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Aquí tienes parte de la exposición de sobrevivientes de la Shoá uruguayos en el MUMI

(Fotos: Aaron Sosa)

La obra fue declarada de interés ministerial por parte del Ministerio de Educación y Cultura y el público podrá visi­tarla, con entrada gratuita, hasta el 9 de julio. El MUMI en Bartolomé Mitre y Piedras abre sus puertas de lunes a viernes de 10.00 a 18.00 horas, y sábados de 10.00 a 16.00 horas.

Tras mucho tiempo de arduo trabajo, en estrecha colaboración con el Centro Recordatorio del Holocausto de Uruguay , se inauguró el lunes 9 de mayo en el Museo de las Migraciones la exposición “Retratos de Sobrevivientes del Nazismo y de la Shoá”.

La iniciativa se concibió hace tiempo y fue demorada por la pandemia. El marco formal lo dio el acuerdo firmado en julio del 2020 por Federico Penino-entonces Director de la División de Artes y Ciencias del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo- y el Museo del Holocausto, representado por Rita Vinocur y Sandra Veinstein, directora y subdirectora del mismo respectivamente.

 

 

De por medio hubo contactos virtuales con el director del MUMI Luis Bergatta y una reunión presencial con él, con el artista de la muestra, el fotógrafo Aaron Sosa y la directora del Museo Rita Vinocur. Luis Bergatta visitó el Museo en más de una oportunidad. Y finalmente se concretó la exposición en la que hay 21  fotografías de los sobrevivientes que accedieron a ser fotografiados. Todas las fotos son del 2020. Lamentablemente, desde entonces varios fallecieron y no llegaron a ver la exposición que es también un homenaje a su lucha por la vida.

A continuación reproducimos una primera parte de las historias y testimonios de los sobrevivientes que aparecen en la exposición.

En la segunda entrega, incluiremos a aquellos sobreviviente que lamentablemente ya no están físicamente entre nosotros.

 

Alejandro Landman

Nació el 26 de julio de 1933 en Stanislawow, Polonia. Cuando comenzó la guerra Alejandro solo tenía 6 años; él relata que su infancia hasta ese momento había sido muy feliz. El 26 de julio de 1941, el día que cumplía 8 años, los nazis invadieron su ciudad. Sobrevivieron en el Ghetto de Stanislawow por un año, “la gente se moría de hambre y de enfermedad. Había epidemia de tifoidea y además hacía mucho frío”. 

Junto a su madre, Pepa, decidieron escapar para salvar sus vidas. Comenzó así un camino terrible en busca de un escondite.  De una gran familia solo lograron sobrevivir su madre, una hermana de su madre y un hermano de su padre. Llegó al Uruguay el 3 de julio de 1948 y en 1959 se recibió de ingeniero civil y conformó una familia con hijos y nietos.

“Yo no soy religioso, no creo en milagros; pero considero que todos los que sobrevivimos fue, primero, gracias a nuestra buena suerte, porque la buena suerte existe. Luego a la fuerza física, porque si pude resistir un frío de -30 º C congelado, es porque evidentemente tenía fuerzas. Por último, por la voluntad de sobrevivir, porque había gente que se dejaba estar, no luchaba y no lo lograba. Yo hice todo lo que hice, caminaba toda la noche, caminaba de pueblo en pueblo, porque tenía voluntad de sobrevivir, consciente o inconscientemente, pero la tenía”

 

Larissa Mogileski Inwentarz

Nació el 1 de agosto de 1932 en la ciudad de Járkov, ex Unión Soviética. Por motivos laborales sus padres se mudaron a Odesa, donde Lala -como la llamaban- tuvo una infancia feliz. A los 9 años fue diagnosticada con tos convulsa lo que significó que, junto a su madre, se mudaran, por una temporada a la casa de los abuelos paternos en Járkov. Viajaron el 22 de junio de 1941, el mismo día que los nazis invadieron la Unión Soviética. Larissa sólo volvería a Odesa, como turista, cincuenta años después.

Su padre fue llamado al frente para combatir en el Ejército Rojo. Cuando comenzaron los bombardeos, el gobierno realizó una evacuación masiva que terminó en Uzbekistán. Sola con su madre, vivió situaciones de extrema pobreza y sufrimiento. Pronto recibieron un telegrama que confirmaba la desaparición de su padre en el campo de batalla. Su última postal había llegado el 30 de julio de 1942.

El fin de la guerra la encontró junto a un padrastro a quien ella amaría como su segundo padre, Symcha Inwentarz, quien se casó con su madre. Durante dos años, recorrieron Europa recogiendo a más de 100 huérfanos judíos -gracias a la intervención del Joint- a quienes ayudaron a embarcar a la tierra prometida, lo que es actualmente el Estado de Israel. 

 

"A medida que pasa el tiempo, la felicidad va borrando el recuerdo del sufrimiento. Lo que uno no olvida nunca, es el amor que ha recibido. Lo que le pido a la vida es paz, nada más. Paz para mis hijos, mis nietos y mis bisnietos"

 

Clara Rosenkopf de Drak 

Nació en Cracovia, Polonia, en 1936. 

Era la hija única del matrimonio Helena Safier y Chaim Peterseil. Cuando comenzó la guerra, solo tenía 3 años. 

Vivió un tiempo en el Ghetto de Cracovia y a instancias de su padre, ella junto a su madre, salieron del ghetto a la zona aria con documentación falsa que les consiguió su padre. Él se quedó para no arriesgarlas, por temor a que lo reconozcan como judío. 

A su padre lo llevaron al ghetto de Lodz y dos campos polacos más, cerca de Cracovia y además estuvo tres años en el campo de concentración de Buchenwald.

Clara sobrevivió haciéndose pasar por cristiana. Ella junto a su madre salieron del ghetto una noche sin saber adónde ir. Las ayudó su aspecto físico al igual que el idioma, pues ambas hablaban polaco con naturalidad. Transitaron por varios escondites. En 1943 llegaron a una institución católica llamada YMCA. Clara sintió que su madre fue una heroína y su padre se sacrificó para salvarlas. 

Al finalizar la guerra, Clara y su madre buscaron al padre y recibieron la terrible noticia de su muerte. Finalmente, el 5 de agosto de 1948 llegaron a Uruguay cuando Clara tenía 12 años. Logró constituir una hermosa familia junto a su esposo, dos hijos y cinco nietos.

“Es hermoso ser parte de este proyecto; soy una sobreviviente y como los demás sobrevivientes, recuerdo a los seis millones de asesinados a los que nunca, nunca olvidaremos. A ellos, la humanidad siempre, siempre los tendrá presentes y jamás permitiremos que vuelva a suceder.  Gracias por hacerme sentir que el alma todavía late en todos nosotros.”

Jeannine Brunstein Rabinow 

Nació en Bélgica, en la ciudad de Bruselas, en diciembre de 1940.

Finalmente logró salir de Bélgica con su familia y escaparon a lo que supuestamente era la Francia libre, la Francia de Vichy, pero allí también estaban los nazis. Viviendo en Francia enfermó de disentería y no podían llamar a un médico por miedo a que los denunciaran, y por eso toda su vida ha tenido problemas en las vías digestivas.

Posteriormente lograron llegar al sur de Francia donde estuvieron escondidos casi un año. Cuando obtuvieron las visas para el Uruguay emprendieron un riesgoso camino para cruzar la frontera a España por Los Pirineos. La ruta fue proporcionada por contrabandistas y en la noche cruzaron a pie.  Desde España salieron en barco en 1942, con destino a Uruguay.

 

Hoy con mis 81 años y mi mamá fallecida, siento cada vez más el horror de la Shoá. A pesar de haber huido con mis padres siendo muy chica, siempre me persiguieron los fantasmas de los trenes, de los alambres de púas, de los niños arrancados de sus padres, del humo de las chimeneas...

Como dijo Elie Wiesel: “Servir a la Memoria… qué sería del hombre sin la capacidad de recordar”. Sin embargo, por desgracia, hay muchos que olvidan. Gracias a la Prof. Rita Vinocur y su equipo por los que luchan por mantener la memoria viva de estos horrores. 

Sigo citando a este autor: “Lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte.”

Gracias a Hashem (D’s) hemos llegado a este bendito Uruguay, que fue casi el único país que nos abrió las puertas y aquí pudimos tener una vida feliz, sin miedos, con estudios, trabajo y éxitos. El mundo cerró los ojos y los oídos, pero Uruguay tuvo la grandeza de alojarnos, así como más tarde contribuir a la creación del Estado de Israel. Que D’s siempre proteja a nuestro Uruguay tan noble y de tan gran corazón donde por primera vez se me permitió tener una patria. 

Gracias a la fuerza de nuestro Estado y de nuestra gente, podemos y debemos decir con orgullo:  ¡¡¡¡NUNCA MÁS!!!!

 

 

Clara Goldberger de Singer

Nació el 13 de abril de 1923, en Rumania, en Satu Mare. Cuando estalló la guerra, la familia vivía en Budapest y llegaron las medidas discriminatorias contra los judíos.

En 1940 se obligó a los hombres jóvenes judíos a realizar trabajos forzados en condiciones brutales. En marzo de 1944, Alemania invade Hungría; hasta esta fecha los judíos no habían sido deportados debido a que Hungría fue aliada del régimen nazi.

A partir de esa fecha la vida de Clara y su familia cambiaría; serían obligados a dejar su casa y a trasladarse a otra, donde vivieron junto a otras familias en un espacio muy reducido, junto a su madre y hermana. Su padre fue deportado en 1943 para realizar trabajos forzados y posteriormente sería llevado al Campo de Concentración de Sachsenhausen.

Clara junto a su hermana Olga fueron enviadas a trabajar a una fábrica de ladrillos y posteriormente fueron deportadas a Ravensbrück en octubre de 1944. El viaje en tren hasta llegar al campo, fue una experiencia aterradora; días viajando, hacinados, sin comida, sin agua. 

Clara junto a su hermana y cerca de 700 personas fueron obligadas a enfrentar una terrible marcha de la muerte, de la cual solo unos pocos lograron sobrevivir. Finalmente fueron libres en un bosque en Checoslovaquia. 

Reconstruir la vida en Europa no les fue fácil, por eso decidieron emigrar.

Clara, junto a su esposo y su hija de sólo 3 meses llegaron a Uruguay, donde conformaron una hermosa familia.

 

“Yo creo que mi destino fue tener lo que para mí es lo más importante: la familia”

Sara Filut Fiszerman de Socolovsky

Nació el 31 de octubre de 1943 en el pueblo de Prushlik y sobrevivió la Shoá milagrosamente porque los bebés judíos nacidos en Polonia en plena guerra, difícilmente podían salvarse de las garras nazis. 

Cuando los Nazis entraron a su pueblo, fueron enviados al Ghetto de Makuf. Sus padres realizaban trabajos forzados y su madre también trabajaba en una cocina. Ella tuvo que esconderla arriesgando su propia vida. Hacía todo lo posible para evitar que llorara o riera. El miedo a que mataran a la bebé era constante.

Por la falta de alimento, su padre se escapaba en las noches cuando pasaban los camiones con la basura, corría detrás de ellos, logrando romper algunas bolsas para que las mismas cayeran del camión y poder buscar algún alimento para llevarle a Sara y a su madre. 

“Debido a que pasamos varios años en esa difícil situación de huir permanentemente, hay huellas muy profundas en mi alma como la inseguridad, el malestar continuo y también el colapso nervioso que no me han permitido vivir como una persona normal”. 

“¿Cómo podría sobrevivir? No lo sé y no puedo ni imaginarlo ni recordarlo, porque cuando terminó la guerra yo tenía dos años.

Simplemente D’s fue bueno conmigo.

Mi madre era una ferviente creyente y pensaba que fue la mano de D’s la que me salvó.”

 

Catalina Gitla Hochmann de Jakter 

Nació el 4 de abril de 1934 en Polonia, en el pueblo de Brok-Ostrow cerca de Varsovia. Su familia estaba constituida por sus padres y su pequeña hermana.

En setiembre de 1939 los nazis entraron a su pueblo; ella solo tenía 5 años y los separaron de su padre, quedando con su madre y una hermanita de 6 semanas de vida.  Al día siguiente comenzaron los asesinatos, redadas e interrogatorios.

La familia de Catalina y otras fueron trasladadas a un campamento, cerca de la frontera soviética. Estando en ese campamento supieron que los soviéticos aceptaban la llegada de desplazados judíos. Fue así que la familia, sus padres, hermana, abuelos maternos y tíos deciden escapar de ese campamento, con ayuda de un amigo polaco. Lograrían huir a la zona de los Urales, a una ciudad importante donde pasaron la guerra como refugiados desde 1939 a 1945. 

La vida allí no fue fácil, vivieron en una barraca militar, en un espacio pequeño donde dormía junto a sus padres y hermana. La familia decide emigrar a Uruguay. Llegan el 28 de junio de 1947, donde los esperaba un tío materno que había llegado antes de la guerra. 

Catalina conformó una hermosa familia, con sus dos hijos, 6 nietos y varios bisnietos con los que continúa disfrutando de esta aventura que es la vida. 

Mi mensaje más grande sería para mí agradecer a la vida, agradecer al país Uruguay por cómo pude desarrollarme dignamente con lo poco que teníamos al llegar; agradecer la educación gratuita, laica y obligatoria de este país que nos permite acceder a todos a la educación.

Mi testimonio es un testimonio de trayectoria de vida desde el nacimiento hasta el día de hoy. 

Desde el principio empezó toda mi guerra interna; no importaba dónde estuviésemos, la guerra me acompañaba. Aunque vivo en Montevideo que es una bendición de D’s, la guerra siempre la tengo presente y eso es ser sobreviviente”.

Ester Grinberg de Segal

Nació el 15 de julio de 1926 en Rumania en la ciudad de Chernivtsi. Ester tenía 13 años cuando estalló la guerra; estaba estudiando en el liceo. Rumania no fue ocupada por los alemanes puesto que el gobierno era pro-nazi. Los judíos fueron enviados a Transnistria, pero a su familia no le tocó ir. Su padre estaba en Brasil porque siendo médico no le permitían ejercer su profesión en la época del Holocausto. Él, junto a otros médicos viajaron en busca de mejores oportunidades. Después de la guerra, la vida era muy difícil, había micrófonos en las casas. No se podía hablar nada; escribían lo que querían decir.

Finalmente, la familia decidió salir de Czernowitz ocupado por los rusos; llegaron a la frontera a un gran descampado. Viajaron hasta allí en un carro, tirado por bueyes. Era invierno, el frío era terrible; los revisaron, buscando a ver si escondían algo, y le pidieron que utilizara un acordeón que ella llevaba y comprobaron que sabía tocar muy bien. Ese acordeón los salvó a todos. Llega a Uruguay después de la guerra en 1946.

Estuvo 64 años casada, tiene 2 hijos, 3 nietas y 4 bisnietos.

 

"No quisiera que las próximas generaciones pasen por lo que tuve que sufrir en mis años jóvenes ¡nunca más!"

 

Prof Charlotte de Grünberg

Nació en Lieja, Bélgica.  Charlotte, su hermano y sus padres sobrevivieron a la Shoá en la clandestinidad en Francia, recorriendo gran parte del país, buscando refugio y escondiéndose junto con su hermano por más de un año en un ropero.  En su exilio vio muchos trenes pasar sin saber, al principio, cuál era el destino final de los "pasajeros", que en realidad era ser exterminados. 

Residente en Uruguay desde 1952.  Es Directora General de la Universidad ORT Uruguay, donde entre otras actividades se ocupa de la divulgación del tema Shoá en forma de cursos, películas y libros.

Protagonista central del libro "La niña que miraba los trenes partir", del Ing. Ruperto Long, que fue galardonado con el Premio Libro de Oro 2016 en la categoría Ficción de Autor Nacional y traducido a varios idiomas, relata su experiencia durante la Segunda Guerra Mundial.

Casada con el Dr. José Grünberg; tiene un hijo y tres nietos.

 

Cómo se adapta un niño a la pérdida repentina de todos sus referentes?
La agonía del miedo y la humillación permanente como único elemento estable.  Acechados en todo momento por razias de la Gestapo, los colaboracionistas locales y las denuncias.  Durante tres años recorrimos Francia buscando escapar de la "solución final".  Parte de mi familia no lo logró.
 
"Utilizo mis heridas para intentar ayudar a otros"

 

Raquel Meizels de Davidman

Nació el 24 de febrero de 1927 en un pueblo llamado Beltz en Polonia. En 1939, Beltz fue ocupada por los nazis y esto generó una gran confusión en la población. Raquel solo tenía 12 años, cuando invadieron su pueblo y su vida y la de su familia cambiaría para siempre. Decidieron escapar durante la noche, dejando atrás todos sus bienes, en busca de la salvación. Luego de un viaje muy difícil, lograron llegar a la Unión Soviética, escapando de los nazis. Allí debieron atravesar terribles sufrimientos y privaciones. La guerra llegó a su fin y Raquel junto a su familia transitaron por varios campos de refugiados por toda Europa. El resto de la familia de ambos padres fue exterminada en la Shoá. 

Finalmente consiguieron llegar a Uruguay en 1947, donde conformó una hermosa familia con Aaron Davidman -sobreviviente también- con dos hijos, nietas y bisnietos. 

 

“Que nadie más pase por lo que yo pasé y no se permita que esto vuelva a suceder” 

 

Lothar Rosenblatt

Nació en Beisefôrth, Alemania, el 26 de mayo de 1927. Lothar llegó a Uruguay a los 10 años de edad, el 16 de noviembre de 1937.  Su familia y él fueron de los primeros en llegar a Uruguay. Su padre que había leído “Mi lucha” de Hitler, tomó por ese libro la decisión de emigrar. Se lo creyó muy en serio, contrariamente a sus parientes que vivían en su zona. Y fue a Uruguay porque la familia de su madre tenía una confitería en Frankfurt, que era frecuentada por el cónsul de Uruguay, quien se puso a las órdenes, debido a la creciente ola de antisemitismo. 

Al poco tiempo y debido al creciente deterioro de la situación de los judíos, tres hermanos del padre de Lothar emigraron también, aunque dos, Betty y Max, junto con otros parientes fueron asesinados en los campos de concentración.

 Parte de la historia de los judíos en Beiseförth la documentó Julio Rosenblatt (primo segundo de Lothar) en la serie “Max y sus desafíos”, libros ilustrados que desde la mirada de un niño muestran cómo iban perdiendo derechos y cómo pasaron la Noche de los Cristales Rotos.

Que nunca más pase lo que pasó”. 

“Cuando uno tiene el convencimiento de algo, tiene que seguir el impulso, eso fue lo que nos salvó”

 

Gerardo Fraenkel

Nació en Berlín, Alemania, el 23 de septiembre de 1930. El padre de Gerardo había luchado en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial y creía que por eso nada les sucedería hasta que, representantes extranjeros de una institución judía le solicitaron a su madre que ella ayudara a obtener permisos para otras familias que necesitaban salir del país -tarea que le llevó mucho tiempo y que la puso en contacto con miembros de la Gestapo- y entendió el verdadero peligro de la situación. Cuando se enteraron de que iban a llevar a los mayores de 50 años al campo de concentración, el padre de Gerardo se escondió en la valija del auto y su madre condujo hasta la frontera con Holanda junto a Gerardo que se encontraba en el asiento trasero. Lograron que el papá de Gerardo cruzara la frontera y se encontrara con familiares.

En junio de 1940 consiguieron los pasajes para abandonar Alemania junto a su madre y su abuela. En un avión llegaron a Minsk, luego en tren hasta China, luego en un barco llamado casualmente “Montevideo” viajaron de China a Japón, donde vivió dos meses y se reencontró con el resto de su familia. Luego en barco hasta Uruguay, donde terminó quinto año de escuela y formó sus proyectos de vida.

Gerardo tiene hijos, nietos y bisnietos, y escribió el libro “Un largo camino a casa” para poder transmitirle su historia y experiencia a los más pequeños. 

“Mi padre nos esperaba en el puerto de Montevideo, en mi visión lo vi mucho más viejo. Al llegar fuimos a vivir a una pensión en 26 de Marzo y Martí. Al día siguiente, tuve mi primera caminata con mi padre; la playa me encantó. Hasta hoy cuando miro la playa puedo, por momentos, sentir la mano de mi padre como aquel día”; cita de su libro “Un largo camino a casa” Gerardo Fraenkel. 

 

Denny Adler

Nació en Breslau, Alemania, hoy Polonia,  el 4 de setiembre de 1938. Denny llegó a Uruguay dos meses después de nacer, escapando de la guerra. El papá tenía un comercio en Alemania y en varias ocasiones le colocaron carteles en su puerta para que los clientes no le compraran a él, porque era judío.  Dadas las situaciones de discriminación que sufrió su familia y antes que comenzaran a deportar a los judíos a los campos de concentración, escaparon en un barco italiano con destino a Colombia. Sin éxito el barco se dirigió a Paraguay donde tampoco pudo atracar. Finalmente fue Uruguay quien los recibió y les permitió el ingreso, con la condición que se dedicaran a trabajar en la tierra y fue así, que su familia se instaló en Paso de los Toros para concurrir a una Escuela Agraria, “Agrarschule” como él recuerda. 

 

“Que las próximas generaciones no se olviden de dónde vienen y que valoren su identidad” 

 

 Ilse Simons de Lowenthal 

Nació en Eltville, Alemania, el 10 diciembre de 1925. El padre de Ilse era el único empleado judío de una empresa muy grande en Eltville, un pequeño pueblo de Alemania. Fue despedido por ser judío y tras no encontrar trabajo por la discriminación, se mudaron a Frankfrut en 1935. Ambos padres trabajaron como personal de servicio doméstico para ahorrar el dinero para los 4 pasajes y la Visa para emigrar a Uruguay. 

Uruguay fue el destino ya que la tía materna de Ilse ya vivía aquí. Llegaron ambos padres, Ilse y su hermana a nuestro país en julio del año 1937 y abrieron una rotisería donde Ilse con 11 años ayudaba a sus padres a comunicarse en español con los proveedores y compradores. 

 

“Agradecimiento a Uruguay por dejarnos venir y formar nuestra vida aquí” 

 

Valeria Wollstein de Cohn

Nació en 1928 en un pueblo llamado Beled, Hungría, cerca de la frontera con Austria. En el pueblo vivían cerca de 80 a 100 familias judías, algunas más religiosas que otras. La primera señal de peligro, Valeria la percibió en 1938, cuando los nazis anexan Austria al Reich; una parte importante de la familia vivía allí. Tíos y primos llegaron a Beled en busca de un refugio y finalmente algunos lograron llegar a Australia y otros a Uruguay.

Hungría fue invadida por los nazis en marzo de 1944. Hasta esa fecha los judíos húngaros fueron sometidos a actos de discriminación con leyes que los segregaban y algunas acciones violentas llevadas adelante por el Partido de la Cruz Flechada, movimiento más extremo del fascismo húngaro. 

La familia de Valeria recibió en su casa cerca de 5 familias hacinadas en cuartos y compartiendo los baños. Allí estuvieron cerca de un mes y medio. Cada familia cocinaba sus alimentos, tenían un horario restringido para salir y por supuesto debían llevar la estrella de David en sus ropas.

Luego de un tiempo, las volvieron a trasladar al pueblo y todos los judíos fueron obligados a salir de sus casas para ser llevados al Ghetto de Szombathely.

Uno de los tantos destinos de Valeria y su familia fue el Campo de Concentración y exterminio Auschwitz. La llegada a Auschwitz significó la separación de la familia, Valeria junto a su hermana Eva fueron seleccionadas para el trabajo forzado. Estuvieron en Auschwitz cerca de 5 semanas. Lamentablemente los padres y el hermanito fueron asesinados en Auschwitz. En 1947, Valeria y su hermana Eva llegaron a Uruguay y comenzaron a reconstruir su vida junto a sus tías y primos.

En 1950, Valeria contrajo matrimonio con Alberto Cohn -también sobreviviente de la Shoá- con quien tuvo tres hijos, nietos y bisnietos.

"Siempre reconoceré lo que hizo Uruguay por mi hermana y por mí. Aquí encontré gente muy bien, más abierta. Este país nos acogió como seres humanos, como iguales, nos dieron una cédula de identidad y a los tres años ya pudimos votar. Nos dieron la posibilidad de trabajar, de progresar, de ser libres. De ejercer nuestra forma de ser judíos. Uruguay es el refugio de mi vida, donde me dejaron ser, crecer y lograr mis objetivos. Siempre estaré muy agradecida. Yo soy celeste.”

 

 

 

 

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