En comunidad

No ven y no quieren ver

Fuente: El faro de Occidente

Por Marcelo Gerstenfeld Leibner

Gracias a una convocatoria difundida a través de redes sociales, asistí a una charla de tres disertantes sobre el dilema palestino titulado: “Silencios que ensordecen, hablemos de Palestina”, realizado este pasado 11 de abril en un salón del tercer piso de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República, en Montevideo, Uruguay.

Los tres exponentes de la charla en cuestión eran un historiador uruguayo radicado en Israel llamado Gerardo Leibner, un representante de ADUR (Asociación de Docentes Universitarios del Uruguay), que era el organismo convocante, y una representante de la llamada Coordinación Palestina-Uruguay.

Al llegar al edificio me recibieron con un panfleto que en grandes letras decía: “Sionista te estamos mirando”.

El primero en tomar la palabra fue el representante de ADUR. Sus conceptos fueron muy críticos con respecto al Estado de Israel; no solo con su gobierno, al cual no recuerdo si mencionó como tal. Pero en comparación con la disertación siguiente, de la representante de la coordinación Palestina-Uruguay, al representante de ADUR se le podría otorgar el premio “amigo de Israel”. Es que la señora tomó la palabra y arengó su diatriba antiisraelí durante aproximadamente media hora. Sin ninguna interrupción, esta mujer se dedicó a demonizar y deslegitimar al Estado de Israel a través de hechos tergiversados, comparaciones ilógicas y francas mentiras, mientras una audiencia de unas 40 personas la escuchaba y asentía con la cabeza. Para su apología y justificación del radicalismo islámico palestino, ella usó palabras grandilocuentes y muy repetidas como “apartheid”, “genocidio” “plan colonialista”, “exterminio”, “limpieza étnica”, etc., poniendo siempre a los palestinos en un rol de víctima pasiva e inocente de cualquier conflicto armado. Mencionó la famosa “nakba” pasando por alto que ese fenómeno fue producto de la invasión de siete países árabes circundantes a la pequeña nación judía, en el mismo día en que esta nacía.

Traté de no interrumpirla en toda su disertación para no ser tildado de descortés o maleducado. Mi límite fue el momento en que ella afirmó que Hamas era un gobierno en Gaza que, si bien no le gustaba porque no era lo progresista que ella aparentemente desearía (de verdad, dijo eso), era un gobierno legítimo, dado que ganó las elecciones en 2006. Fue en ese instante que yo la interrumpí para aclarar a todos los presentes que Hamás ganó elecciones parlamentarias en 2006 y que en marzo de 2007 Hamas tomó el poder por la fuerza, asesinando a sus opositores del Fatah.

Ella simplemente atinó a responder que tiene otra versión, aunque no explicó en ningún momento cuál era esa versión.

De todos modos, debí morderme la lengua más de una vez para no interrumpirla, a modo de evitar ser consecuentemente expulsado de la sala. Incluso me quedé callado esperando la reacción de alguno de los oyentes, especialmente de alguna de las mujeres allí presentes, cuando en medio de su cháchara, esta señora, muy suelta de cuerpo, afirmó que las acciones de Hamas del 7 de octubre de 2023 (o de cualquier otra fecha), estaban justificadas o amparadas en el marco de una resistencia legítima. Según su criterio, las violaciones que realizó Hamas y los abusos contra mujeres, niños y bebés están justificadas de alguna forma por su supuesta lucha, por lo cual esos actos aberrantes no debían ser considerados terrorismo.

Lamentablemente debo decir que nadie alzó la voz. Tácitamente, para esas 40 personas que se quedaron calladas, violar puede contextualizarse en el marco de una reivindicación política o territorial.

En tercer lugar, llegó el turno Gerardo Leibner, docente, escritor y activista de izquierda en Israel.

Con llamativa parsimonia el hombre también repitió algunos de los términos vertidos por la disertante que le precedió. Tuvo matices con ella, pretendiendo explicar a los oyentes que no todos los que viven en Israel son “malos”, ya que hoy hay ciudadanos de tercera generación en Israel que no tienen la culpa de lo que hicieron sus antepasados. Es curioso que Leibner no se diera cuenta –lo digo con ironía– que si esos antepasados no hubieran hecho lo que hicieron, no existiría esa “inocente” tercera generación, ni él mismo podría hoy estar viviendo y disfrutando de las mieles de una democracia que le permite, entre otras cosas, hablar pestes del país que lo albergó a él y a sus padres.

Leibner también discrepó sutilmente al afirmar que en Gaza hoy hay una guerra y un genocidio (sic) simultáneos, mientras la mujer había afirmado minutos atrás que solo había genocidio.

El Sr. Leibner también lamentó que la izquierda perdiera terreno en Israel, como si durante los gobiernos de izquierda que tuvo Israel durante el siglo pasado, hubiera habido menos beligerancia por parte de los palestinos. Lo que Leibner tampoco explicó es que ese terreno perdido por la izquierda se debió a que cuando Israel realizó concesiones (que pedía la izquierda a gritos), las consecuencias terminaron en un verdadero fracaso político y social. Según sus palabras, la liberación completa de Gaza en 2005 fue un intrincado plan previsto de antemano para que Hamas tomara el poder, algo no solo indemostrable, sino directamente inverosímil.

Era obvio que yo, como uruguayo sionista, estaba solo en esa sala, frente a 40 personas que justificaban el asesinato de sionistas en pos de una reivindicación política. Por ende, no puedo afirmar que no sentí algo de miedo. De todas maneras, cuando finalmente pude tomar la palabra, en la instancia de las preguntas del público, lo hice sin dudarlo. Tuve que hacerlo a viva voz, ya que, como era de esperarse, difícilmente me iban a dejar hablar, una vez que la concurrencia entendiera que yo estaba allí para decir cosas que no iban a querer escuchar. De todos modos, me saqué el gusto de expresar, para que todos lo oyeran, que el Sr. Gerardo Leibner, además de ser pariente mío, era un digno producto del sionismo, ya que fue el sionismo quien lo salvó a él y a su familia de las garras de la dictadura en Uruguay (siendo ellos comunistas) y no solo le dio “refugio”, sino que le brindó todas las posibilidades para prosperar como ciudadano en el Estado de Israel. Su gesto parsimonioso se desdibujó por unos instantes y trató de negar lo innegable. Luego pude rebatir, debo decir en oídos sordos, algunos de los conceptos vertidos previamente por los oradores. Por supuesto intentaron callarme varias veces. Es obvio que ese público solo fue a confirmar lo que ya creían saber bajo una posición tomada. Cuando algunos repetían que me callara, alcé más la voz para decirles que hay un nombre para los que censuran las opiniones ajenas discordantes. Sin tener que decir que eran unos “fachos”, logré mi cometido de poder seguir hablando unos segundos más. Aproveché esos momentos para tratar de que entendieran –con ejemplos concretos y con mi experiencia personal– que no se puede ni se debe demonizar a todo un colectivo social que conforma una nación. También recurrí a la empatía al decirles que si yo hubiera escuchado únicamente la sarta de disparates que dijo la coordinadora Uruguay-Palestina, yo sería tan antisemita como ellos. Sí, fui un poco irónico.

Sus gritos negando “indignados” su antisemitismo se silenciaron cuando les expliqué que el 90% de los judíos (incluso en Uruguay) eran sionistas.

En definitiva, traté de decir lo más que pude y lo hice hasta que sentí a “compañeros” levantarse de sus sillas junto a mí con gestos poco amables. Una mano en mi hombro me indicó inequívocamente que mi intervención había llegado a su fin.

Aunque se le dio la palabra al público para formular preguntas, yo no formulé ninguna y el resto de los oyentes prácticamente tampoco lo hizo. Varios se limitaron a llamar al boicot, no solo comercial sino académico, entre Uruguay e Israel.

Al terminar las dos horas que duró toda esta tertulia política projihadista, pude acercarme a mi “primo” Gerardo Leibner y le pregunté en privado si él era consciente de que le habló a una platea de sus propios enemigos, quienes clamaban por boicotearlo también a él como académico israelí. Me respondió, con la misma parsimonia con la que disertó, que sí era consciente, pero que si ellos odiaban a Israel, él no tenía la culpa.

Está bien, es cierto, el hombre no inició el incendio… solo lo está propagando.

En una suerte de palabras finales por parte de los oradores, la representante de la coordinadora Uruguay-Palestina dijo algo en lo que sí estuve 100% de acuerdo. Ella miró a todos y dijo literalmente: “¿Se dan cuenta que esta convocatoria pretendía hablar de los palestinos, pero al final estuvimos las dos horas hablando de Israel?”. ¡Gracias señora projihadista! Usted terminó demostrando lo que muchos venimos afirmando desde hace décadas, que en realidad los palestinos no les importan a nadie, si no fuera porque el Estado JUDIO es el adversario.

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