Janet Rudman

Janet Rudman

Me gusta leer y escribir. Encontré en la lectura y la escritura una forma de canalizar mi esencia. Leo con la misma pasión con la que tomo café. Me gusta escribir sobre historias mínimas. He trabajado en varios proyectos editoriales uruguayos que construían identidad judía: Kesher, TuMeser, Jai y ahora formo parte del staff de SemanariohebreoJai.

Columna de opinión

El olor a lluvia

Hace poco aprendí que el olor a tierra mojada después de la lluvia se llama petricor. Me suena a palabra inventada. Me encantan los personajes de novelas que inventan palabras como el personaje del padre de Natalia en Léxico Familiar o Chiche en Los sorrentinos de Virginia Higa que decía "catrosho" y tenía una palabra para las mujeres sin gracia. Esa novela me dio muchas ganas de comer sorrentinos con una rica salsa con tomates frescos,  como eran los que traía la  tía Marita de su chacra. Eso hará mi vida A.D., antes de estar en una dieta llamada cambio de hábitos para que suene mejor.

 Los tomates eran sabrosos y cuando maduraban, la tía hacia conservas.  Hervían los frascos para sellarlos, me quiso enseñar mil veces y nunca la escuché. Cosas de vieja, pensé. No se desaprovechada nada. Siempre me contaba que cuando llovía mucho y se echaban a perder las verduras, pasaban hambre ella y sus hermanas. Tenían una vaca para su leche y una parcela  donde cultivaban  acelgas, zapallitos, papas y boniatos. No se hablaba de la rúcula y albahaca. Lo único verde para la ensalada era la lechuga. La tía Elena era especialista en buñuelos de lechuga. La llamaban Elenita la de los buñuelos. Pensar que sigue habiendo gente en Uruguay que la berenjena  y el broccoli le parecen vegetales exóticos.

Mi familia vivía en las afueras de El Sauce, hasta que la abuela murió y se vinieron todos a Montevideo. Las tareas rurales no eran las ideales para cinco jóvenes mujeres. No tenían palabras inventadas pero si palabras en ydish que solo ellas entendían en el Sauce. Hablaban del schlmazl, el que no servía para nada. Eran la única familia judía que vino de un pueblito que era polaco, después ruso y luego ucraniano. Los pueblos en Europa fueron y vieron con las diferentes guerras. Ese no tener lugar de pertenencia y que el Uruguay te haya recibido con los brazos abiertos y amarlo con locura. Sin quejas, ni reclamos, porque aquí encontró trabajo y comida. Al envejecer, empecé a adorar Uruguay y no solo Montevideo, sino el país entero. ¿Habrá tenido que ver la edad o la pandemia?

Janet Rudman
(16 de Enero de 2023 a las 15:23)

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