Entrevistas

Israel y el Coronavirus: pandemia, religión y el Estado

Un duro análisis dentro del sector haredi (ultraortodoxo)

Esta nota se origina en las fuertes polémicas en la sociedad israelí en relación al incumplimiento de las medidas impuestas por el gobierno para frenar la pandemia, tema en el que el sector ultraortoxo ha estado en el ojo de la tormenta.  Está clarísimo que hay violaciones de las restricciones en absolutamente todos los sectores de la población. No ha sido exclusividad de los haredim, término-para quien no conoce la palabra en hebreo-que se refiere precisamente a los ultraortodoxos. Los casamientos entre los árabes, con cientos de participantes,  son otro de los ejemplos. Y no hay que ir muy lejos para tener presente que también en la población religiosa se ha dado el fenómeno de falta de respeto a las órdenes, no sólo en casamientos y distintas aglomeraciones, sino estos últimos días, en fiestas con la participación de  cientos de personas, con motivo de la celebración de Purim. 

Aquí vemos, en una publicación en Twitter de KAN, la televisión y radio públicas de Israel, escenas de una celebración de Purim en el barrio Nahlaot de Jerusalem este domingo, sin respeto ninguno de las restricciones.

 

Y aquí, en el Mercado de las Pulgas en Tel Aviv.

 

 

Consideramos que la gravedad del fenómeno en el sector haredi, fue en muchos casos la participación abierta de los grandes rabinos, quienes como guías espirituales, deberían haber actuado de otra forma. Esto, agravado por el hecho que los políticos de los partidos ultraortodoxos, trataron continuamente de impedir la adopción de sanciones fuertes-como ser multas importantes a instituciones de estudio que funcionen en lugar de cerrar como se había ordenado, entre otros ejemplos-, socavando así el esfuerzo por un mayor respeto de las restricciones.

Aquí un ejemplo, de este domingo 28 de febrero en Jerusalem.

Dentro del variado mosaico de la población israelí , resaltan las diferencias entre el sector ultraortodoxo y el resto de la población, especialmente los no religiosos.  Son distintos encares de vida, prioridades y actitudes ante elementos claves del Estado de Israel.

La pandemia dejó en evidencia de modo especialmente agudo que no se trata de meras diferencias de matices, sino –en muchos casos-de una profunda grieta. 

Como siempre, hay que cuidarse de las generalizaciones porque son injustas. Pero el problema existe. Y tras las discusiones que llevan décadas sobre el hecho que el sector haredi en su mayoría no hace el servicio militar obligatorio , que su participación en la fuerza de trabajo es mucho menor que en el resto de la población, entre otros problemas, se agregaron las serias polémicas durante la pandemia.

Para analizarlo recurrimos a una de las voces más críticas de esta situación, que viene precisamente desde adentro: Dov Halbertal.

Es experto en Jurisprudencia Hebrea (Mishpat Ivrí) y  autor de libros de Ética y Moral en el Judaísmo. Fue jefe del despacho del otrora Gran Rabino de Israel, el Rav Israel Meir Lau. Fue ordenado rabino, pero no ejerce como tal. Creció en el sionismo religioso, fue comandante de tanques en su servicio en Tzahal, pero luego pasó a ser haredí, ultraortodoxo.

Su padre era Meir Halbertal (z”l), muy querido líder de Mizraji y Hapoel Hamizraji en Uruguay y otrora Presidente de la Federación Juvenil Sionista. Dov y su hermano menor Moshe, un reconocido filósofo, nacieron en  Montevideo y cuando ambos eran pequeños, la familia se radicó en Israel. 

P: Dov, te agradezco que hayas aceptado nuevamente concederme una entrevista. Has hablado sobre estos temas en variadas tribunas en Israel, y tu mensaje es una dura condena al sector haredi, ultraortodoxo, del cual tú mismo eres parte, por lo que ha sucedido en Israel el último año.

R: El tema es muy doloroso, delicado y triste. Con tu permiso, antes de entrar de lleno en tus preguntas, quisiera decir algunas palabras. Cuando llegue el día y la historia juzgue a los haredim por lo ocurrido durante la pandemia del Coronavirus, saldremos culpables ante el tribunal de la moral divina y la justicia humana. Esto, tomando en cuenta especialmente lo grande de las expectativas de la sociedad haredi,  abocada a la educación, la moral y las mitzvot (preceptos). 

Y ya ahora, cuando miro directo a los ojos a la sociedad secular en Israel, a mis hermanos y amigos seculares, especialmente a las familias que perdieron seres queridos en la pandemia, que se entregaron también para permitir que los haredim puedan estudiar Torá, y que ahora siguen entregando su dignidad y sus recursos durante los cierres y las restricciones mientras los haredim mantienen su forma de vida, no tengo palabras. Y cuando veo a la sociedad haredi, que en lugar de tener el enorme agradecimiento que debería tener actúa como se le antoja, viola las leyes del Estado  y las instrucciones por la pandemia y así escupe en la cara de quienes en la práctica se entregan por ellos, no tengo palabras. 

P: Son palabras muy duras las tuyas Dov. Y creo que es importante recalcar que no se puede generalizar en forma absoluta. Pero es indudable que hay un problema a gran escala en cuanto a lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en el seno del sector ultraortodoxo, aunque eso por supuesto no signifique que a nivel personal nadie se cuida allí.

R: Te digo la verdad. Me cuesta entender cómo es que no estalló aún una rebelión civil contra el Primer Ministro y los haredim. Lo que yo veo aquí es una de las conspiraciones políticas más corruptas desde la creación del Estado. Netanyahu, que precisa desesperadamente el voto y apoyo de los haredim para poder mantenerse en el poder y para lograr esquivar su juicio,les deja hacer lo que quieran en esta pandemia, violar todas las leyes y restricciones. El terrible precio por esta actitud es la gran cantidad de muertos y enfermos graves.

P: ¿Por qué crees que debería haber estallado una rebelión civil?

R: Porque me pregunto  qué puede decir un israelí secular al que un policía multa por no llevar máscara, si al lado suyo hay una yeshiva repleta de cientos de alumnos, y no les hacen nada. O si hay una boda multitudinaria y no les hacen nada. ¿Qué dirá una persona secular que está largo rato atascado en un embotellamiento de tránsito por un control policial, si sabe de una sinagoga repleta de cientos de personas a las que no les hacen nada? No sé cómo no reaccionan, si todas las ciudades del sector haredi son “rojas”-de acuerdo a los porcentajes de contagios- y el porcentaje de confirmados con Coronavirus entre los haredim oscila entre el 60% en el primer cierre y 50% en los otros-aunque somos el 12% de la población-y en lugar de imponer cierre sólo en esas zonas, los imponen en todo el país. 

P: Tú me dijiste una vez que el fenómeno de la desobediencia a las instrucciones por la pandemia en el sector haredi es mucho más amplia que lo que suele pensarse. ¿Cómo resumir en qué partes del sector es producto de un tema plenamente consciente, resultado de las órdenes de los grandes rabinos?

R: Contrariamente a las mentiras y a los intentos de ocultamiento , de los que son socios entre otros los políticos haredim, los medios del sector haredi y el Primer Ministro y quienes le acompañan, la mayor parte de los haredim no respetan las instrucciones.

Te lo explicaré. El sector haredi tiene tres partes. Están las facciones extremistas (el así llamado “péleg ierushalmi”, o sea la facción de Jerusalem, los Satmar, la “edá haredít” y en cierta medida los llamados “haiersuhálmim”, o sea los jerosolimitanos) que desde el comienzo de la pandemia no respetaron absolutamente nada. 

Allí todo está abierto, las sinagogas, las instituciones, las bodas, todo. Sea por odio al estado o por otras consideraciones que detallaré luego, esa es la situación. 

La otra parte son las jasiduiot, grandes grupos de personas guiados por un rabino conocido como “admór”. Cada jasidut tiene su “admor”. Generalizando se puede decir que no respetan casi nada. Durante toda la pandemia, los “admorim”, o sea los grandes rabinos  que encabezan cada grupo llamado jasidut, llevaron a cabo los eventos llamados “tishim” – comidas luego de las plegarias- con miles de personas, en shabat y en las fiestas, y en los días de semanas sus sinagogas están abiertas todo el tiempo a sus miles de fieles.  Sus marcos de estudio están abiertos todo el tiempo. En distintas filmaciones que han circulado se podía ver los casamientos con cientos de participantes, sin ningún cuidado , en medio de los cierres y de la pandemia.

El tercer sector dentro del sector harei es el  llamado “litaí”, que intenta sí respetar las instrucciones, a su forma. Pero también aquí, sin entrar en detalles, la mayoría de las sinagogas de este sector están abiertas durante los cierres contrariamente a las instrucciones, aunque allí muchos se cuidan con tapabocas. Por orden de los rabinos, tamién los Talmudei Torá (instiutos de estudios de la Torá para niños en edad escolar) y las Yeshivot (para los mayores) están abiertos.

Estos son datos concretos de la realidad. Y con esta situación, no sorprenden los altísimos porcentajes de enfermos y contagios en el sector ultraortodoxo, de muertos y enfermos graves.

 

Entre forma de vivir y la santidad de la vida

P: Si bien está clarísimo  la importancia que el sector haredi da a la educación, lo que resulta imposible de entender es cómo se ha actuado de esa forma, según tu descripción, cuando en el Judaísmo el precepto de cuidar la vida es sagrado. ¿No es lo prioritario?

R: La sociedad haredi sabe que “pikuaj nefesh”, el cuidado de la vida, posterga cualquier otra cosa. Y todos conocemos bien la orden “venishmartem meod lenafshotejem” que llama precisamente a cuidarse sobremanera de cosas que pueden poner en peligro la vida. Y hay que preguntarse cómo puede ser que viene un “admór”, un rabino que encabeza una jasidut, o sea un gran grupo de fieles leal a él y a determinada posición ideológica dentro del judaísmo, y dice que toma en cuenta que pueden morir 200 de sus jasidim y a pesar de eso sigue al frente del grupo. A mí me resulta extremadamente difícil lidiar con esto.

P: ¿Hay alguna forma de entender algo así?

R: Aquí  hay dos puntos que aclarar. Uno es que el público haredi está muy acostumbrado a la vida en comunidad, en sociedad. De hecho, eso es su vida misma, su jornada completa. Un secular promedio puede que no se encuentre casi con gente en su vida diaria más allá de su trabajo y su familia cercana. Pero el haredi va a la sinagoga tres veces al día, se encuentra allí con decenas de personas, por un tiempo promedio de dos horas por vez. Estudia en la yeshiva en la que hay otros cientos de hombres sentados juntos, bastante apretados, estudiando juntos. Participa en “tishim” con el “admór” y otros miles de personas. Participa todos los días en clases, shiurim.  Una familia haredi promedio es de 10 personas . Hay muchos casamientos, britot (ceremonias de circuncisión), shéva brajót (las siete bendiciones, cuando las bodas), Bar Mitzva, Bat Mitzva, yortzait (el primer aniversario del fallecimiento de un judío), funerales-salvando las distancias-, todo lo que deriva del círculo de vida religiosa judía. Todo esto significa que hay encuentros diarios con numerosas personas.

Es muy difícil interrumpir súbitamente todo esto. Recordemos que en el cierre impuesto por la pandemia, no está prohibido sólo que haya aglomeraciones sino que también deben cerrarse las sinagogas y todas las instituciones. También es difícil mantener a familias con muchos hijos todo el tiempo en una casa relativamente pequeña, especialmente dado que en el sector haredi no se mira televisión y películas y no se usa toda esa tecnología moderna de comunicación.

O sea que al haredi realmente no le resulta fácil respetar todas las restricciones por el Coronavirus durante toda la pandemia. Es muy difícil arrancar de raíz esas costumbres diarias, más que nada si se trata de un período prolongado.

P: La descripción suena lógica , pero sé que para ti no es justificación.

R: Así es. Pero quisiera comentar otro punto más para entender, digamos, la otra cara de la moneda. 

El segundo punto es que el liderazgo espiritual, los rabinos y los “admorim” que encabezan las jasiduiot, temen que haya un serio daño al nivel espiritual de los jóvenes y estudiantes de yeshivot. Si no están presentes en las yeshivot y en lugar de eso están en las casas y las calles, ellos temen que eso atente contra la textura de la vida haredi y cause un daño emocional y una gran crisis espiritual.

También podríamos agregar la importancia del estudio de la Torá y la convicción que eso mismo protege al pueblo judío, así como por otro lado, la oposición intuitiva al Estado que existe a distintos niveles en el sector haredi.  

¿Y ahora qué?

P: Esa es la otra cara de la moneda, muy de fondo, que también hay que conocer. ¿Te parece que lo que ha pasado el último año obligará al liderazgo espiritual del sector haredi a hacer cierto “jeshbon nefesh”, un análisis, una instrospección de autocrítica para ver cuáles fueron sus errores?

R: Debo reiterar ante todo lo que dije antes, debemos recordar que aquí estamos lidiando con una pandemia sumamente dura que ha causado la muerte de numerosos judíos ultraortodoxos, entre ellos “admorím”, rabinos, jefes de yeshivot y muchos hombres y mujeres íntegros y de buena fe.Por lo tanto, seré duro: la sangre de todos ellos clama desde la tierra, exigiéndonos moralmente que recordemos que “pikuaj nefesh”, el cuidado de la vida por sobre todo, es un valor supremo a pesar de la dificultad y a pesar de todos los precios que hay que pagar para cuidarse.

Creo que también hay un problema de apariencias. Aunque un “admór” considere que hay que realizar bodas como siempre ¿acaso no cabe esperar que entienda que debe tomar en cuenta los sentimientos de la población en general que está sumida en serios problemas por la pandemia y los confinamientos? Eso y muchos ejemplos más. Evidentemente, ellos piensan distinto.

P: ¿Qué quisieras decirle al liderazgo del sector haredi?

R: Considero que el liderazo político haredi ha fracasado en forma colosal. A lo largo de todo el camino le han mentido al púbico y al pueblo, alegando que los haredim respetan las restricciones de la pandemia.En lugar de advertir abiertamente respecto a los peligros, de hacer todo para impedir contagios, su propio comportamiento ha alentado las violaciones de las restricciones.  Lo digo por los políticos del sector haredi y también por los intendentes, que tienen la responsabilidad pública primordial. Pero prefieren callarse y más que nada culpar a los seculares , a la Policía, y alegar que quienes los critican tienen motivaciones antisemtas. Es absolutamente increíble.

Los haredim y el Estado

P: Y de fondo está el tema que comentaste antes un poco al pasar: la actitud de los ultraortodoxos ante el Estado.

R: Exacto. La época de la pandemia es una era de fractura en las relaciones entre la religión y el Estado. No es menos que un drama. Es la primera vez en la historia del Estado de Israel que hay un choque frontal entre la religión y el Estado.

P: Bueno, choques ha habido muchos.

R: No así. Los haredim no acatan la ley-yo ya dije que considero que eso es en connivencia con el Primer Ministro- y hay que decir que también los “litaím” y los “jasidim” escuchan a sus rabinos, no a las leyes del Estado. Por eso, por primera vez el enfrentamiento entre el Estado y la Halajá, la ley religiosa judía, es dramático. Es un enfrentamiento que nos ha llevado a muchos cientos de muertos, si no más, y miles de enfermos. Ni siquiera en el tema del reclutamiento al servicio militar  hubo un choque tan frontal al intentar el Estado solucionar ese tema mediante legislación. 

En la pandemia, el Estado dijo “cerrar” y los rabinos dicen abiertamente “nosotros abrimos todo”. Esta es una evolución histórica negativa en las relaciones entre el Estado y la religión. 

 

P: ¿Cuál es la solución? ¿Hay lo que hacer?

R: Yo considero que la solución a largo plazo debe ser radical. Hay que separar la religión y el Estado. El Coronavirus ha demostrado que el Estado corrompe a la religión corrompe al Estado. El roce entre ambos cobra vidas y hace que parte del pueblo odie a la religión. Pero no creo que en los próximos tiempos se pueda concretar esta separación Desde mi punto de vista, esa separación haría que muchos seculares amen más el judaísmo porque ya no habría en manos de partidos ultraortodoxos el poder que les da estar en la política, ser parte del Parlamento.

Creo que esa sería la mejor forma de salvar las diferencias, curar las grietas entre la sociedad haredi y la sociedad israelí en general.

Ahora, lo que siento, es que ha aumentado el odio a los haredim. El status quo así no puede durar. La población israelí que no es haredi, los seculares, han entendido que lo que hay ahora es un Estado dentro del Estado de Israel. Los haredim son como una autonomía en el país. Y si esto sigue así, los seculares exigirám tener transporte público en Shabat en las ciudades no religiosas, y abrir los negocios en Shabat, alegando que si los haredim pueden ser autónomos, también ellos tienen derecho. 

P: Quisiera decirte Dov , hablando desde la posición de ciudadana que no es miembro del sector haredi, que hay muchas críticas y frustración, pero no diría que hay odio generalizado. Yo también rescato características positivas en el sector haredi, pero es indudable que cosas que han pasado durante la pandemia, son absolutamente inaceptables. 

R: Así es. Y es muy preocupante.

 

 

 

  

Ana Jerozolimski
(01 Marzo 2021 , 03:50)

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Por Bryan Acuña Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de las Américas, especializado en la temática de Oriente Medio. Fuente: wsimag.com

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