Entrevistas

El desafío de abrir la cabeza y salvar vidas

Con el neurocirujano venezolano-israelí Dr. Samuel Moscovici

El Dr. Samuel  Moscovici, que se radicó en Israel en el 2006, es uno de los destacados neurocirujanos del Hospital Universitario Hadassah de Jerusalem. 

Por sus manos –y su corazón- pasan diariamente serios desafíos. Sobre eso, y más, es esta entrevista.

P: Samuel , en tu profesión tienes el privilegio sagrado de salvar vidas, pero  me imagino que a veces no logras hacerlo. ¿Qué es lo más difícil de este trabajo? 

R: Creo que la parte más difícil son las cirugías largas y de alta complejidad, que es lo que generalmente hacemos en mi subespecialidad. Figura en la literatura que incluso en las manos más expertas hay un porcentaje no bajo de complicaciones. Es una de las cosas más difíciles con las que lidiar, porque la mayoría de las operaciones van a salir bien y los pacientes van a estar bien, pero existe un porcentaje que puede complicarse y de forma severa. Es difícil desde el punto de vista humano llevar esas complicaciones, y aunque el paciente y la familia sepan que existe el riesgo, cuando algo sale mal, cuando las cosas no andan bien por alguna razón que a veces ni siquiera podemos entender, es duro. Eso es lo más difícil del trabajo. 

 

P: Tienes operaciones programadas y cirugías de urgencia ,por ejempo a raíz de una caída o de un accidente. ¿Es simplista preguntar qué es más difícil?

R: Nosotros estamos preparados para las dos situaciones. Dependiendo de cada caso especifico va a ser más difícil una urgencia o una electiva, por ejemplo en el caso de tumores. Un paciente joven que no tiene ningún déficit neurológico y llega con un tumor problemático en un lugar muy sensible, donde tú sabes que puede salir dañado, es complicado. Es difícil meter a una persona en un quirófano cuando sabes que hay un porcentaje alto de que salga con un déficit. La persona dice “pero si estaba perfecto antes de la operación”. Es difícil aceptar que algo pase. Por otro lado, si no se opera no va a ser solo un déficit neurológico, va a llevar a la persona a la muerte. Eso es muy difícil en los casos electivos. 

P: Qué disyuntiva tan dura.

R: Así es. En los casos de emergencia, técnicamente la toma de decisiones tiene que ser mucho más rápida y cuando haces las cosas más rápido el margen de error aumenta. Muchas veces también están involucrados varios servicios, hay que hacer rápidamente una toma de decisiones en grupo, que por un lado es más complejo, porque hay más opiniones, pero por otro lado protege más al paciente, porque varias personas que piensan pueden tomar una mejor decisión. Creo que es mucho más difícil explicarle a un paciente o una familia que hace 10 o 5 minutos estaba todo bien y la vida de él y ellos cambió en milisegundos y ahora todo va a ser diferente. En el caso electivo la preparación psicológica es un poquito más larga. Aunque el dolor va a seguir siendo dolor, la aceptación de esto es un poco menos traumática. 

P: Yo te he entrevistado después de varias cirugías impresionantes que tuviste, como aquella del chico que cayó 8 pisos por donde creía que había un ascensor . O el hombre al que se le incrustó una varilla en la cabeza y lograste sacársela. ¿Hay estadísticas claras de la cantidad de casos de operaciones que terminan bien y que no?

El pequeño Yusuf, cayó 8 pisos sin haber visto que no había ascensor
Con Kamel Abdel Rahman, al que se le había incrustado una varilla en la cabeza

 

R: Es difícil, porque depende mucho de la patología, sobre todo en traumas de ese tipo, que son muy raros, no hay estadísticas porque son muy pocos los números. También es muy difícil asociarlos. Entre las operaciones de tumores que yo hago hay varios subgrupos de tumores que son muy parecidos desde el punto de vista de cómo los tratas, entonces yo hago casos de series y ahí tengo las estadísticas. Entonces cuando viene un paciente le digo “en tu caso, vas a tener un porcentaje que pasa esto…”. Pero en un trauma así dependiendo de dónde y cómo golpea todo puede cambiar.

P: Aparte imagino que el tema no es solo si el paciente muere sino cómo vive después, cómo se mide eso…

R: Claro, en trauma severo hay estadísticas. En accidentes de tránsito con edema cerebral, en casos donde un poquito se parecen más, hay estadísticas, también va a depender de cuánto o cómo llegó el paciente, cuándo lo metiste a operar, son muchos factores. 

 

Un departamento singular

P: Quisiera que nos cuentes cómo pintarías el perfil del departamento de neurocirugía en Hadassah, donde hay una conjunción entre médicos y enfermeros judíos y árabes atendiendo a pacientes judíos y árabes y a cualquiera que lo necesite. 

R: Yo he estado en Australia, en Estados Unidos y en muchos hospitales de Europa con colegas y compartiendo casos, y desde el punto de vista técnico no tenemos nada que envidiar. Hay aspectos en los que estamos al mejor nivel, desde el punto de vista de tecnología y de todo. En el sentido tecnológico y médico trabajamos con la universidad, entonces tenemos la combinación del laboratorio con la parte clínica y lo más avanzado de la tecnología. 

Desde el punto de vista social, que es algo muy interesante, para mi ya es normal, pero cuando a uno le preguntan o uno piensa en eso, el trabajo con gente árabe, musulmana, católica, judía, inmigrantes de todos lados del mundo, aquí no se siente…Lo que cuenta es que está el médico, la enfermera, el paciente, el técnico, todos trabajamos juntos, no existe una diferencia. Yo estoy acostumbrado a eso, para mí es la norma, ni pienso en eso porque es automático pero entiendo que gente que ve lo que pasa desde afuera se impresiona 

Con algunas enfermeras del servicio

 

P: Más que nada sabiendo que de fondo hay un conflicto. Dentro de los hospitales  nadie duda si atender a alguien de otra religión por eso, pero el conflicto es un hecho. En la parte médica todos reciben el mismo trato sagrado, ¿no?

R: Sí, uno puede dar mil ejemplos que uno ni siquiera los piensa. El día de los caídos trabajé todo el día en un caso de emergencia, era un paciente de procedencia musulmana, en ningún momento uno piensa quién es o quién no es, qué día es o qué día no es, son cosas que no existen cuando uno atiende. No entran en el pensamiento, y aunque haya un conflicto, en el hospital no lo hay. Creo que es muy simple la regla: el que trabaja en el hospital trabaja en pro de la salud de la persona que llega a recibir atención. Es una fórmula muy simple, la convivencia es muy tranquila. Ahora que pasó Ramadán, las personas que están en ayuno salen y los que no están ayunando porque no cumplen con el Ramadán los cubren durante esas horas; cuando hay fiestas de los musulmanes ves que hay más judíos trabajando y cuando son las fiestas de los judíos hay más musulmanes… Está todo ese intercambio, cada uno entiende y creo que funciona muy bien. 

P: Hay varios latinoamericanos en el departamento, ¿verdad?

R: Sí,  nuestro departamento se caracteriza por múltiples nacionalidades y religiones. Hoy en día tenemos gente de Ecuador, México, Argentina, República Dominicana, Guatemala, Panamá; tres de nuestros médicos son árabes musulmanes, uno es católico y el resto son judíos. Yo soy israelí pero la mayoría vienen a prepararse y se vuelven a su país. 

P: ¿Y sientes que los que vienen de afuera, también con su idiosincrasia, realmente pueden aportar algo, que se puede aprender de todos?

R: Si, seguro. Todos aportan, cada uno pone algo y eso enriquece no solo la medicina sino también el ambiente social, para los pacientes, todo. El multiculturalismo enriquece al servicio, a los pacientes, a la medicina y todo. 

 

 

 

Idiosincracias

P: ¿Ves diferencias, por cuestiones culturales, en el manejo de la relación con las familias? Imagino que tenés que poner al tanto y estar presente, ¿cambia mucho cómo es con judíos laicos, judíos religiosos, musulmanes? ¿La cultura incide mucho?

R: Aquí tienes 20 personas de la familia, todos son familia, primos, vecinos, hermanos. Si vas para Alemania a un hospital, va el paciente solo y de repente uno de la familia a los cinco minutos pregunta. En Australia le dices al paciente “tenemos que hacer esto y esto”, “muchas gracias, doctor, suerte”. Aquí no, como Medio Oriente. 

 

P: Acá te discute también la familia, ¿no?

R: Claro, claro. 

P: Me imagino que es un desafío lidiar con ese aspecto de la sociedad israelí, con una idiosincracia especial en la que todos saben todo más que los demás y no respetan el horario de visitas….pero por otro lado hay una parte positiva de cercanía y cordialidad. ¿Cómo es, no solo ser médico, sino vivir en Israel?

R: No sé, ya se me olvidó cómo era en otros lugares y también pasa a ser un poco la norma. Creo que por un lado es positivo, en el sentido de que todo el mundo tiene algo que preguntar y sabe todo y quiere explicaciones. Eso te hace dar explicaciones, y a veces buscar respuestas a preguntas que tú no te formulaste. Es como cuando eres profesor y tienes estudiantes que hacen preguntas todo el día: tienes que responderles algo con bases y a veces una pregunta que ni pensaste. 

La cercanía si vienen demasiados  familiares puede ser un problema, creo que también atenta un poco contra la privacidad del paciente. Yo pienso que si estoy en terapia intensiva con un tubo medio en pañales y con 200 máquinas, no quiero que vengan a verme 30 personas de mi familia, que la última vez que los vi fue hace 10 años.

 

P: Por decirlo medio exagerado…Me imagino que eso pasa tanto entre los árabes como entre los judíos.

R: Hay de todo. 

P: Mencionamos ya el tema del conflicto…¿Has vivido momentos en los que se corta el aire con una tijera? En días de atentados o épocas tensas, ¿a veces el ambiente es pesado?

R: Yo no lo siento, creo que la gente tiene claro  que hay minorías que quieren hacer daño, y lo hacen, pero la gente sabe que las mayorías quieren que haya convivencia. Creo que esas mayorías están en el hospital también, me parece que eso no permite que eso influya en  la relación. Puede ser que sí en cada persona haya cierta tristeza por lo que pasó ese día, porque uno dice “fue mi vecino, ¿y si mañana soy yo?”, a todo el mundo le da miedo y se asusta. Pero por otro lado la mentalidad israelí en general es seguir haciendo vida normal, nadie nos va a parar, y nadie nos paró hace 74 años, ni antes de eso. Hay que seguir, y siempre puede pasar algo, simplemente hay que seguir y no dejar que la tristeza o el miedo nos controlen, sino nosotros controlarlo. Creo que eso es la mentalidad de seguir adelante. 

P: Típica de Israel.

R: Así es.

P: Muchas gracias Samuel.

R: A ti.

Ana Jerozolimski
(01 Junio 2022 , 17:46)

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