En comunidad

Del Estigia al Aqueronte, o del odio al dolor.

Por Daniel Bedouny Mekhjian Keosseian

Día tras día asistimos a un sin fin de acontecimientos, imágenes en vivo, comentarios y acciones que solo muestran lo peor del ser humano. 


La realización de un Símbolo de Odio resulta doblemente grave. Primero que su realización requiere una elaboración previa y para ello necesita de fuentes ideológicas que exacerban los prejuicios racistas. No es el mero estudio académico de dichas fuentes, todo lo contrario, se recurren a ciertas partes de dichas ideologías, aquellas que les resultan útiles para reforzar sus propios prejuicios, muchas veces sin tener idea incluso que dichas ideologías podrían aplicarse sobre ellos mismos.  


En segundo lugar, la ejecución pública y elaborada de una “ performance” con tal grado de contenidos de odio se proyecta más allá de lo puntual, es en cierta forma la exposición completa de la estructura racista que le da sustento a la manifestación. Esto es lo que recibe el destinatario, un recordatorio explícito de todo lo sufrido anteriormente por sí o por sus antecesores y que además se proyecta sobre las futuras generaciones.  Por otra parte este mensaje produce una retroalimentación a la interna del grupo que lo realiza, reforzando sus creencias y prejuicios. 


La realización de estos mensajes en la marcha de 8M encontró una “cámara de resonancia” que proyecta el mismo hacia casi toda la sociedad uruguaya e incluso fuera de fronteras. 


Nosotros lo hemos vivido en carne propia cuando el pasado 23 de abril del 2022 por primera vez en la historia ya centenaria colectividad armenia, el Canciller turco realizó un Símbolo de Odio dirigido hacia los uruguayos de origen armenio, sumado a la exhibición de una gigantografía de uno de los genocidas turcos, Mustafa Kemal, auto proclamado Ataturk.


Es decir, sabemos de qué se tratan estos hechos, que aparentan ser aislados pero que es en realidad como un continuo río subterráneo que cada tanto emerge a la superficie violentamente a veces en formas simbólicas como en esta ocasión y otras materiales como ya ha sucedido en el pasado y tristemente en la región y en nuestro país también. Este río, como en la mitología, es un río de odio, el Estigia, subterráneo, que solo conduce hacia el río del dolor, el Aqueronte. 


Naturalmente que no somos ajenos a las realidades que se viven en Israel y en Palestina, no podemos dejar de denunciar la barbarie de Hamas y tampoco puedemos dejar de denunciar las terribles consecuencias que tienen los ataques del ejército israelí sobre la población civil palestina. Pero todo esto no nos debe llevar a la confusión de ideas. El problema no es nuevo, las complejidades son múltiples, no nació con el último ataque de Hamas ni terminará aún con la eventual eliminación del mismo, es más, a mi entender esta estrategia del gobierno israelí solo asegurará nuevas formas de resistencia.  


Coincido con el Sr. Roby Schindler, actual Presidente del Comité Central Israelita del Uruguay, en que este no es el Uruguay que queremos. Reivindicamos los derechos de las mujeres uruguayas, palestinas, judías, armenias, en fín reivindicamos todos los derechos para todas las mujeres, pero el camino del odio solo produce divisiones, incluso en las propias causas que se dice defender. 


Hoy muchas personas sufren el síndrome de Estigia, personas que no logran argumentar sus ideas. Sencillamente se deja arrastrar por el río, es dominado por su odio profundo, intenta diferenciarse de lo odiado. Como lo dice el profesor Psicologo Ruben Ariño de la Universidad de Bs.As. esto solo es posible superarlo con información y conocimiento.

 

 

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