehuda) no menciona , es que siglos atrás, los samaritanos eran más de un millón. Diversos hechos históricos fueron reduciendo en forma dramática a esta comunidad, especialmente la durísima represión bizantina de la revuelta samaritana en su contra, aunque también influyó una conversión masiva al Islam en los primeros tiempos de su dominio en la zona.

Pero para esta pequeña comunidad, lo que cuenta es que viven en su lugar sagrado.

“Allí, en esa colina,  se creó el mundo”. Nada más y nada menos. Con esta afirmación, Ben Yehuda (Rajai) señala hacia la colina que se ve claramente desde la calle de su casa en la localidad de Kfar Luza, en el Monte Grizim. Para él y sus hermanos, en la así llamada “cima del mundo”, comenzó todo.

Esta es una de las creencias más básicas de los samaritanos , un grupo étnico –religioso cuyos orígenes no están totalmente claros, pero que afirman son descendientes de dos de las tribus bíblicas del antiguo Israel, antes del exilio impuesto a Babilonia. Para ellos, es allí, en esa cima-y no en Jerusalem, a diferencia de lo que creen los judíos- que debe verse el santuario principal. Sostienen que a su lado, debajo de los restos de una iglesia bizantina , estaban las ruinas de su Gran Templo Sagrado.

Tres veces al año, en las fiestas de peregrinación-que existen también en el judaísmo-, los samaritanos todos ascienden de la aldea en la que viven , hacia la colina sagrada. Pero también desde abajo, en sus casas en el Monte Grizim, explican que su vida misma está basada en la religión samaritana y que para ellos no hay laicos y religiosos. Todo gira en torno a los preceptos de su credo, estrictos en muchos aspectos, como al exigir que la mujer viva separada de su esposo no sólo durante la menstruación  sino también después del parto: por 60 días si nace un varón y por 80 si nace una niña.

Para los samaritanos, no hay términos medios. 

Un ejemplo claro de ello es el precepto del ayuno en el Día del Perdón, en el que se considera-tal como lo explican los judíos- que Dios da al hombre una oportunidad para expiar sus pecados  a través del arrepentimiento y la oración.  A diferencia de los judíos, para quienes el Día del Perdón es también su fecha más sagrada, los samaritanos no permiten eximir a nadie del ayuno y tienen la obligación de cumplirlo también los niños pequeños, ancianos y enfermos. 

Rezan postrados, como los musulmanes (Foto: museo Samaritano en el monte Grizim)

 

Y todo, en una situación sumamente singular inclusive por su propia ubicación.

No es difícil entender su percepción de las condiciones singulares en las que viven. Con observar un poco el camino hacia el Monte Grizim en el que se encuentran, es suficiente: cruzando territorios que se hallan bajo responsabilidad civil palestina y bajo responsabilidad de seguridad israelí, mientras la aldea misma en la que residen es territorio bajo gobierno palestino..y la colina sagrada hacia la que dirigen sus rezos “en la cima del mundo”, es territorio bajo gobierno de Israel.

No es casualidad pues oír frases como “hoy  andamos como maniobrando entre las gotas”, que nos dice  Shukri Altif, un amigo y familiar que entra de  visita a la casa de Rajai , vestido de fiesta, como es propio en los días singulares del “Sucot”, que los samaritanos suelen festejar un mes después de la fecha judía.

El ambiente festivo se impone de inmediato apenas entramos a lo de Rajai (Ben Yehuda), ya que la típica “sucá” (cabaña) -que construyen al igual que los judíos en recuerdo de las chozas que el pueblo de Israel construyó durante su travesía de 40 años por el desierto al salir de Egipto- la tiene dentro de su propia casa. “Esta costumbre de hacerla adentro, y no afuera, comenzó hace unos 250 años, cuando quienes no eran samaritanos ni judíos, atacaban y destrozaban la sucá”, explica . Cuenta orgulloso que le llevó “ocho horas, neto, enteras, prepararla, pero salió hermosa”, y aclara que lo típico de los samaritanos es adornar el techo de la sucá, tal cual indica el texto de la Torá, con frutos cítricos.

El requisito previo para poder celebrar esta fiesta, es que hayan ayunado en Iom Kipur. “Si se cumplió con el precepto, Dios permite entrar al Paraíso”, explica Mazal (Shifa), su esposa. “Y ésto”-dice señalando su hermosa “sucá” erigida entre los sillones de su comedor- “ésto es el paraíso”.

“Entre las gotas”, había dicho Shukri Altif, siendo el más explícito en cuanto a un tema delicado, la vida entre Israel y los palestinos,  mientras su compañero de visita, Gharred Farraj , canta una melodía samaritana explicando que ellos nunca usan instrumentos.

Shukri Altif (izquierda) y Gharred Farraj, líderes comunitarios samaritanos

 

“Lo que a nosotros nos interesa es vivir en paz y seguridad, en coexistencia buena con todos, y así lo hacemos”, explica Shukri y Rajai asiente. En la práctica, logran en efecto vivir su vida comunitaria sin problemas, pero son conscientes de lo delicado de su situación por la ubicación misma  de su aldea, no porque hayan tenido incidentes de ningún tipo.

En el museo comunitario nos muestran fotos de un encuentro del Presidente palestino Mahmud Abbas con el Gran Sacerdote Aharon Abu al Hassan Cohen y nos cuentan que “hasta había un representante samaritano en el Parlamento palestino”. Pero tienen tanto cédula de identidad palestina como israelí, sus tratamientos médicos los reciben todos en Israel y aunque muchos trabajan y estudian en Nablus, con los palestinos, otros tienen puestos como funcionarios en las oficinas de la Administración Civil israelí en Cisjordania.

El entonces Gran Sacerdote Aharon Abu alHassan Cohen

 

Viven entre dos mundos..y por un fenómeno que no logran explicar, tienen que agregar un tercero, mujeres del exterior que se convierten en samaritanas, ya que en su comunidad hay tres veces más hombres que mujeres, un serio problema por cierto para el grupo.

Hace ya varios años que representantes de la comunidad viajan a Ucrania a conocer mujeres que estén dispuestas a sumarse a ellos y las traen para contraer matrimonio con jóvenes samaritanos en el Monte Grizim. En general las combinaciones funcionan bien y según Ala, casada con un familiar de Rajai, que habla mientras su pequeño samaritano da vueltas gritando sin cesar, “me han hecho sentir como en casa”. Durante seis meses están de “prueba” para ver si la unión funciona, si pueden adaptarse a las costumbres estrictas de la religión y se convierten así en parte integral del grupo. Dicho sea de paso, mujeres se aceptan, pero no conversión de hombres..que ya tienen bastante. En la comunidad samaritana en Holon, dentro del Israel soberano, los “agregados” a la comunidad han sido de otra fuente: samaritanos que se enamoraron de judías israelíes y contrajeron matrimonio.

 

Ala Altif (derecha) originaria de Ucrania, hoy samaritana, junto a Mazal (Shifa) Altif, hoy su familiar

 

“Hoy afortunadamente vamos creciendo y nuestra comunidad está muy bien”, nos dijo en aquel encuentro el Gran Sacerdote al recibirnos en su casa, con amplia sonrisa y mirada de aspecto noble, acentuados por sus 86 años que parecen muy bien llevados. “Y esperamos seguir creciendo, por muchos años más”.

Ana Jerozolimski
(02 Octubre 2020 , 09:27)

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