Entrevistas

La salvación de Alejandro Landman en la Europa de la Shoá (2ª parte)

Cuando pactamos esta entrevista con el Ing. Alejandro Landman, sobreviviente de la Shoá y desde hace años Presidente del Centro Recordatorio del Holocausto de Uruguay, le preguntamos qué fotos podría enviarnos, tanto de su niñez en Europa como actuales, con su familia, sus dos hijas y sus nietos. Siempre pensamos que el haber seguido adelante, formado familias tras haber perdido en la guerra a muchos seres queridos, y traído descendientes al mundo, es la respuesta perfecta al horror. 

Recurrimos también a Evelyn, una de las dos hijas de Alejandro, a la que conocemos desde hace años. Y de todo lo que recibimos, lo más impactante fue un video que el propio Alejandro nos envió desde su celular. Era una parte de las palabras que pronunció, eh hebreo,  hace pocos años en la boda de Ilan, uno de sus nietos, en Israel. Allí, con tono muy calmo,  hizo un comentario emotivo e impresionante sobre la fecha en la que se estaba llevando a cabo ese evento familiar tan feliz, 13 de junio, la misma fecha en la que varias décadas antes, de niño, saltó de un tren en marcha y una vez más, logró salvar su vida.

 

“Mi madre y yo fuimos a  Lemberg, Lwow, que es la capital de Galitzia”, nos contó Landman entre muchas otras cosas, hablando de una de las varias etapas de maniobras para salvarse, que incluimos en la primera parte de la entrevista, publicada la semana pasada. “ Mi madre quedó como empleada doméstica en una familia, sabían que era judía pero la ayudaron y yo fui a esconderme a la casa de un albañil.  Mi mamá les pagaba para que me escondan. Ahí estuve hasta junio del ‘43, ¿y sabés qué fecha? 13 de junio”. 

Acotamos, porque ya habíamos visto el video, que esa fue años después también la fecha del casamiento de uno de sus nietos. “Así es. Como el casamiento. Tuvimos que irnos de allá porque eran tiempos muy difíciles, ya que  justo estaban liquidando el gueto ahí, así que cazaban judíos por las calles como… bueno…mejor  ni hablar. Mi mamá resolvió ir a Buchach, donde estaban mis abuelos, pero era justamente el 13 de junio, igual que el día que salté del tren, igual que el día del casamiento..gran coincidencia de fechas.. Esa fue otra etapa”.

Y hoy, en esta segunda parte de la publicación, nos adentramos en otras etapas de la salga de salvación de Alejandro Landman. Y cuando se corre contra la muerte, quizás recién tiempo después se entiende cuántas veces se la logró esquivar. Esto queda claro en uno de los relatos de la entrevista.

 

 

P: Alejandro, seguimos con tu historia de salvación…y entiendo que hay cosas que comprendiste bien recién muchos años después.

R: Así es. Te doy un ejemplo. Hace pocos años, exactamente en el 2014, estaba buscando en internet, como había hecho tantas veces, a ver si aparecía algo sobre Buchach, donde vivían mis abuelos. Te aclaro que es como  si apareciera algo sobre Nico Pérez, porque es una aldea de 200 habitantes. Y justo encuentro un artículo de una revista polaca que se llama Life, que habla sobre Buchach, sobre Bremiany donde me escondí y sobre Dniester. 

 

P. ¿Y ese artículo tenía algo que ver con tu historia?

R: De hecho sí. El artículo  era de un señor que se llama Kuwalek, que dice que tiene que ir a Bremiany porque tiene un encargo de una amiga, de nombre Mira, que viene de Israel. Nada más que esto, que estuvo escondida, tal fecha, en un molino, etc, etc. Este hombre, según leí, era una figura destacada, no era judío pero había sido director del Museo Judío de Majdanek y después del de Lublin y había escrito varios artículos sobre el Holocausto. Y leo que esa amiga de Israel de la que tenía un encargo, había estado en el lugar justamente ese mismo tiempo que yo. Y el 25 de enero habían entrado los alemanes allí y los estuvieron buscando, estuvieron interrogando a la hija de los molineros, pero ella no los delató y se salvaron. Y era, evidentemente, el mismo día que nosotros tuvimos que escapar. 

 

P: Y de eso te enteraste hace sólo unos años…increíble.

R: Así es. Ahí entendí que el hecho que no pude llegar al molino, al final me salvó la vida, porque en el molino estaban los alemanes. Cuando fui a Israel tiempo después logré ubicar a esa mujer de la que él había escrito. Se llamaba Mira Krum. No se acordaba todo pero sí del molino y de cuándo se había salvado. Y entonces entendí que todo había sido al revés de lo que yo había pensado en el momento.  Yo creí que el hecho de que se rompió el hielo y caí al agua y todo eso era una desgracia…  eso al final me salvó la vida porque no me permitió llegar al molino.

 

P: Cuántas casualidades y suertes, ¿no?

R: Tanta casualidad y suerte, claro. Lo que te quiero decir es que después que los alemanes invadieron otra vez Buchach, deportaron a toda la población, y los que quedamos íbamos  caminando, no sé a dónde nos llevaban. La cuestión es que me escapé de esa marcha al segundo o tercer día  y empecé a caminar a lo largo del frente tratando de cruzar, pero no era tan fácil. Veía las fortificaciones alemanas, de noche se veía el fuego de los cañones rusos, del otro lado del frente, pero cruzar era imposible. Y bueno, un día me agarraron, me metieron en el tren y de ahí me escapé. Pero… aquí viene otro milagro, ¿sabés dónde desemboqué?

 

P: ¿Dónde?

R: En el mismo lugar, en Lwow, en el barrio del albañil que me había escondido. Una ciudad de 300.000 habitantes, donde yo no conocía nada, justo salí entre las vías y veo que es un lugar conocido. Exactamente el 13 de junio, un año exactamente después que salí de la casa del albañil, hice un par de cuadras a la casa del albañil, de ahí fuimos caminando, porque era peligroso ir en tranvía, hasta la casa donde trabajaba mi madre. La cuestión es que salí justo en el mismo lugar. Me acordaba que me había cortado el pelo, porque tenía el pelo larguísimo, peluquería, paso por la peluquería, estaba en el mismo lugar. Y así pude llegar a la casa donde trabajaba mi madre. Mi madre había tenido que irse, es otra historia. Pero pudimos reencontrarnos. Así que otro milagro más.

 

P:  ¿Y la liberación, cómo fue?

R: Bueno, la liberación ya fue fácil porque allí había muchos refugiados polacos y con dos testigos uno conseguía documentos polacos, así que el último mes, del 13 de junio al 26 de julio, estaba en total libertad, jugaba con los muchachos. No había ningún problema.

P: Tú no pasaste la guerra en campos de concentración sino escondiéndote y escapando todo el tiempo.

R: Así es, yo estuve escondido. Escondido y escapando, sí. 

P: ¿Qué es lo peor que pasaste? ¿Es simplista plantearlo así?

R: Sinceramente no hice una escala. Cada cosa, cada día era un desafío. O sea, mientras  estaba ahí adentro no me pasada nada, porque no salía, salía muy poco. Pero no hay una escala con lo peor. Todo era malo. Todo era peor.

 

P: Si miras hacia atrás ¿tenés claro que  en muchas ocasiones podrías haber muerto? 

R: Tenía que haberme muerto, me salvé de buena suerte o de milagro, ¿no? Lo lógico hubiera sido que me hubiese muerto. Basta, creo, con el ejemplo que tuve que caminar mojado a 30º bajo cero, ya con eso creo que es suficiente, sin todo lo demás, ¿no?

 

El reencuentro, a salvo

Con su madre, de niño

 

P: Antes contabas sobre las fechas que se fueron repitiendo en tu vida. El 13 de junio, en este caso de 1944, fue el día en que te reencontraste con tu mamá.

R: Así es. Fue el día que salté del tren. 

P: ¿De ahí hasta el fin de la guerra se quedaron donde ella estaba?

R: Sí,  ya no había problema, porque ya me consiguieron documentos. Como había muchos refugiados, con dos testigos que decían que conocían a la famiia, que jugaba con los hijos de esa gente donde trabajaba mi mamá, y no había ningún problema.

P: ¿Es porque ahí ya no se sentía guerra?

R: Guerra sí se sentía, porque en Lwow había lucha callejera, bombardeaban, cañones, todo eso. Había que estar metido como diez días en el sótano. Pero eso ya era lo de menos.

P: A qué se llegó si eso era lo de menos…

R: Eso era lo de menos, te aseguro. Éramos ahí los únicos judíos. 

P: Pudiste reencontrarte con tu mamá . ¿Pero  qué pasó con la familia más extensa?

R: De la familia se salvaron muy pocos.  Se salvó un hermano de mi padre, que se escapó a Rusia. Unos hermanos de mi abuelo, ellos se salvaron escondidos y después, gente que no conozco, no sé como se salvaron. Dos hermanos de mi abuela, cantidad de primos de mi padre y de mi madre, que están en Israel. Pero, en realidad familia cercana, eran mi tíos, mis abuelos, etc., casi nadie.

 

 

El fin de la guerra y la nueva vida en Uruguay

 

P: Cuando terminó la guerra ¿cómo fue, adónde fueron?

R: Te cuento ante todo que cuando terminó la guerra nos quedamos un año en Lwow, y después como  Lwow quedó en Ucrania fuimos evacuados a Polonia. Y recién entonces volví a ser judío. Porque fijate vos que yo seguía haciéndome pasar por polaco, durante todo el tiempo bajo dominio ruso, porque esta gente se acostumbró a matar judíos y no quería ser judío en esa parte de Ucrania. En Polonia tampoco. Tú seguramente sabes cómo era la situación allí con el antisemitismo. Un año después de la guerra, en julio del ‘46 hubo un pogrom en Kielce, en el que mataron cuarenta judíos sobrevivientes . Los  mató la misma policía que los tenía que cuidar. Así que era muy difícil la situación. Yo recién, digamos, volví a ser judío en el año ‘46, cuando empecé a ir a la escuela judía.

 

P: Y después, la nueva etapa, Uruguay. ¿Por qué?

R: Porque mi padrastro tenía familia uruguaya. Nosotros queríamos ir a Estados Unidos, donde estaba la hermana de mi padre, mi tía, pero era imposible, no se conseguía. Así que se decidió ir a Uruguay. En aquel entonces yo no sabía dónde quedaba. Para mí, Uruguay y Paraguay, en aquel momento, eran lo mismo.

P: O sea que tu mamá se volvió a casar.

R: Así es, en 1946. Y el 3 de julio de 1948 llegamos a Uruguay.

P: ¿Recordás cómo te sentiste cuando llegaste a Uruguay, o cuándo empezaste a sentirte uruguayo?

R: Yo en Uruguay nunca tuve problemas. Fijate vos que yo entré a la facultad de ingeniería en el año ‘53. En la década del ‘50 la facultad de ingeniería era una facultad muy elitista, todos mis compañeros tenían dos o tres apellidos y la mayoría vivía en Carrasco. Nunca me discriminaron, por ser judío, por ser extranjero, en ese sentido jamás tuve problemas.

P : ¿Y recordás cuándo, me imagino que no es un día, empezaste a sentirte uruguayo?

R: Bueno, no sé cuando empecé a sentirme uruguayo, pero prácticamente toda mi vida viví en Uruguay, así que aquí está claro. Llegué antes de cumplir los 15 años y ya  me estoy acercando a los 88. 

P: ¿Volviste a Europa, a otras estaciones de tu vida?

R: En Polonia estuve varias veces. A Ucrania, la parte donde estuvimos nosotros, recién pude ir cuando murió mi mamá a  a los 95 años. Pedía por favor “no vayas a Ucrania, a la Galitzia”.

P: Tenía miedo, claro, que vayas…

R: Sí. A Polonia también, pero los ucranianos  son terribles. Hay mucho odio.

P: ¿En Uruguay has tenido- hasta los 120 años- una buena vida?

R: Sí, sí, muy buena vida, no me puedo quejar.

P: Y lo principal, formaste una familia. Yo conozco a Evelyn, una de tus hijas. Contame por favor del resto.

Caption

 

R: Tengo a Evelyn y Heidi. Evelyn vive en Israel y Heidi en Uruguay. 

Evelyn tiene 3 hijos y  y Heidi tiene 2. Pero acá no tengo a ningún nieto, porque los dos uruguayos están ahora en el exterior, una en israel y el otro en Barcelona.

Con Evelyn, su hija mayor, en la boda de Ilan, uno de sus hijos, nieto de Alejandro
Alejandro con Heidi, su hija menor, y su hijo Gonzalo, uno de sus 5 nietos

 

P: ¿Le contaste a tus hijas lo  que habías vivido de niño?

R: Había una especie de pacto de silencio entre los sobrevivientes. No se hablaba. A los hijos no se les contaba nada. Muy poca gente les contó. Ahora, con el diario del lunes, creo que los que no contamos nada teníamos razón.  A los nietos sí, especialmente los de Israel porque reciben mucha información sobre el Holocausto ya en la escuela. Me preguntan y yo les contaba. Sabía que al que más le interesaba era a mi nieto mayor, Idan, el que se casó. Siempre quería saber cómo hice yo para saltar del tren. 

 

P: Y aparte del hecho que los nietos preguntaban ¿para ti era importante contarles a los nietos?

R: Sí, muy importante, porque son la tercera generación y tienen que recordar. Si no, lamentablemente, al pasar las generaciones se pueden olvidar. Hay que tratar que las cosas se recuerden, que pasen de generación en generación.

 

Alejandro responde a esta pregunta y se le entrecorta la voz cuando pasa al hebreo: 

“Bekol vedor, adám jaiáv lirót et atzmó keílu hu haiá nitzól Shoá”. En cada generación, cada uno debe verse a sí mismo como si fuera un sobreviviente de la Shoá, traduce con la voz entrecortada. Y recurre a un pilar de la tradición judía al resumir en pocas palabras : “Vehigádta lebinjá”. “Y les contarás a tus hijos”.

 

 

El mejor resumen

Con los 5 nietos

 

P: Y después de todo el sufrimiento, no hay mejor respuesta que haber formado tu familia ¿verdad?

R: Así es. Evidentemente tengo una hermosa familia que formé con mi esposa Hela Lender, quien lamentablemente murió muy joven, a los 50 años, en 1997. También era sobreviviente del Holocausto y tuvo la suerte de conocer a 4 de nuestros 5 nietos. En su memoria, la quinta nieta en nacer lleva su nombre: Maia Hela. Mis dos hijas son triunfadores en la vida. Lo de Evelyn lo sabés perfectamente bien.

Con su esposa Hela (z"l) y sus dos hijas Evelyn y Heidi, de niñas

 

P: Evelyn es una exitosa ingeniera egresada del Technion, que ha cumplido papeles claves y pioneros en alta tecnología en Israel y lo sigue haciendo.

R: Así es. También Heidi triunfó en su profesión, en su negocio. Y los nietos  son todos profesionales o están por recibirse. Gonzalo es Licenciado en Relaciones Internacionales, Andrea es diseñadora gráfica, Ilan es ingeniero y trabaja en INTEL, Gal se recibe este año de  ingeniero  y Maia todavía está haciendo el servicio militar. No se puede pedir más. Lamentablemente ninguno de ellos está viviendo en Uruguay, pero están haciendo buenos y exitosos caminos y eso me llena de alegría y orgullo. 

 

 

 

Ana Jerozolimski
(05 Febrero 2021 , 12:40)

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