Israel

Intentando entender por qué ocurrió el horror de Meron

Por el Ing. Luis Blejer

Lo que se ve desde aquí, no se ve desde allí

 

Me llamo Luis Blejer, son ingeniero y vivo en Guilon, a media hora del Monte Meron. Llegué de Uruguay a Israel hace más de 40 años. Y en esta nota, planteo mi opinión personal, de la que estoy profundamente convencido. 

Han transcurrido varios días desde la catástrofe en el monte Meron, donde se halla la tumba de Rabi Shimon Bar-Yohai. Ahora, habiendo sido sepultados ya casi todos los muertos, hay que decir sin temor: esto es resultado de la creación de un Estado dentro del Estado. El Estado haredi (ultraortodoxo). Es un Estado con sus propias leyes, que hace caso omiso de las leyes del país dentro del cual existe, a pesar de ser parte del gobierno de ese país cuyas leyes no acepta ni respeta. Creo que no existe un absurdo así en ningún país del mundo, claro que no en un país como Israel, considerado una democracia.

¡Hay que detener esta locura!

Aclaro, por las dudas, lo que me resulta obvio. No se puede generalizar en forma absoluta. Hay entre los ciudadanos ultraortodoxos quienes actúan de otra forma. Pero en esta nota me refiero a una situación preocupante que incluye lamentablemente a una parte no pequeña de dicho sector. Y si bien las expresiones más extremistas son minoritarias, no son frenadas ni condenadas debidamente. Por eso, quiero advertir.

Dado que vivo relativamente cerca de Meron, donde ocurrió la catástrofe, junto a otros amigos, decidimos subir al monte Meron y ayudar en lo que podamos en forma voluntaria. Lo que vimos luego de la evacuación de los cuerpos, fue estremecedor. Sólo viéndolo desde adentro se puede comprender que no es que lo ocurrido haya sido una catástrofe sino que es simplemente un milagro que hayan muerto solamente 45 personas.

El lugar parece un barrio en un campamento de refugiados. Estructuras construidas ilegalmente por doquier, callejones desordenados, casas prefabricadas, construcciones de lata…y las vías de escape en caso de un accidente, bloqueadas.

Si los rabinos-sí, los rabinos,porque el público del que estamos hablando hace únicamente lo que le indican sus rabinos- hubieran dicho algunas palabras como “no vengan más, es peligroso, ya hay demasiada gente”, quizás se habría evitado el horror. Pero los activistas políticos del sector haredi se vanagloriaban de haber logrado doblegar a las autoridades (o sea al gobierno en el que son miembros)- para llevar a cabo un evento multitudinario, sin limitaciones. Claro que no lo decían en esas palabras, pero el mensaje estaba implícito. Y esto, cuando aún hay restricciones que cumplir por la pandemia, a pesar de la gran mejoría en la situación . El año pasado, recordemos, las celebraciones en el monte Meron no se llevaron a cabo precisamente por el Covid-19.

Pero la ley israelí parece que no es relevante en el Estado haredi que funciona dentro de Israel.

Junto con la mayoría del pueblo, cuando suena la sirena en Iom Hazikaron, el día recordatorio de los caídos en combate y las víctimas del terrorismo, me paro firme, con lágrimas en los ojos, sabiendo que la lucha de quienes ya no están, es lo que hizo posible que vivamos en el Estado judío. Gran parte de  la sociedad haredi no respeta este día y en sus sectores más extremistas, llegan inclusive a deshonrar los símbolos del Estado, con lo cual faltan el respeto a la memoria de los muertos en la defensa de Israel.

A ojos de los segmentos más radicales, no somos judíos siquiera. Me refiero a nosotros, la población que se levanta todas las mañanas a trabajar, que paga impuestos, cuyos hijos hacen el servicio militar obligatorio en el ejército del pueblo, de la cual salen también los policías que en manifestaciones y protestas de ciertos sectores haredim, son agredidos con gritos de “nazis”. Y esos mismos hijos, soldados en las Fuerzas de Defensa de Israel, uniformados, fueron a repartir comida y medicamentos en barrios y localidades ultraortodoxas cerradas durante la pandemia por la alta incidencia de contagios derivada en gran medida del hecho que en ese sector hicieron a menudo caso omiso de las restricciones impuestas por el gobierno del que son parte. 

Un voluntario en el lugar que fue escenario del terrible accidente (Foto: ZAKA)

 

Y la expresión más extrema de esta problemática la vimos en el monte Meron cuando fuimos a ayudar tras el terrible accidente. Con mis propios ojos vi cómo extremistas insultaban a los soldados y rehusaban aceptar su ayuda, aunque estaban allí para salvarlos. No, no todos, claro que no todos. Pero es inaceptable que esto ocurra en ninguna dimensión.

Si miramos la mitad llena del vaso, podemos consolarnos con las expresiones de solidaridad del pueblo todo, religiosos, laicos y ciudadanos no judíos, musulmanes, drusos y cristianos. Musulmanes que están respetando su mes sagrado de Ramadan, durante el que ayunan de sol a sol, enviaron alimentos y remedios, ofrecieron lugares para dormir a quienes se habían quedado en la zona, para que no profanen el Shabat en camino a sus casas ubicadas a varias horas de viaje. Judíos seculares hicieron fila en Tel Aviv para donar sangre para los heridos. Se declaró un día de duelo nacional, a pesar de que los días de duelo nacionales, no son respetados por muchos de los haredim.

El Presidente de Israel Reuven Rivlin encendiendo velas recordatorias de las víctimas, en Beit HaNasi (Foto: GPO)

 

La solidaridad a la que hacemos referencia nos inspira esperanza en que las cosas puedan ser diferentes. Se puede vivir juntos si todos se respetan mutuamente. 

Aquí  hay que hacer una profunda introspección, dado que los derechos de un sector pueden ser respetados únicamente si no se socavan por ello los derechos de otro sector.Las cosas pueden ser distintas. ¡No es demasiado tarde!

Pero se lo puede lograr únicamente si el Estado de Israel desmantela el Estado dentro del Estado del que estamos hablando. Casi de más está aclarar: no desmantelar ni atacar al sector haredi, sino garantizar que funcione como el resto de la sociedad, imponiendo la ley en forma igualitaria a todos sus ciudadanos sin distinción. También es imperioso alentar a la población ultraortodoxa a integrarse en forma plena en la vida del Estado. Recién entonces podremos manifestar esa solidaridad en su máxima expresión, en beneficio de todos, absolutamente todos los seres humanos que viven en esta tierra, en el Estado de Israel.

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