Janet Rudman

Janet Rudman

Me gusta leer y escribir. Encontré en la lectura y la escritura una forma de canalizar mi esencia. Leo con la misma pasión con la que tomo café. Me gusta escribir sobre historias mínimas. He trabajado en varios proyectos editoriales uruguayos que construían identidad judía: Kesher, TuMeser, Jai y ahora formo parte del staff de SemanariohebreoJai.

Columna de opinión

Problemas de white people

Me levanto a las siete de la mañana de  lunes a viernes, despierto a Micaela y Leticia. Les preparo el desayuno,  las ayudo a vestirse, a pesar que son tremendas grandulonas de seis  y ocho años. Escucho a Micaela que grita “Mamá”, “¿vos viste mi libro de geografía?”, Leticia se lo encuentra. Es tan ordenada  y eficiente esa niña que me produce escalofríos.  

La camioneta de la escuela las viene a buscar y yo tomo mi segundo café del día, chequeo mi celular y despierto a Jorge. Otro más que protesta por su camisa mal planchada o porque se terminó la mermelada de  ciruela. ¿A quién le puede gustar una mermelada tan ácida? Jorge se desespera  si algo falta en casa, como si tuviera el síndrome de Asperger.  Disfruta que la casa esté en perfecto orden, por supuesto sin  moverse. Mis días transcurren uno igual que el anterior, la mejor parte del día es ir al super, recorrer las góndolas como si fueran un shopping e imaginar que estoy en otra parte, en una vida paralela.

 Tengo dos hijas sanas y hermosas, un marido que trabaja y no tiene vicios. Según mi abuela, con eso alcanzaría para ser feliz. La abuela Isabel  me miraría fijo y me diría: “te mereces una cachetada,  tenes  un marido que no te pega y todavía te quejas” ¿Acaso tengo que agradecerle a Jorge por qué no mata ni a una mosca?

 Voy a morir de aburrimiento. Como dicen los yanquis, tengo  “white people problems”. Por supuesto que si viviera en una villa del conurbano y estuviera colgada de la luz, sin comida para mis hijas, no me sentiría vacía.

Ya no aguanto más el grupo de whatsapp de las mamis del colegio, los encuentros para el viaje de fin de año, la organización de la jornada de donación para el asilo de niños.

Prendo mi laptop y entro a twitter, uno de los pocos espacios disfrutables del planeta. La gente se pelea como si les fuera la vida en ello, con  la famosa grieta, todos parecen Montesco y Capuleto.  El mundo virtual tiene una gran dosis de irrealidad. Es una burbuja. Tengo amigas que chatearon meses con un tipo para verlo una vez y querer matarse.  ¿Cómo será la infidelidad virtual? ¿Para qué sirve? No es un tema que compartiría con Jorge, yo no me llevo bien con la verdad a ultranza,  lo mío es la mentira necesaria.

Suena el teléfono. Es mi hermana que vive en Montevideo, me pide que viaje en seguida porque se desmayó en la calle y está asustada. Se va a hacer un chequeo completo.  Llamo a Jorge y le digo que voy a sacar pasaje para mañana.

Llamo a mi suegra para pedirle que ayude a Jorge con las niñas Preparo la valija con una energía y una alegría muy egoísta.

En un día voy a estar en mi viejo y querido Montevideo. Ya me imagino en el Shopping de Punta Carretas, mi hermana vive en un departamento a una cuadra de la Rambla. Arreglo todo para estar dos semanas en Montevideo.

Llegan las niñas, les cuento y se ponen a llorar. Me dicen que no quieren que me vaya, es la primera vez que las voy a dejar con su papá. Siempre viajamos los cuatro juntos a todos lados. Yo les prometo que les voy a traer regalos.

Al otro día llego al puerto en un taxi y siento como si viajara al fin del mundo. Me siento liberada y feliz. Todo mi hastío se esfumó antes que el barco zarpara.

 

Janet Rudman
(29 de Septiembre de 2021 a las 19:24)

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